Viernes, 12 de julio de 2024

Religión en Libertad

Discutiendo la ideología LGTBI

Bandera LGTBI.
El movimiento LGTBI adquiere crecientemente un carácter totalitario e impositivo, que no tolera crítica alguna a sus postulados. Foto: Stavrialena Gontzou / Unsplash.

por Miguel Ángel Irigaray Soto

Opinión

De toda la vida, ha sido el perro con la perra, el gato con la gata, el león con la leona... y el humano con la humana. No hay otra. Es de cajón. Tener que recordar lo obvio me parece una anomalía de nuestros tiempos. No tengo ni idea de si hay especies homosexuales, pero, si las hay, en ellas será normal y natural la homosexualidad, pero, en el resto, no. Que no me vengan con una Torre de Babel de la confusión y del relativismo. No todo da igual: hay un orden en las cosas creadas (un orden establecido en la Naturaleza), que, si no se respeta, supone un des-orden.

La extensión social de toda esta ideología LGTBI y pro gay es una moda relativamente reciente, de los últimos treinta o treinta y cinco años, que empezó por los 90 del siglo pasado (yo lo recuerdo bien, cómo viví con asombro los primeros ribetes). Antes, salvo el minoritario número de afectados, casi nadie, religioso o ateo, la defendía: ni siquiera Santiago Carrillo, del Partido Comunista de España, el más de izquierdas de aquellos tiempos. (Es más, el ateo comunismo ha sido históricamente gran perseguidor de la homosexualidad, por lo que nadie diga que estamos ante un tema "religioso".)

Yo no discuto la libertad de todo el mundo para hacer de su sexualidad lo que le venga en gana; lo que no se me puede pedir (y menos, del modo impositivo en que hoy se hace, faltando al respeto o violentando a quienes discrepamos) es que lo defienda como correcto, natural y bueno; ni tampoco que ponga ninguna bandera en pro de una causa que, llevada a sus últimas consecuencias, me parece del todo dañina para las personas y para la sociedad, y más cuando la queremos meter como un embudo en nuestras escuelas, atentando contra la inocencia de los niños y alentando prácticas que la ley ha tipificado históricamente como "corrupción de menores". Hay que ver hasta dónde hemos llegado.

Tampoco me pueden pedir que ponga ninguna bandera multicolor en pro de un colectivo que me parece totalitario; que falta al respeto al que discrepa de sus planteamientos sexuales; que boicotea libros y actos de quienes defienden esos planteamientos distintos a los suyos; que son violentos y han llegado a asaltar templos de mi amada Iglesia católica (porque no les gusta la postura de esta en sus temas) incluso profanando esas iglesias; que no permite la libertad de quienes, siendo homosexuales, desean voluntariamente ser acompañados o ayudados a salir de algo con lo que no están a gusto, por el motivo que sea en cada caso. (Porque cada caso será distinto. No vale decir que todos están a disgusto con su inclinación "por la presión social". Habrá que ver cada uno.)

No cuenten conmigo para que apoye las manifestaciones del "orgullo gay" tan procaces, exhibicionistas y soeces, en un espectáculo bochornoso que puede ser visto por cualquier niño. No cuenten conmigo para poner en edificios oficiales banderas que son ilegales (como lo sería poner la bandera republicana), de acuerdo con nuestra legislación actual, avalada por múltiples sentencias judiciales incumplidas por servidores públicos que han prometido o jurado guardar y hacer guardar tanto la Constitución como las leyes. No cuenten conmigo para poner ni aceptar banderas de un colectivo peligroso para la sociedad con estas actitudes intolerantes, violentas y totalitarias; que pretende imponerme e imponer a todos su antropología y su, para mí, nefasta y desordenada visión sexual, con la que defiende hacer un "totum revolutum", en el que nada es por defecto, nada es "por naturaleza", pues, en suma, arguyen que "todo es natural", incluso si te bebes veinte copas o si le robas al vecino. Ya, todo es "natural", pero no correcto ni ordenado.

Llevado el argumento hasta sus últimas consecuencias, podríamos dar por “natural, correcto y bueno” un incesto consentido por personas "adultas y responsables" (¿quién es quién para decir que son lo contrario? ¿Con qué razonamientos podríamos defender que, si les gusta, sea esta una inclinación “desviada”?); o por qué no vamos a dar por "natural, correcto y bueno" un acto de aberrante zoofilia (si hay personas que les gusta hacerlo con su animal, ¿qué tiene de malo?). Hay, por otro lado, un movimiento internacional que trata de normalizar y legalizar la pedofilia (es más, la ex vicepresidenta Irene Montero defendió no hace mucho que los niños “e les niñes” puedan tener sexo libre y consentido con quien quieran). 

Lo cierto e incuestionable es que la sexualidad y el placer sexual existen por algo: está puesto por Dios o por la Naturaleza para que sea atractiva la reproducción de las especies, la cual siempre se da, biológicamente, por la íntima comunión heterosexual, no la homosexual. Estamos en este mundo por actos heterosexuales, porque nuestros padres no fueron homosexuales. Me parece de Perogrullo. Hay, con toda claridad, una finalidad ulterior y superior en el placer por alimentarse, en el placer sexual...., de modo que lo que se ordena a ese fin superior o ulterior es, como la propia palabra indica, “ordenado”, conforme con la Naturaleza, y lo que no se ordena a ese fin es una tendencia o un comportamiento des-ordenado. 

En suma, lo dicho al principio: perro con perra, gato con gata.. y humano con humana. De toda la vida. Y de cajón. Quien no lo quiera ver, creo, opino y entiendo que le puede más la pasión, la ceguera y la visceralidad pro choice que la lógica argumentaria. Así lo expongo y no lo impongo a nadie. Que tampoco a mí nadie me insulte o menosprecie por lo que digo. Con todos mis respetos.

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