Junio, mes del Sagrado Corazón
Desafortunadamente, nuestra sociedad, henchida de orgullo, menosprecia la Palabra de Dios.

Numerosos Padres de la Iglesia han meditado, con gran fervor, sobre las llagas de Cristo.
Junio es el mes consagrado al Sagrado Corazón de Jesús. Aunque esta devoción fue revelada, plenamente, en el siglo XVII, sus raíces se hunden en los orígenes del cristianismo. Pues, en las Sagradas Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento, se encuentran constantes referencias al amor de Dios por los hombres. Así, el evangelio de San Juan relata cómo el costado de Cristo fue abierto por la lanza del soldado romano, "y al instante salió sangre y agua" (Jn 19,34). De ahí que, desde los primeros siglos, la contemplación del Corazón traspasado del Redentor —expresión suprema de la inmensa caridad que movió, a nuestro Salvador, a dar hasta la última gota de Su sangre por nuestra redención— ha ocupado un lugar central en la piedad de los fieles.
Asimismo, numerosos Padres de la Iglesia han meditado, con gran fervor, sobre las llagas de Cristo; especialmente sobre la Sagrada Llaga de Su Costado:
- San Juan Crisóstomo (347–407): "El soldado abrió su costado... del costado brotaron sangre y agua. No quisiera que pasarais por alto con ligereza los secretos de tal misterio".
- San Beda (673–735): "Uno de los soldados abrió su costado con una lanza, y al instante brotaron sangre y agua. Estos son los sacramentos mediante los cuales la Iglesia nace y se nutre en Cristo: a saber, el agua del bautismo, por la cual es lavada de sus pecados, y la sangre del cáliz del Señor, por la cual es confirmada en sus dones".
- San Buenaventura (1217-1274): "Por esto fue herido tu Corazón: para que, por la herida visible, contempláramos la herida invisible del amor".
También se distinguieron por haber promovido el culto al Corazón Sacratísimo de Jesús: Santa Gertrudis (1256), Santa Catalina de Siena (1347) y San Francisco de Sales (1567). Mas es, en el siglo XVII, cuando dicha devoción se propagó de manera excepcional gracias a San Juan Eudes (1601-1680), misionero y autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado Corazón de Jesús, celebrado, por primera vez el 20 de octubre de 1672. Asimismo, entre 1673 y 1675, Jesús descubrió a Santa Margarita María de Alacoque: "El divino Corazón en un trono de llamas, más brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior...".
Pío XI (1928) afirmó al respecto: "Quiso Jesús descubrirnos su Corazón con los emblemas de su pasión y echando de sí llamas de caridad: que mirando de una parte la malicia infinita del pecado, y, admirando de otra la infinita caridad del Redentor, más vehementemente detestásemos el pecado y más ardientemente correspondiésemos a su caridad". (1)
La importancia de dicha revelación radica, como bien señaló Pio XII, en que el Señor mostró su Corazón Sacratísimo, de modo extraordinario y singular, a fin de atraer la consideración de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor tan misericordioso de Dios al género humano. De ahí que afirmase que, no se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo que Él mismo afirmó: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por Mí" (2).
En las revelaciones a Santa Margarita, Nuestro Señor se lamentó dulcemente: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. En cambio, Yo recibo de la generalidad de los cristianos sólo ingratitud, frialdad, irreverencia, sacrilegio y desprecio hacia Mí en este Sacramento de amor. Y lo que más me duele es que son corazones a Mí consagrados."
Ese, fue el reproche de Jesús a una sociedad mayoritariamente practicante. ¿Cuál no será Su reclamo ahora que, el mes de junio ha sido secuestrado por el "Orgullo" luciferino, en cuyo nombre se promueven toda clase de perversiones? ¿Cuál no será Su queja ante el desprecio y la indiferencia de no pocos católicos preocupados más por nuestra imagen ante el mundo que por mantener nuestra fidelidad a las perennes enseñanzas de Cristo? ¿Cuál no será Su recriminación, ante las ofensas y ultrajes que sufre el Sagrado Corazón en la Eucaristía, de parte de varios católicos que han hecho, de las comuniones blasfemas, una perversa rutina?
Desafortunadamente, nuestra sociedad, henchida de orgullo, menosprecia la Palabra de Dios y rechaza abiertamente Sus enseñanzas pues las considera incompatibles con los "valores de nuestro tiempo".
De ahí que —ante los muchos peligros, la gran confusión y las graves deformaciones morales, que hace ya mucho tiempo sufre nuestra sociedad— urja recurrir al Sacratísimo Corazón de Jesús, "en quien están escondidos todos los tesoros de su sabiduría y de su ciencia" (Col 2, 3). El único en Quien, como afirmó León XIII, han de colocarse todas las esperanzas; en El han de buscar y esperar la salvación de los hombres. (3) Ya que, a pesar de nuestras miserias, iniquidades y pecados, el Sagrado Corazón de Jesús, sigue ofreciéndonos a nosotros —de quienes tanto desea ser amado— Su desbordante caridad y misericordia.
No le dejemos esperar más. Apresurémonos a reparar —mediante la oración, el ayuno, los pequeños sacrificios cotidianos, así como la confesión y comunión— las injurias, agravios y blasfemias, pero también la indiferencia y la ingratitud que tanto hieren y ultrajan al amantísimo y Sacratísimo Corazón de Jesús.
Profesemos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús —"escuela eficacísima de caridad divina— a fin de que se extienda por el mundo, su imperio y reino suavísimo: reino de verdad y de vida, reino de gracia, reino de justicia, de amor y de paz". (4)
Y, pidámosle transforme nuestro corazón de piedra en un corazón manso y humilde, como el Suyo, de tal manera que, poniendo en Sus manos toda nuestra vida y, en Su corazón el nuestro, podamos decir como Santa Margarita: "¡Señor, mi corazón es vuestro! No permitáis le ocupe cosa sino Vos que sois el galardón de mis victorias y el apoyo de mi debilidad."
(2)https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-
xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html
(3) https://www.mercaba.org/LEON%20XIII/annum-sacrum.htm (4) https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p- xii_enc_15051956_haurietis-aquas.html