Miércoles, 24 de julio de 2024

Religión en Libertad

Una belleza incomparable, la verdad o ser testigo del Cielo en la tierra son algunas

Cinco razones inapelables para hacerse católico o volver a la fe: las da un converso que las meditó

Un hombre mirando al sol.
Si te has alejado de la fe o piensas en acercarte a ella por primera vez, son muchos los motivos por los que hacerlo: aquí tienes cinco de ellos (Foto: Margot Pandone/Unsplash).

J.M.C.

"¿Por qué empecé a formar parte de la Iglesia Católica?": es una de las reflexiones que más se plantea el converso Dennis Knapp, autor del blog The Latin Right en Patheos, especialmente desde que debate con el apologista Matt Graham. Como todo converso, hubo de hacer frente a no pocas dudas durante su proceso de acercamiento a la Iglesia y sobre todo encontrar motivos que le llevasen a tomar la decisión.

A raíz de estas reflexiones, Knapp se dirige a todos los que, como fue su propio caso, piensan que Dios existe pero no encuentran motivos para la conversión o su regreso a la fe. Ofrece cinco razones de peso:

Verdad: la única Iglesia fundada por Cristo

A la hora de plantearse formar parte de la Iglesia católica o encontrar motivos para regresar, Knapp considera como converso que una de las principales razones es "que Jesús la fundó" y que "así como Jesús es la imagen del Dios invisible, la Iglesia visible refleja el cuerpo de Cristo". La unidad de la Iglesia se vio duramente golpeada por el surgimiento de los primeros cismas y herejías, pero "estos individuos y sus creencias fueron abordados por obispos, sínodos, concilios ecuménicos y declaraciones papales". Es decir, "Jesús dio la autoridad a sus apóstoles para dirigir la Iglesia, y estos escogieron a su vez a sus sucesores para gobernar la Iglesia cuando ellos no estuviesen", explica.

Por todo ello, cuando la Iglesia se pronunciaba sobre cualquier aspecto teológico recibía el asentimiento de los fieles. Algo que comenzó a cambiar primero con el Cisma de Oriente y después con los líderes de la reforma protestante, "convencidos de que su autoridad era superior a la de la Iglesia de Cristo".

"Lo que comenzó con Martín Lutero como una ruptura se convirtió en miles de ellas durante los siguientes 500 años. Así como Jesús llamó a los primeros cristianos hace 2.000 años, también te llama a ti ahora", explica.

Dennis Knapp.

Tras su conversión, el escritor en The Latin Right, Dennis Knapp, se dedica a exponer motivos de peso por los que acercarse a la Iglesia: el mismo se los tuvo que plantear y llegó a una conclusión. 

Bondad: el reino de Dios en el mundo

Knapp también se refiere a la bondad como uno de los principales motivos que puede llevar a muchos a plantearse regresar a la Iglesia o formar parte de ella, ya que de la misma Iglesia "nacen personas santas con grandes logros que manifiestan el reino de Dios en el mundo". "De ella han surgido algunas de las personas más grandes de la historia universal, a las que la Iglesia llama santos. Vivieron solo para Jesús e hicieron cosas asombrosas que trajeron una inmensa bondad al mundo", explica.

De los muchos que podría citar, menciona a San Camilo de Lelis, converso y exponente en la atención a los enfermos cuya labor perdura hasta el día de hoy. También menciona otros que "dieron forma a la civilización occidental" como San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino, o a San Juan Pablo II, "que ayudó a derrotar el comunismo a través de su santidad". "Lograron obras grandiosas a través de la gracia de Dios, que reside en la Iglesia, y te invitan a venir y experimentarla por ti mismo".

Belleza, irresistible e incomparable

También cree que "la belleza no debe pasarse por alto como razón de entrar o regresar a la Iglesia", ya sea en su arquitectura, el arte o la música, si contribución a la belleza "sigue siendo incomparable y ninguna otra institución ha contribuido más a reflejar, en pequeña medida, la belleza venidera del Cielo".

Y precisamente esta belleza ha motivado no pocas conversiones o fortalecimientos en la fe, como es el caso del converso Peter Kreeft al visitar la catedral de San Patricio de adolescente. Caminando por el imponente edificio, le preguntó a su padre protestante cómo podían estar los católicos tan equivocados y tener unas iglesias tan bellas. De esa experiencia surgiría su célebre afirmación años después de su conversión: "La verdad es fácilmente resistible, somos muy buenos para engañarnos a nosotros mismos. La bondad es resistible y podemos fácilmente silenciar nuestras conciencias. La belleza es irresistible".

Saint-Chapelle de París.

La Saint-Chapelle de París, uno de los más bellos monumentos góticos de la Iglesia Católica. 

La Eucaristía, misterio divino en la tierra

Aunque numerado en tercer lugar, Knapp observa que esta "debe ser la primera razón" para regresar a la Iglesia o formar parte de ella. Para los católicos, "la Eucaristía significa la participación en la divinidad de Dios y también une a todo el pueblo de Dios como uno solo. Además, en la Eucaristía, los católicos participan de la liturgia celestial y experimentan un misterio eterno en la tierra. Por el contrario, cuando un católico es excomulgado, se le impide recibir y participar de la Eucaristía, que representa un signo de unidad con la Iglesia".

Una comunidad que camina unida al Cielo

Entre otros motivos, Knapp añade la experiencia comunitaria que los fieles viven desde su nacimiento en la fe hasta su muerte junto a los cristianos, sus hermanos, a través de los sacramentos.

Así, desde el "comienzo de la vida" con el bautismo, "la comunidad acoge a todos, jóvenes o ancianos, en la Iglesia".

"Los dos siguientes sacramentos de iniciación, la eucaristía y la confirmación, continúan uniendo a los católicos a la comunidad de la Iglesia, pues todos los que desean confirmarse  deben elegir a otro miembro confirmado para que los apadrine. El matrimonio une a la comunidad de manera especial, donde la pareja y no el sacerdote son el medio por el cual se confiere la gracia de Dios". A este le sigue el sacramento del orden, "donde la Iglesia nombra a los líderes de esta comunidad y continúa la obra de Jesús y los apóstoles a través de la sucesión apostólica". Le sigue el de la confesión, "en el que los católicos experimentan la reconciliación con Dios y la comunidad". El último, la unión de enfermos continúa "uniendo a la comunidad en el sufrimiento y la sanación".

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