Viernes, 24 de mayo de 2019

Religión en Libertad

Tras la carta de los 13 cardenales al Papa


Al salir a la luz la carta de los trece cardenales se ha devuelto, de facto, a los padres sinodales una posibilidad más concreta de gobernar en primera persona el método y los resultados de esta cumbre decisiva de la Iglesia mundial.

por Sandro Magister

Opinión

Hace dos días, el servicio publicado en la red a primera hora de la mañana por www.chiesa ha estallado como una bomba dentro y fuera del recinto del sínodo sobre la familia.

En las horas siguientes, cuatro de los trece cardenales indicados en el servicio como firmantes de la carta han negado haberla suscrita. En orden son los cardenales Angelo Scola, André Vingt-Trois, Mauro Piacenza y Péter Erdõ.

Pero por la tarde, dos cardenales de primer plano, ambos presentes en la lista de www.chiesa, han dicho que, efectivamente, habían firmado una carta dirigida al Papa Francisco.

El primero ha sido el cardenal australiano George Pell, prefecto en el Vaticano de la secretaría para la economía, indicado como la persona que habría entregado personalmente la carta al Papa. Y lo ha hecho con un comunicado en el National Catholic Register.

En el comunicado, Pell dice que "parece que hay errores tanto en el contenido [de la carta] como en la lista de los firmantes".

Pero vuelve a insistir sobre dos de las "preocupaciones" confiadas a la atención del Papa en la carta publicada por www.chiesa.

La primera a propósito de aquellos -una "minoría"- que en el sínodo "quieren cambiar las enseñanzas de la Iglesia sobre las debidas disposiciones necesarias para recibir la comunión" cuando, en cambio, "no existe una posibilidad de cambio de la doctrina".

La segunda sobre "la composición del comité de redacción de la ´Relatio finalis´ y la metodología con la que será presentada a los padres sinodales y sometida a votación".

También en su intervención en el aula, al final de la tarde del lunes 5 de octubre, Pell había dado voz a éstas y a las otras "preocupaciones" explicadas en la carta, en especial en lo que atañe al Instrumentum laboris, considerado como fundamento de la discusión, y a la naturaleza de la Relatio finalis.

A la mañana siguiente, martes 6 de octubre, tanto Francisco como el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sinodo, intervinieron al inicio de los trabajos en el aula para replicar punto por punto -y en sustancia negativamente- las cuestiones planteadas por la carta.

Después de Pell, en la tarde del lunes 12 de octubre, el otro cardenal que ha intervenido para confirmar que ha firmado una carta dirigida al Papa ha sido el arzobispo de Durban, en Sudáfrica, Wilfrid Fox Napier, uno de los cuatro presidentes delegados del sínodo, en una entrevista a John Allen, Michael O´Loughlin e Inés San Martín en Crux, el portal de información sobre la Iglesia del Boston Globe.

Napier ha dicho que la carta que él había firmado era "diferente" a la publicada y concernía específicamente la comisión de diez miembros nombrada por el Papa para la elaboración de la relación final.

Pero en el resto de la entrevista ha hecho suyas, con impresionante franqueza, precisamente todas esas "preocupaciones" de muchos padres sinodales y de las que la carta publicada en www.chiesa era portadora.

Publicamos a continuación la información de "Crux" sobre las palabras del cardenal, incluida una corrección que él ha hecho introducir sucesivamente, evidenciada en mayúsculas:

* * *

Napier cree que algunas de las críticas tienen fundamento.

Entre otras cosas, él contesta la composición del comité de diez miembros para la redacción de la relación final.

"Yo estoy verdaderamente de acuerdo" con las preocupaciones sobre "la elección de las personas que redactan el documento final", ha dicho Napier, añadiendo que él en realidad NO contesta "el derecho del Papa Francisco de elegir esto".

También ha dicho que "para tener una expresión equa de los intereses del sínodo, [como por ejemplo] sobre lo que la Iglesia en África de verdad desearía ver que sucediera", deberían ser elegidas personas distintas.

"Nosotros no desearíamos ver, en ese comité, el mismo tipo de personas que ya estaban allí la vez anterior y que tanto dolor nos causaron", ha dicho, refiriéndose a la controvertida relación intermedia del sínodo de 2014, que parecía abrazar una línea progresista sobre algunas cuestiones objeto de debate.

Napier ha expresado también su preocupación por el hecho de que el documento preparatorio del sínodo, conocido como “Instrumentum laboris”, pueda tener demasiada influencia sobre el resultado final, en lugar de que lo tenga el contenido real de los trabajos del sínodo.

"Es como si el texto fundamental siguiera siendo el ´´Instrumentum laboris´, no el que surja como resultado de las discusiones del grupo, es decir, las preocupaciones que deben ser presentadas como propuestas para el documento final que hay que entregar al Papa", ha dicho.

Napier ha dicho que la avalancha de peticiones por parte de los medios de comunicación sobre la metodología sinodal refleja las preocupaciones reales dentro del aula.

"La incertidumbre está bastante generalizada; si no fuera así, todos vosotros no plantearíais las mismas preguntas", ha dicho.

Napier ha dicho que ni siquiera los participantes en el sínodo tienen claro qué forma tendrá el documento final del sínodo, ni lo que Francisco quiere hacer con él; lo que hace que la preocupación sobre el resultado sea legítima.

"Este tipo de incertidumbre me preocupa; ¿en qué dirección van verdaderamente los trabajos si no se sabe cuál es el objetivo?", ha dicho.

A la pregunta de si él está preocupado de que el resultado final esté ya determinado, Napier ha respondido sólo: "a esta altura, es difícil decirlo".

