Hijo pródigo - ¿Cómo recuperar una vida feliz tras una aventura alocada?

Para emprender una nueva vida lo fundamental es entregarse generosamente a los demás, para huir de la idolatría del yo y de las pasiones desenfrenadas.
- Artículo final de la serie Hijo Pródigo, una Historia de una aventura peligrosa de la que han formado también parte los artículos La nueva vida del joven independizado, Una aventura arriesgada con final feliz, En marcha hacia la lejanía, La decisión de volver a casa y Cómo rehacer una vida disoluta.
VII. ¿Cómo recuperar una vida feliz tras una aventura alocada?
Si a nosotros, como cultivadores del “método lúdico-ambital”, nos pidiera el hijo pródigo, reintegrado a su casa, que lo orientáramos para lograr rehacer su vida, ¿qué le diríamos? ¿Por dónde habría de comenzar?
Podría alguien pensar que la cosa era bastante fácil. El joven ansioso de vivir independientemente, con “libertad de maniobra” absoluta, ha recobrado un hogar donde va a tener asegurada con holgura su subsistencia. Tendrá que acostumbrarse a cumplir ciertas normas familiares, pero puede muy bien llevar una vida de honrado ciudadano. Esto es cierto, pero se queda muy corto. Hay que profundizar más, para que este joven desorientado desarrolle su personalidad y sea verdaderamente feliz.
Yo no tendría duda. (En estos casos es muy importante que la persona totalmente desorientada advierta que su orientador tiene las ideas claras debido a la confianza que le inspira el método que sigue.)
No dudaría en recomendarle lo siguiente: "Súbete al nivel 2, el del encuentro y la creatividad. Haz algo que te adentre en ese nivel, y te encontrarás moviéndote por el buen camino. Sin perder un minuto, comienza a hacer algo que signifique preocuparte del prójimo generosamente, y no sólo de ti mismo, y notarás desde el primer momento que estás bien encaminado. Esta seguridad te dará ilusión y buen ánimo.
Si te decides en serio a cambiar la actitud de egoísmo por la de generosidad, verás bien pronto que se te abren caminos de recuperación, porque ese cambio supone una transfiguración que lo mejora todo. Vivirás el encuentro con otras personas, y esta experiencia te llevará a considerar la práctica de la unidad como “el ideal de tu vida”, y ya estarás inmerso en el reino de los valores. Para esto deberás realizar una segunda transfiguración, incrementando tu generosidad y creando unidad no sólo con los allegados y amigos, sino con todo el que se te avecine. Si actúas movido por un alto ideal, vivirás ilusionado y con buen ánimo.
Verás que el método te guiará. Y esperará a que en cada momento vayas tomando las medidas que deciden tu actitud.
Ahora, todo tu empeño consistirá en ser perseverante en el cultivo de los valores, y llegar a conseguir que el valor de la unidad y el amor a tus prójimos sea en ti incondicional, absolutamente generoso. De este modo entrarás en el reino de lo divino. Justamente de éste te hablan todas las restantes parábolas del Evangelio.
No lo dudemos. El encuentro y el ideal son los dos grandes quicios para restaurar una vida desquiciada. El joven vuelto a casa volverá a estructurar su vida y darle la debida consistencia. Si lo consigue, se sentirá a gusto con su padre, porque ya sabrá coordinar la libertad y la obediencia, la independencia y la solidaridad. Y será un buen ejemplo para su hermano mayor acerca de cómo se llega a la felicidad dentro del orden familiar.
Al reintegrarse en la familia y descubrir la importancia del encuentro y el papel que juega el “ideal de la unidad”, el joven volverá a valorar el concepto de relación. Este paso adelante le será fácil de dar porque el camino seguido al asumir el “método lúdico-ambital” –método que pone en juego los ámbitos– está todo él inspirado por el pensamiento relacional, vigente en los niveles 2, 3 y 4. En estos niveles, las realidades actúan de manera relacional, apelando y respondiendo. Si alguien me invita a algo, espera de mí una respuesta adecuada. Si no, su actuación queda inoperante.
Lo decisivo para rehacer una vida desquiciada es recuperar el amor a los quicios, es decir, a las normas que nos permiten ser creativos. Esas normas no se oponen a la “libertad creativa”; se complementan. Entonces la vida se llena de concordia y creatividad, y, por tanto, de ilusión. No basta que el joven descarriado haya vuelto a casa. Ha sido un primer paso, ciertamente. Ahora, desde el hogar paterno debe hallar el verdadero camino hacia la felicidad, que no consiste en la entrega al vértigo de las tendencias pasionales, sino al cultivo del éxtasis, que supone la entrega a lo valioso.
Un consejo para consolidar el futuro
Supongamos que el joven de nuestra historia toma las medidas que le he recomendado y desea afianzar su nueva vida, que se le aparece como prometedora. Entonces, le recomendaría que viviera la aventura intelectual y espiritual que relato en mi libro, de título bien expresivo: Descubrir la grandeza de la vida, cuidándose de hacer los sencillos ejercicios que propongo al lector.

Alfonso López Quintás, 'Descubrir la grandeza de la vida'.
Si lo hace y, al final, desea avanzar en esa dirección y abrirse a nuevos horizontes, todavía más altos, me permitiría recomendarle la lectura de un libro que tengo en imprenta y comienza preguntando cómo podremos devolver a Europa los valores que durante siglos la hicieron grande.
A veces me gusta acercarme a mi biblioteca y coger con la mano derecha un gran libro de un europeo, o una sublime partitura, por ejemplo la de la Novena Sinfonía de Beethoven o la de La Pasión según San Mateo de Bach, y decir “esto es Europa, mi Europa, el continente al que pertenezco y al que tanto le debo”.

'La mirada profunda y el silencio de Dios' de Alfonso López Quintás.
Y luego tomo un ejemplar de mi libro La mirada profunda y el silencio de Dios (mi libro preferido), y me pregunto si algún europeo sensible podrá un día vivir esa misma experiencia al apretar ese libro en sus manos y decir estas sencillas palabras: “Gracias por el bien que me has hecho, introduciéndome en la gran tradición europea”. Me haría feliz si eso sucediera.