Religión en Libertad

El elefante en medio de la habitación

Más allá de medidas económicas incentivadoras, hay todo un imaginario colectivo que reconstruir en torno a la familia.

Numerosos problemas sociales y económicos actuales se apaciguarían con familias fuertes. La cultura ambiente las fomentó hasta que empezó a fomentar lo contrario, y ahora se pagan las consecuencias.

Numerosos problemas sociales y económicos actuales se apaciguarían con familias fuertes. La cultura ambiente las fomentó hasta que empezó a fomentar lo contrario, y ahora se pagan las consecuencias.Ilustración comercial años 50.

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Descenso demográfico, escasez de viviendas, aumento de la delincuencia y la violencia entre los menores, agravamiento de la pobreza -especialmente entre las mujeres-, aceleración de los trastornos mentales entre los jóvenes, colapso del nivel escolar... Todas estas alarmantes constataciones que describen la situación actual de nuestro país tienen en común un mismo elemento de resolución: sin duda, no estarían en tan mal estado si Francia hubiera llevado a cabo una verdadera política familiar, destinada a fomentar la estabilidad de los hogares.

Más familias, familias más sólidas y más felices, significa una tasa de fertilidad más alta en un país, menos divorcios y, por lo tanto, menos viviendas que tener en cuenta, menos niños o adolescentes abandonados a su suerte y sin autoridad alguna, más solidaridad económica, menos jóvenes frágiles o devastados psicológicamente, más personas resilientes y bien preparadas para afrontar las dificultades... en definitiva, un país más robusto y en mejor situación

La familia: pieza clave de muchos retos sociales. El elefante en medio de la habitación.

Y, sin embargo, este paquidermo tan importante pasa bastante desapercibido en el debate público. ¿Quién habla de ello? ¿Quién se atreve a convertirlo en una prioridad programática? ¿En la piedra angular de una política? Ante la evidente gravedad de la situación, la demografía se abre paso con dificultad en el debate público. Consideramos que este retorno, aunque tímido, del interés por la demografía es motivo de alegría. Pero, ¿cómo no dar inmediatamente el siguiente paso en el razonamiento, que consiste en centrar todos nuestros esfuerzos, nuestra atención y nuestras prioridades en el apoyo a las familias?

Ante este silencio, se podría pensar que la familia es la gran olvidada de nuestro momento político, su punto ciego más clamoroso. Pero, ¿se trata realmente de negligencia y de un ángulo muerto?

Una guerra ruinosa y paradójica

Nada menos cierto. Más bien puede verse como el legado de una multitud de cobardías y la victoria de una guerra contra la familia. Una guerra librada en varios frentes por tropas a menudo poco o nada coordinadas, pero dramáticamente eficaces. Los grandes ideales modernos de "emancipación" han hecho creer que la salvación del individuo reside enteramente en su ruptura con los lazos antiguos; y el entorno de la crianza, el hogar cálido y protector, el terreno fértil para la construcción de las personas, el lugar de aprendizaje del don, del amor, de la gratuidad, de los lazos no mercantiles... la familia se ha convertido en una prisión, un determinismo que hay que borrar en la medida de lo posible.

Por su parte, todo un movimiento feminista ha emprendido una vasta labor de socavamiento de la familia, al ver en ella únicamente un terreno de opresión de las mujeres (y los niños) y de despliegue de la dominación masculina, renunciando a distinguir entre la realidad y su versión corrompida. Así pues, toda esta gente está ahora muy "emancipada", pero sobre todo muy aislada, muy atomizada, son tristes almas humanas desligadas de todo, entregadas a los apetitos del mercado, a la lógica contractual, a la crueldad de las estrategias defensivas, a las relaciones de fuerza económicas, a la soledad del mundo digital.

Es una paradoja muy extraña que los defensores de la emancipación sean a menudo también los mayores detractores del capitalismo. En su época, Chesterton ya se burlaba del feminismo que "piensa que las mujeres son libres cuando sirven a sus empleadores, pero esclavas cuando ayudan a sus maridos", o más en general de las mentes que no han sabido ver lo evidente: la familia es el primer lugar de resistencia a la mercantilización de toda la existencia humana.

A todas estas ideologías descabelladas sobre la emancipación, que desconocen por completo la naturaleza humana, se suma una particularidad de la historia de Francia: el rechazo estúpido y malicioso de todo lo que pueda tener una relación, cercana o lejana, con Vichy [capital de la Francia no ocupada durante la Segunda Guerra Mundial]. Olvidando rápidamente que la esencia del pensamiento es, entre otras cosas, hacer distinciones y deshacer confusiones, se ha identificado toda defensa de la causa de la familia con tener nostalgia del régimen de Pétain.

Hombres pequeños de mirada corta

Todo estaba entonces listo para que unos cuantos hombres de mirada cortas clavaran los últimos clavos en el ataúd de nuestra política familiar, sin ver en ello el menor problema. François Hollande y Emmanuel Macron se encargaron gustosamente de ello, con el corazón ligero y el ánimo alegre. El primero puso fin al principio de universalidad de las prestaciones familiares, haciendo que dependieran de los ingresos de los padres. Olvidando así que un país necesita incentivar también a sus élites y a las personas acomodadas para que tengan hijos, pero ¿quién se atreverá a decirlo?

Por otra parte, habría que reflexionar sobre el hecho de que muchos de nuestros dirigentes se ven envueltos en historias familiares complejas, a menudo destrozadas, o no tienen hijos (Macron [o dos primeros ministros suyos como] Gabriel Attal o Sébastien Lecornu]). Esto no es baladí. Péguy subrayaba la diferencia que separa a los hombres de gobierno de los padres de familia en su relación con el futuro. Según recuerda Chantal Delsol, "el destino de la sociedad que dirigen, a los primeros «solo les compromete la cabeza, y a algunos la gloria; como mucho, el honor, cuando lo tienen» (Péguy). Mientras que el padre de familia se compromete con el futuro de pies a cabeza, lo arriesga todo, está completamente atado al servicio del futuro". 

No es tan descabellado esperar que al frente de nuestro país haya padres o madres de familia, los verdaderos héroes de la esperanza, a años luz del ideal de éxito al que se adhiere nuestra época, basado en la capacidad de aparentar y ascender, en el éxito maquiavélico de una existencia puramente individual y desarraigada.

Más allá de medidas económicas incentivadoras, hay todo un imaginario colectivo y popular que reconstruir en torno a la familia. ¡Algo que podría mantener ocupados a los artistas de nuestro tiempo durante mucho tiempo! La Navidad llega en el momento oportuno para que todos dirijamos nuestra mirada hacia el belén y llenemos nuestras mentes con la imagen de una muy Sagrada Familia.

  • Publicado en el nº 386 (diciembre de 2025) de La Nef.
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