Lunes, 26 de febrero de 2024

Religión en Libertad

Pornografía y violencia

Manos manejando un teléfono móvil.
Los dispositivos móviles conectados son una puerta abierta para la adicción a la pornografía o, incluso si no hay adicción, para su efecto devastador sobre la concepción de las relaciones humanas. Foto (contextual): Gilles Lambert / Unsplash.

por Rafael Sánchez Saus

Opinión

"La pornografía es altamente adictiva. Sigue el patrón de todas las adicciones, que es compulsión. [...] (El adicto) tiene que aumentar la dosis y ver cosas que inicialmente le podían parecer aberrantes, asquerosas, repulsivas y luego le parecen normales. Al final, el 90% de los contenidos son agresivos, violentos contra la mujer y se normaliza en el cerebro que este es el modo de tratar a una chica".

Esto dice, en una entrevista en El DebateMiguel Ángel Martínez González, catedrático de Salud Pública en Navarra y Harvard. Rara avis, se atreve a decir lo que muchos saben pero prefieren callar: la responsabilidad de la pornografía en fenómenos tan preocupantes como la extensión de las enfermedades venéreas, el acoso y los delitos sexuales de toda laya, las patologías psiquiátricas o el auge de la pederastia. Porque "el gran educador en todos estos temas de las relaciones románticas, de la afectividad, de la pareja, no son los padres, desgraciadamente no son los profesores, no es el Ministerio de Sanidad ni el Ministerio de Educación, sino que es la gran corporación de pornografía online que está educando a toda una generación".

Sin entrar en consideraciones morales que no resultarían ni mucho menos inoportunas, es innegable que la quintaesencia del tipo de pornografía que hoy se ha convertido en clave de la educación sexual y sentimental es la cosificación del otro. Esa cosificación no sabe de hombre o mujer, ambos son sus víctimas, pero, en el trato de cosa a cosa, a la postre siempre acabará perdiendo la más débil, la mujer, y no sólo por su menor fuerza física, también por su, en general, mayor exigencia y madurez en el amor.

Resulta muy extraño que, en la continua campaña de sensibilización sobre la llamada violencia machista, que tantos recursos consume inútilmente a juzgar por su alarmante incremento, nunca se haga mención de la pornografía como el factor de primer orden en su existencia que es: "Es importante que no se distorsione la percepción cerebral y mental de qué es el amor entre un hombre y una mujer, de qué es tener una pareja, una relación romántica fuerte, sólida, permanente y duradera".

Tal vez la gran cuestión es cómo ha podido vincularse ideológicamente el gran negocio de la pornografía con la libertad sexual que Occidente ha convertido en el centro de su estilo de vida. Eso basta, al parecer, para hacerla inatacable.

Publicado en Diario de Sevilla.

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