Domingo, 26 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

No dar la fe por supuesta

Cardenal Joseph Ratzinger.
La fe ha sido uno de los temas fundamentales en la obra de Joseph Ratzinger como teólogo y como Papa.

por Carmen Castiella

Opinión

El Papa emérito es de una inteligencia y profundidad que "provocan". Me han emocionado profundamente sus respuestas a la entrevista de la revista alemana Herder Korrespondenz. Las respuestas no tienen desperdicio, pero hay una que quizás ha pasado desapercibida en los medios. Consigue condensar en muy pocas palabras la idea central de Introducción al cristianismo, que ha sido uno de los libros de mi vida. Me ayuda a capear las dudas de fe, una tentación como otras, que suelo combatir leyendo muy despacio el Credo en voz alta. También suelo pronunciar muy despacio el nombre de "Jesús", que es un sacramental y contiene su presencia. Las palabras no se las lleva el viento. Las palabras crean. Por si a alguien le sirve. Ante las dudas de fe, actos de fe. Ante las dudas de fe, no angustiarse sino humillarse. Bajar la cabeza y pedir ayuda al Cielo. Y, también, aprender a valorar la duda como lugar de encuentro con el no creyente o con el creyente que vacila. La fe no es un punto de llegada sino un punto de partida. La fe tiene mucho de desarrollo, de camino y de combate. La fe tiene mucho de desarrollo, de camino y de combate entre sombras y enigmas porque Dios no ha querido para sí la evidencia sino el claroscuro.

Transcribo las palabras de Benedicto XVI: "Ante todo, el creyente es una persona que se interroga a sí misma, una persona que debe encontrar continuamente la realidad de la fe detrás y en contra de las realidades opresivas de la vida cotidiana. En este sentido, la idea de una fuga hacia la doctrina pura me parece absolutamente irreal. Una doctrina que solo existe como una especie de reserva natural, separada del  mundo cotidiano de la fe y sus exigencias, representa en cierto modo una renuncia a la propia fe. La doctrina debe desarrollarse en y a partir de la propia fe, no junto a ella".

La cuestión de la fe como camino tiene también su historia, su genealogía, en el pensamiento de Ratzinger y en la biografía de muchos cristianos. Así lo señalaba una entrevista ya antigua de Peter Seewald en el libro Dios y el mundo: "La naturaleza de la fe no es tal que a partir de un momento determinado uno pueda decir: ya la tengo, otros no... La fe sigue siendo un camino. A lo largo de nuestra vida sigue siendo un viaje y, por tanto, la fe siempre está amenazada y en peligro. Y es saludable que de esta manera se escape al riesgo de convertirse en una ideología manipulable, al riesgo de endurecernos y hacernos incapaces de compartir la reflexión y el sufrimiento de nuestros hermanos que dudan y se cuestionan. La fe solo puede madurar en la medida en que soporta y asume en cada etapa de la existencia, la angustia y la fuerza de la incredulidad y finalmente cruza para hacerse viable de nuevo".

Creo que la fe ha sido y es el núcleo del pensamiento de Benedicto XVI. La fe que no se da nunca por supuesta, que no es punto de llegada sino de partida. La fe que no implica que el creyente tenga todo solucionado; respuesta para todo. El creyente no lo sabe ya todo sino que se pregunta cada día ante la realidad a la que le enfrenta la vida cotidiana. La fe no es una posesión adquirida y estática, sino un camino, un combate y un desarrollo, lejos de toda huida que conciba la doctrina como una "reserva natural" separada de la realidad. Si no damos la fe por supuesta, nos preocuparemos y ocuparemos de cuidarla, de combatir las dudas y también de acogerlas. El creyente y el no creyente se necesitan mutuamente.

Hoy 5 de agosto, cuando escribo estas líneas, fiesta especialísima de mi Madre del Cielo (Virgen de las Nieves y dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor), quiero terminar estas reflexiones sobre la fe con una referencia a la Virgen María. Ella, siempre discreta y escondida, es la Madre dulcísima y atenta a la que podemos acudir cuando se nos nuble la vista con las dudas de fe. Ella es la torre de marfil, inexpugnable. Pilar sólido para la fe de sus hijos. Ella vivió siempre de fe y esperó, como Abraham, contra toda esperanza. De su mano, es imposible perderse. Ella tiene un papel discreto pero central en nuestra fe.

Todos los débiles y vacilantes que abran los ojos y llenen el corazón de esperanza porque la Virgen no temió proclamar que Dios es quien levanta a los humildes y destroza a los poderosos de este mundo.  

"El Señor suele escoger a los sujetos más débiles. Ha escogido a la más débil: la Virgen, y la ha hecho su madre, la más fuerte. La ha hecho inexpugnable. Entonces todos los débiles que abran los ojos y llenen el corazón de esperanza. Con Dios se puede todo, absolutamente todo. Lo importante es que yo no me fíe de mí, me fíe de Él y me ponga en sus manos" (padre Antonio Mansilla, 7-12-01).

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