Palabra de Dios, alabanza, adoración y confianza: instrumentos para vencer la tentación

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Hoy, la liturgia nos introduce en “algo”, que se nos va a decir en la Cuaresma, pero que es necesario hacerlo presente cada día. Tú y yo, somos tentados. Jesús, también se dejó tentar, para pasar lo mismo que cada uno vivimos cada día. El Hijo de Dios no tenía pecado, María tampoco tenía pecado. Cada uno de nosotros hemos sido liberados del pecado original, pero tenemos esa tendencia a no hacer el bien, de la que vamos siendo sanados, en la medida que dejamos que la gracia entre en nuestro interior.
Jesús fue tentado. Pero venció con las mismas armas que él nos ofrece y tenemos cada uno de nosotros.
La oración de confianza en el Padre. Necesitamos tener esa relación con Dios, lo mismo que un padre tiene con su bebé. Somos eso niños que nos fiamos de Él, porque como Padre nos sostiene, y nos fortalece en la existencia. Sentirse un bebé delante de Dios, es hacer de tu vida un acto de fiat a Dios, sabiendo que en sus brazos estamos seguros. Lo mismo que un bebé se siente a gusto en los brazos de su madre, y ahí duerme seguro, porque se siente amado y libre. También, podemos tener esta experiencia en los brazos de Dios, porque sabemos que con él, tenemos la certeza de que no nos pasará nada que nos vaya alejar de él. Aunque a veces, el camino sea largo y duro, él nos lleva sobre sí, e incluso, cuando no lo sentimos cerca, viene a nosotros, y acoge ese, porqué nuestro, que se queda en su corazón. A veces nos podemos ver la respuesta, como la queremos. Una respuesta concreta y segura. Pero, a lo largo de la vida, de la jornada de cada día, podemos tener la luz que necesitamos, para iluminar esa pregunta que le hacemos a Dios. Como somos débiles y pequeños, a veces tendremos agobios, cosas que se han podido hacer mejor. Pero, con este Padre bueno, no tenemos miedo, porque él viene a nosotros, para darnos ánimo, y podamos dejar en sus brazos de Padre, eso que nos preocupa, por muy sencillo que nos parezca.
También la alabanza es un instrumento muy eficaz para vencer la tentación. Alabar es decirle a Dios que es grande, poderoso y fuerte en medio del dolor que vivo, de la angustia que experimento en mi existencia, y de la debilidad en la que me puedo encontrar. Alabar no es solo tener gestos de alabanza: levantar las manos, bailar, y cantar. Sobre todo, es levantar las manos al cielo, de donde nos vendrá la lluvia de la gracia, es bailar ante la presencia de un Dios que puede cambiar el luto en baile. Solo danzando ante Dios te sientes libre porque bailas en tu interior ante aquel que todo lo hace nuevo. Y si Dios te concede el baile como don, es una gracia, usar tu cuerpo para ofrecerle algo hermoso a Dios. Alabar es una actitud de vida. Alabar no significa que no lo vayas a pasar mal. Tener dificultad y problemas es algo propio de nuestra condición, que solo en el cielo, terminaremos con ellos. Alabar es decirle a Dios, te amo, y pongo la mirada en ti, cuando esté caído en el suelo, o no te sienta, o esté derrotado por lo que me pasa. Pero, si alabas entonces, sentirás la voz de Dios, que te dice: Ven conmigo.
Alabar es cantar. Si tienes el don de la música, y el canto, puedes dar gloria a Dios. Pero, si cantar te resulta difícil, no temas, porque puedes cantar con el corazón, unirte a la música y decirle a Dios, en tu balbuceo: Aquí estoy para bendecirte con mi vida.
De la misma manera, adorar a Dios, te ayuda a vencer al demonio, porque reconoces que tu Padre del cielo, es tu Creador, y solo Él te ha dado la vida. Te puedes postrar porque le acoges como tu Señor y tu Dios.
En este sentido, la Palabra de Dios, nos permite vencer a Satanás, el padre de la mentira. En la oración, necesitas estar muy atento, porque Dios, habla en el susurro de tu corazón. No te habla a voces o te manda un ladrillo del cielo. Es verdad, que en cada acontecimiento, él te va desvelando su voluntad para ti. Pero se hace necesario, tener el oído atento, porque en medio de la brisa, Dios viene hablarte. También, Dios se revela en la Escritura. Cuando pedimos palabra, o leemos un texto del evangelio, el Señor tiene un mensaje para salvarnos, para alentarnos y para ayudarnos a vencer al tentador. Es bueno, abrirse en verdad ante quien nos puede conocer y no nos juzga, porque confían en nosotros, ya que queremos en nuestra vida estar cerca de Dios. Solo desde esta confianza podemos ganar en libertad.
En definitiva, en la tentación, podemos vencer porque Dios está de nuestra parte, siempre. Y el demonio, es una criatura que no tiene poder. Solamente, cuando en medio del cansancio y la fatiga dejamos de mirar a Dios, el enemigo gana terreno.
Pero seamos en verdad libres, porque con Dios, tenemos la victoria asegurada. Porque él envió a su Hijo, justamente para eso. Para que acogiendo su salvación, seamos liberados del poder del mal y de la fuerza del pecado, en nosotros.
Belén Sotos Rodríguez