Domingo, 01 de agosto de 2021

Religión en Libertad

La sangre de los niños no nacidos pide a Dios justicia

Escultura provida de Martin Hudacek.
«Memorial para los niños no nacidos», obra de 2010 del escultor checo Martin Hudacek.

por Pedro Trevijano

Opinión

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En el periódico La Rioja del 6 de abril hay un artículo titulado “Derecho a la libre elección del aborto en La Rioja”, título que recoge el contenido del artículo, que ha sido suscrito por varios componentes de Marea Blanca Rioja.

En el artículo podemos leer lo que pongo entre comillas y que luego voy comentando párrafo a párrafo.

“La reivindicación en los derechos sexuales y reproductivos, y en concreto el derecho a decidir de las mujeres sobre sus cuerpos, particularmente la libre elección en torno al aborto, es un fenómeno crucial e histórico en la lucha feminista. No podemos dejar de ser conscientes de que la opresión se ejerce en y a través de nuestras relaciones más íntimas, empezando por la más íntima de todas: la relación con el propio cuerpo”.

Contesto: en Derecho me enseñaron que los derechos de uno terminan cuando empiezan los derechos de los demás. Ahora bien, como afirma incluso la Ley del Aborto, la vida prenatal es un bien jurídico merecedor de protección, pero lo subordina al presunto derecho de la madre a la maternidad libremente decidida, lo que no deja de ser una falacia, porque el bebé no nacido es ya un ser humano, no como el disparate que dijo la propulsora de la Ley, la entonces ministro Bibiana Aído, que declaró que el concebido era un ser vivo, pero no un ser humano. Una mujer embarazada puede decidir si matar o no a su bebé, que por supuesto, como hoy científicamente ya no puede discutirse, es un ser humano distinto de ella, es decir, puede decidir si es madre de un hijo vivo o de un hijo muerto, porque madre ya lo es.

“La autonomía reproductiva es parte esencial de la promesa de dignidad humana, autodeterminación e igualdad, reconocida tanto en la Declaración Universal de Derechos Humanos como por diferentes organismos internacionales: Organización Mundial de la Salud o el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas”.

Contesto: La Declaración Universal de Derechos Humanos dice en su artículo 3 que “todo individuo tiene derecho a la vida”, lo que ciertamente no es apoyar al aborto. El que es un derecho humano fundamental es el derecho a la vida, no el derecho a abortar, que es simplemente matar a otro ser humano. La Declaración de Derechos del Niño, aprobada por la ONU el 20 de Noviembre de 1959, dice en su preámbulo, que el niño “tiene necesidad de una particular protección y de cuidados especiales incluida una adecuada protección jurídica, sea antes que después del nacimiento”. Y es que si no estoy vivo no necesito para nada los demás derechos.

“Para que una interrupción voluntaria del embarazo sea una interrupción libre y segura, y que no afecte de manera traumática sobre la salud de las mujeres, poder hacerlo en los tiempos establecidos es un derecho fundamental y así lo ampara la Ley”.

Contesto: El aborto no es interrupción provisional, sino algo definitivo, siendo preciso que las mujeres que decidan abortar conozcan las bastante probables secuelas psicológicas de tal acto y en particular del cuadro psicopatológico conocido como el síndrome postaborto (cuadro depresivo, sentimiento de culpa, pesadillas recurrentes, alteraciones de conducta, pérdida de autoestima, etc.) y sobre el que podemos testificar tantísimos médicos y sacerdotes, a quienes nos toca intentar rehacer a esas personas que nos llegan destrozadas.

“La decisión de tener hijos/as y cuándo tenerlos es un derecho fundamental que constituye uno de los asuntos más íntimos y personales que las mujeres afrontan a lo largo de sus vidas e integra un ámbito esencial de la autodeterminación individual”.

Contesto: La Iglesia defiende la vida, por lo que para ella el aborto es un crimen horrible (cf. Gaudium et Spes 51). En el encuentro en La Habana en el 2016 entre el Papa Francisco y el Patriarca ortodoxo Kiril de Moscú firmaron una declaración conjunta cuyo número 21 decía: “Hacemos un llamamiento a todos para respetar el derecho inalienable a la vida. Unos millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz. La sangre de los niños no nacidos pide a gritos a Dios que haga justicia (Génesis 4, 10)”.

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