* * *

Así estaban las cosas la noche del lunes 12 de octubre.

Pero cuando en Roma era casi medianoche, en Nueva York estalló un segundo clamoroso scoop, esta vez en el prestigioso semanal de los jesuitas de la Gran Manzana, America, voz noble del catolicismo progresista americano en campo teológico, cultural y político.

El autor del servicio es Gerard O´Connell, el vaticanista y corresponsal desde Roma de susodicha publicación, profesional de reconocida competencia, además de marido de la periodista Elisabetta Piqué, amiga y biógrafa autorizada de Jorge Mario Bergoglio.

Los jesuitas de Nueva York, con tranquila seguridad y después de "haber sido informados por fuentes fiables", confirman ya en el título que la carta entregada al Papa el día que iniciaron los trabajos sinodales había sido efectivamente suscrita por trece cardenales, todos ellos padres sinodales, dos de los cuales de los Estados Unidos, los arzobispos de Nueva York y de Houston.

Y en el cuerpo del artículo proporcionan el listado completo de los trece cardenales, que respecto al publicado dos días antes por www.chiesa tiene cuatro nombres nuevos en lugar de los cuatro que desmintieron haber firmado.

Los cuatro nombres nuevos son los del estadounidense Daniel N. Di Nardo, el keniata John Njue, el mexicano Norberto Rivera Carrera y el italiano Elio Sgreccia.

Sin embargo, al día siguiente dos de ellos, Rivera Carrera y Sgreccia, han declarado que tampoco ellos han firmado la carta.

En consecuencia, la lista provisional de los firmantes es ahora la siguiente y corrige parcialmente la proporcionada al principio por www.chiesa.

En orden alfabético:

- Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia, Italia, teólogo, anteriormente presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia;
- Thomas C. Collins, arzobispo de Toronto, Canadá;
- Daniel N. Di Nardo, arzobispo de Galveston-Houston y vicepresidente de la conferencia episcopal de los Estados Unidos;
- Timothy M. Dolan, arzobispo de Nueva York, Estados Unidos;
- Willem J. Eijk, arzobispo de Utrecht, Holanda;
- Gerhard L. Müller, anteriormente obispo de Ratisbona, Alemania y desde 2012 prefecto de la congregación para la doctrina de la fe;
- Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban, Sudáfrica, presidente delegado del sínodo en curso como ya lo fue de la sesión precedente de octubre de 2014;
- John Njue, arzobispo de Nairobi, Kenia;
- George Pell, arzobispo emérito de Sydney, Australia y desde 2014 prefecto en el Vaticano de la secretaría para la economía;
- Robert Sarah, anteriormente arzobispo de Conakry, Guinea y desde 2014 prefecto de la congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos;
- Jorge L. Urosa Savino, arzobispo de Caracas, Venezuela.

En lo que respecta el contenido de la carta, America proporciona numerosas citas de la misma. Y todas ellas corresponden totalmente al texto publicado por www.chiesa.

De hecho, dicho texto ha sido confirmado como "auténtico", a las pocas horas del scoop de America, también por el periódico de Buenos Aires La Nación, con la firma de Elisabetta Piqué, según cuanto ha podido "saber por buenas fuentes del Vaticano".

Lo que no impide que la carta realmente entregada al Papa pueda incluir alguna variación mínima de forma, pero no de sustancia.

Porque la sustancia sigue siendo la que el comunicado del cardenal Pell, y sobre todo la entrevista del cardenal Napier, han confirmado: una difundida y creciente inquietud entre muchos padres sinodales por la insistencia en querer imponerles como base de la discusión un documento, el Instrumentum laboris, que cada día se revela más inadecuado, con el temor que éste invada con sus propias ambigüedades también la Relatio finalis, cuya redacción está en manos de una comisión nombrada toda ella desde las alturas, y en la que prevalecen de manera aplastante los innovadores.

En lugar de una Relatio finalis larga, discursiva y condicionada por el Instrumentum laboris, insidiosa y complicada cuando se pase a su votación, lo que conlleva el riesgo de tener que aprobarla o rechazarla en bloque, muchos padres sinodales preferirían, de hecho, que al final hubiera una votación punto por punto de unas propositiones concretas y claras, en las cuales confluyan de manera sencilla los resultados de la discusión en curso, como se ha hecho durante tantos sínodos en el pasado y en cierta medida también en el de 2014.

Esta inquietud ha ardido sin llama durante toda la primera semana del sínodo, incluido en quien tiene el control sobre la metodología, in primis el Papa Francisco y los dos secretarios, el general y el especial.

Pero al salir a la luz la carta de los trece cardenales -con la consiguiente polémica- se ha devuelto, de facto, a los padres sinodales una posibilidad más concreta de gobernar en primera persona el método y los resultados de esta cumbre decisiva de la Iglesia mundial.

En la rueda de prensa del martes 13 de octubre, el director de la sala de prensa vaticana Federico Lombardi ha leído una declaración a propósito de la carta de los trece cardenales, en práctica tomando acto de la misma: "Quien ha difundido esta carta días después [de su entrega al Papa] ha ocasionado un trastorno no deseado por quien la escribió… Que se puedan hacer observaciones sobre la metodología del sínodo, que es nueva, no asombra, pero una vez establecida, todos deben comprometerse a aplicarla del mejor modo posible. Algunos de los ´firmantes´ son también moderadores elegidos de los círculos menores y trabajan intensamente, y el clima general es positivo… Sigamos trabajando sin que nos confundan".

Publicado en
Chiesa.Espressonline.it.
Traducción de Helena Faccia Serrano.

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