Jueves, 14 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

El Papa previene a las autoridades de Isla Mauricio contra la corrupción y la idolatría del dinero

ReL

Francisco en la recepción con las autoridades de Isla Mauricio y su cuerpo diplomático
Francisco en la recepción con las autoridades de Isla Mauricio y su cuerpo diplomático

La isla de Mauricio, con 1,3 millones de habitantes, es un lugar tremendamente multicultural. Durante muchos años fue colonia británica que importó población de la India, y aproximadamente la mitad de la población hoy es de religión hindú. Los católicos son unos 370.000, el 28%. El resto de la población es protestante o musulmana. La gente se comunica en francés o un criollo de origen francés, y usa el inglés para los negocios.

En el ránking de PIB per cápita de 196 países, se situa en el lugar 65; en el del Índice de Percepción de la Corrupción del sector público, en el puesto número 56 sobre 180 países. Del país han salido 170.000 emigrantes y acoge a 28.000 inmigrantes.

Este es el perfil del país a cuyas autoridades el Papa Francisco predicó este lunes hablando de migración, democracia, desarrollo económico y diálogo interreligioso. El Pontífice pidió a las personas con responsabilidad política, económica y social en el país que no sucumban “a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad”.

Un país nacido de migrantes muy diferentes

El Santo Padre recordó que uno de los pilares fundacionales de Mauricio es la migración. “Toda la historia de vuestro pueblo nació con la llegada de migrantes de diferentes horizontes y continentes, portadores de sus tradiciones, su cultura y su religión, y que aprendieron, poco a poco, a enriquecerse con la diferencia de los demás y a encontrar los medios para vivir juntos, buscando construir una hermandad preocupada por el bien común”.

“El ADN de vuestro pueblo guarda la memoria de estos movimientos migratorios que condujeron a vuestros antepasados a esta isla y que también los llevaron a abrirse a las diferencias para integrarlas y promoverlas por el bien de todos”.

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“Es por eso que os aliento, en fidelidad a vuestras raíces, a asumir el desafío de dar la bienvenida y proteger a los migrantes que vienen hoy para encontrar un trabajo y, para muchos de ellos, mejores condiciones de vida para sus familias”.

En un país democrático, combatir la corrupción

Alabó el sistema democrático del país. “Quisiera recordar la tradición democrática instaurada después de la independencia y que contribuye a hacer de la isla Mauricio un oasis de paz”. En su discurso, el Pontífice mostró su deseo de que “este estilo de vida democrático pueda ser cultivado y desarrollado, especialmente luchando contra todas las formas de discriminación”.

“Que vosotros, que estáis comprometidos en la vida política de la República de Mauricio, podáis ser un ejemplo para quienes confían en vosotros, especialmente para los jóvenes. Por vuestra actitud y disposición para luchar contra todas las formas de corrupción, que podáis manifestar la grandeza de vuestro compromiso al servicio del bien común y ser siempre dignos de la confianza que os dan vuestros conciudadanos”.

Hay crecimiento económico, pero no beneficia a todos

El desarrollo económico fue otro de los temas tratados por Francisco. Recordó que “desde su independencia, vuestro país experimentó un fuerte desarrollo económico del cual, sin duda, debemos alegrarnos, a la vez que estar atentos”.

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“En el contexto actual, a menudo parece que el crecimiento económico no siempre beneficia a todos y que incluso deja a un costado –por ciertas estrategias de su dinámica– a un cierto número de personas, especialmente a los jóvenes”. Por esa razón, “me gustaría animaros a promover una política económica orientada hacia las personas y que sepa privilegiar una mejor distribución de los ingresos, la creación de oportunidades de empleo y una promoción integral de los más pobres”.

El Papa invitó “a no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos”.

Dicha conversión no sólo trata de “evitar terribles fenómenos climáticos o grandes desastres naturales, sino que también busca promover un cambio en los estilos de vida para que el crecimiento económico realmente pueda beneficiar a todos, sin correr el riesgo de causar catástrofes ecológicas ni graves crisis sociales”.

Un país con gran diversidad religiosa

Por último, el Papa Francisco habló del diálogo interreligioso que se da en Mauricio, un país en el que conviven las diferentes confesiones cristianas con otras religiones, como el hinduismo y el islam.

El Santo Padre alabó el modo en que “las diferentes religiones, con sus respectivas identidades, trabajan mancomunadamente para contribuir a la paz social y recordar el valor trascendente de la vida contra todo tipo de reduccionismo”.

En ese contexto, reiteró “la disposición de los católicos en Mauricio de continuar participando en este diálogo fecundo que ha marcado con tanta fuerza la historia de vuestro pueblo. Gracias por vuestro testimonio”.

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El Papa oró ante los restos del beato Padre Laval, misionero fallecido en 1864

Recordando al beato padre Jacques-Désiré Laval

Antes de su alocución a las autoridades, el Papa celebró la misa en el Monumento de María Reina de la Paz y almorzó con los obispos de la Conferencia Episcopal del Océano Índico, región eclesiástica que incluye a los obispos de Comoras, Mayotte (una isla de las Comoras que pertenece a Francia), Mauricio, Reunión (también perteneciente a Francia) y Seychelles.

Antes de la misa, el Santo Padre realizó una visita privada al Santuario del beato Padre Jacques Laval, conocido como “el apóstol de los negros” porque se dedicó a la evangelización de los indígenas de Mauricio. En su visita, el Santo Padre dejó un ramo de flores delante a la tumba y realizó una oración en silencio por varios minutos.

Jacques-Désiré Laval fue un misionero francés que llegó en 1841 a la isla de Mauricio y evangelizó a los esclavos liberados. Fundó numerosos hospitales para hacer frente a las epidemias de cólera de 1854, 1857 y 1862. También fundó escuelas, construyó capillas para promover la formación espiritual y la integración social de la población. Falleció el 9 de septiembre de 1864 y fue beatificado por San Juan Pablo II el 29 de abril de 1979.

“Sabía que evangelizar suponía hacerse todo para todos. Aprendió el idioma de los esclavos recientemente liberados y les anunció de manera simple la Buena Nueva de la salvación”, explicó el Papa durante la homilía posterior.

Después de rezar por varios minutos con profunda devoción y silencio, el Santo Padre saludó a 12 enfermos y a 20 familiares de personas tóxico dependientes, quienes viven en la “Casa A” gestionada por un diácono permanente con su esposa.

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