Jueves, 28 de enero de 2021

Religión en Libertad

Bendición «Urbi et Orbi», por primera vez en la historia, desde el Aula de las Bendiciones

Bendición «Urbi et Orbi», por primera vez en la historia, desde el Aula de las Bendiciones
Bendición Urbi et Orbi de Navidad 2020, por primera vez desde el Aula de las Bendiciones, sin salir al balcón, por el coronavirus

ReL

La tradicional bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo) que los Papas suelen impartir desde el balcón central de la Basílica Vaticana se ha visto trastocada esta Navidad marcada por el coronavirus y las restricciones que no permiten a los italianos acudir a la Plaza de San Pedro.

Por eso, el Papa ha decidido impartirla, por primera vez en la historia, desde el Aula de las Bendiciones, confiando en que los medios de comunicación la introducirán en todos los hogares que lo deseen. Las campanas del Vaticano resonaron, eso sí, llevando la alegría del mensaje navideño por la ciudad.

Esta sala fue restaurada hace un año. Se encuentra sobre el pórtico de la basílica de San Pedro y desde ella los Papas pueden acceder al popular balcón desde donde suelen bendecir la ciudad y el mundo en Navidad y el domingo de Pascua, o cuando son elegidos tras un cónclave. Las autoridades vaticanas adelantan que también los rezos del ángelus del 26 y 27 de diciembre y 1, 3 y 6 de enero tendrán lugar en la biblioteca del Palacio Apostólico, mientras Italia siga sellada por la pandemia.

En su mensaje de este 25 de diciembre de 2020, el Papa ha expresado sus deseos para el mundo: fraternidad humana y paz para Oriente Medio, cese al fuego para el Cáucaso, que se detengan los conflictos armados en África y que crezca la esperanza en América y Asia. Ante tanto sufrimiento, invitó a todos a abrir el corazón para acoger al Niño Jesús que nace para todos.

El Papa recordó que Jesús nació en un establo, pero envuelto en el amor de la Virgen María y san José y al nacer en la carne, el Hijo de Dios consagró el amor familiar. Animó a las familias, especialmente a las que no pueden reunirse como acostumbraban, a "redescubrir la familia como cuna de vida y de fe; un lugar de amor que acoge, de diálogo, de perdón, de solidaridad fraterna y de alegría compartida, fuente de paz para toda la humanidad”.

En el marco de la pandemia del coronavirus, exhortó a trabajar por la fraternidad más que nunca, “una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana”.

El Papa pidió que el Niño de Belén nos ayude “a ser disponibles, generosos y solidarios, especialmente con las personas más frágiles, los enfermos y todos aquellos que en este momento se encuentran sin trabajo o en graves dificultades por las consecuencias económicas de la pandemia, así como con las mujeres que en estos meses de confinamiento han sufrido violencia doméstica”.

Como suelen hacer los Pontífices en Navidad, el Papa repasó después la situación de países especialmente dañados.

Siria, Libia, los yazidíes, Líbano y Tierra Santa

Recordó "las tensiones en todo Oriente Medio y en el Mediterráneo oriental”. Pidió que el Niño Jesús “cure nuevamente las heridas del amado pueblo de Siria”, que desde hace ya un decenio está exhausto por la guerra y sus consecuencias, agravadas aún más por la pandemia, “que lleve consuelo al pueblo iraquí y a todos los que se han comprometido en el camino de la reconciliación, especialmente a los yazidíes”, que han sido duramente golpeados en los últimos años de guerra, y “que porte paz a Libia” y permita que la nueva fase de negociaciones en curso acabe con todas las formas de hostilidad en el país.

El Papa también pidió “que los israelíes y los palestinos puedan recuperar la confianza mutua para buscar una paz justa y duradera a través del diálogo directo” y que la estrella que iluminó la noche de Navidad sirva de guía y aliento al pueblo del Líbano “para que, en las dificultades que enfrenta, con el apoyo de la Comunidad internacional no pierda la esperanza”.

La violencia en Irak, Yemen, Cáucaso y Ucrania

Y como no, en el día en que la Palabra de Dios se hace niño, el Pontífice también nos pide dirigir nuestra mirada a tantos niños que en todo el mundo, especialmente en Siria, Irak y Yemen, están pagando todavía el alto precio de la guerra: “Que sus rostros conmuevan las conciencias de las personas de buena voluntad, de modo que se puedan abordar las causas de los conflictos y se trabaje con valentía para construir un futuro de paz”.

El tercer deseo del Santo Padre es por el cese al fuego en la región el Cáucaso: “que el Hijo del Altísimo apoye el compromiso de la comunidad internacional y de los países involucrados de mantener el cese del fuego en el Alto Karabaj, como también en las regiones orientales de Ucrania, y a favorecer el diálogo como única vía que conduce a la paz y a la reconciliación”.

Los yihadistas asesinos en África: mencionó los países, no los culpables

La mirada de Francisco en esta Navidad también se dirigió hacia África, para la que pide “que el Divino Niño alivie el sufrimiento de las poblaciones de Burkina Faso, de Malí y de Níger, laceradas por una grave crisis humanitaria, en cuya base se encuentran extremismos y conflictos armados, pero también la pandemia y otros desastres naturales; que haga cesar la violencia en Etiopía, donde, a causa de los enfrentamientos, muchas personas se ven obligadas a huir; que consuele a los habitantes de la región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, víctimas de la violencia del terrorismo internacional; y aliente a los responsables de Sudán del Sur, Nigeria y Camerún a que prosigan el camino de fraternidad y diálogo que han emprendido.”

En todos los países africanos mencionados, facciones yihadistas, de Islam radical y violento, son responsables de actos de terrorismo y son los que asaltan a poblaciones civiles. Sin embargo, el Papa no especificó este elemento yihadista en su alocución. Los desastres naturales que mencionó incluyen sequías y una grave plaga de langostas, que se suman al coronavirus.

Esperanza para América y Asia

El mensaje de Navidad del Papa de este año también recuerda al continente americano, particularmente afectado por el coronavirus, para que “la Palabra eterna del Padre sea fuente de esperanza”. También para que “ayude a superar las recientes tensiones sociales en Chile y a poner fin al sufrimiento del pueblo venezolano”.

Por último, el Obispo de Roma ha pedido que el Rey de los Cielos “proteja a los pueblos azotados por los desastres naturales en el sudeste asiático, especialmente en Filipinas y Vietnam”, donde numerosas tormentas han causado inundaciones con efectos devastadores para las familias que viven en esas tierras.

Y pensando en Asia, no se ha podido olvidar del pueblo rohinyá (la minoría pobre musulmana, no reconocida, en Myanmar-Birmania): “Que Jesús, nacido pobre entre los pobres, lleve esperanza a su sufrimiento”. 

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