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El Papa ensalza el ayuno, la oración y la limosna e invita a «practicar generosamente» la penitencia

El Papa habló de la oportunidad de la Cuaresma para reconocer nuestras limitaciones y ponernos de cara a Dios.

El Papa habló de la oportunidad de la Cuaresma para reconocer nuestras limitaciones y ponernos de cara a Dios.Vatican Media

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En el rezo del Ángelus el Papa León XIV explicó las tentaciones de Jesús en el desierto y cómo Él mismo se enfrentó a “la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas”.

De este modo, señaló que con esta liturgia se invita a considerar la Cuaresma “como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible”.

Se trata – según aseguró- de permitirle “eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera”.

No es un camino sencillo y es realmente existe, por lo que advirtió del riesgo de caer en el desánimo o “de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder”. “Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos”, señaló.

Por ello, el Papa insistió en que “la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros”.

“En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, ‘nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz’”, concluyó el Papa.

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