7 perversiones del feminismo conservador: cuando desmontar lo woke no es suficiente
Las reflexiones de Ann Burns, fundadora de The feminine project, son un contundente argumento que recuerda que el problema del feminismo nunca será el adjetivo -progresista o conservador- sino el olvido y rechazo de la virtud esencial que comparte con toda ideología.

Frente a un feminismo woke, el de corte conservador corre el riesgo de olvidar toda alusión o raíz de la virtud en la feminidad: Ann Burns, de The Feminine Project, ofrece una alternativa.
Desde hace meses -según algunos, incluso tras la pandemia- los grandes postulados woke estarían viéndose reemplazados por un “giro” o “pendulazo”, de modo que un hartazgo generalizado estaría llevando a la sociedad y especialmente a las nuevas generaciones a rechazar el discurso imperante y a profesar de forma reaccionaria su contrario. Sucede con el rechazo a los discursos transgénero, con la pérdida de apoyos y donaciones a los impulsores del Orgullo LGBT, con el incremento de la religiosidad entre las nuevas generaciones e incluso en mujeres jóvenes que, desvinculándose del feminismo, pasan a orbitar en torno al universo de las tradwifes o directamente a considerarse como tales.
Ann Burns, escritora en medios como Crisis, es una de esas jóvenes que se define orgullosamente como esposa y madre y reconoce que hasta no hace mucho disfrutaba de contemplar los intentos de reivindicar la feminidad en detrimento de un feminismo en descomposición.
Sin embargo, pronto empezó a ser consciente de que no bastaba con oponerse al feminismo.
“Como la feminidad parece estar hoy más `de moda´, me pregunto si realmente estamos reivindicando lo femenino o si, simplemente, estamos restaurando una vieja decadencia moral”, escribe la fundadora de The Feminine Project en su último artículo de Crisis.
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Menciona varios ejemplos de corte conservador que se encuentran en plena promoción del regreso del sonado desfile de lencería de Victoria’s Secret o calendarios de chicas conservadoras MAGA que ha llegado a ser conocido como “Making America Hot Again”. Un “ardid antifeminista” que, en lugar de femenino, solo estaría impulsando lo que Burns cuestiona como una “pornografía suave”.
A lo largo de su artículo en Crisis, la escritora advierte de esta y otras 7 “perversiones” del nuevo “feminismo conservador” que, según ella, sobresale en detrimento de la verdadera feminidad.
1º La feminidad no es reaccionaria
Según Burns, los mencionados son solo algunos ejemplos que muestran que “no se celebra lo femenino”, sino que “simplemente intentamos ser más seductores que nuestros oponentes”.
Burns reivindica que, al contrario que el feminismo conservador, “la feminidad no es reaccionaria”:
“Todo el movimiento es reaccionario. Y la cuestión es que, a pesar de todos estos intentos de hacer que la feminidad sea "cool", parece haber un abismo de desconfianza entre los sexos. Los hombres están hartos de la farsa y todos se están volviendo locos”.
La esposa y madre subraya que la verdadera feminidad, lejos de ser reaccionaria, es “un don que nos dio Dios”, y por tanto “no es tóxica ni un problema”.
“Necesitamos la feminidad. Las mujeres son el corazón de la sociedad, y un corazón débil engendrará una cultura moribunda. En este momento, estamos presenciando lo que parece un cambio de rumbo. Los hombres están (con razón) hartos del feminismo y ansiosos por recuperar su rol. Para las mujeres, creo que la solución es bastante sencilla. Es importante que abracemos lo femenino y erradiquemos cualquier perversión tóxica de nuestras vidas”.
2º La maternidad sí es suficiente
Si bien se intenta celebrar a las mujeres como madres, continúa, los conservadores parecen creerse la mentira de que "la maternidad no es suficiente" al promover no la maternidad, sino a las madres que eligen trabajar, liderar y ocupar puestos de poder.
“La maternidad es un puesto de tiempo completo; es superior a una carrera; es una vocación. Sí, algunas mujeres deben trabajar, pero no deberíamos decirles que pueden hacerlo todo. Es una mentira, una mentira que hiere a las familias”.
3º María, modelo frente a la autocompasión
La escritora considera que una de las características más preciadas de la feminidad es su perseverancia, especialmente a la hora de sufrir o acompañar al sufriente.
“Una madre desea eliminar el dolor y el sufrimiento de sus seres queridos, más que nada. Pero no puede; en cambio, persevera. Sostiene sus cuerpos magullados y febriles y capea la tormenta en serena calma. El corazón de la madre permanece tierno cuando el mundo es frío y amargo. Sufre con su amado”, escribe Burns.
Menciona como “ejemplo supremo” a la Virgen María.
Desde su fíat hasta su paso por la cruz, explica, “toda su vida estuvo marcada por el amor y la receptividad. Nunca pidió que el sufrimiento desapareciera. Al contrario, permitió que su corazón fuera traspasado. La Santísima Madre, nuestra Mater Dolorosa , es nuestro ejemplo de verdadera feminidad”.
Frente a ella, observa que el nuevo feminismo conservador adolece del engaño prometeico de tratar de huir del sufrimiento a toda costa, de modo que la queja, la insistencia y el victimismo aparecen rápidamente cuando no estamos dispuestas a cargar con nuestras cruces.
“Muchas mujeres han adoptado una mentalidad anticonceptiva en lugar de aprender a confiar en la abundancia de Dios. Es una fuerte tentación abdicar, huir, cuando las cosas se ponen difíciles. Pero en la feminidad de una mujer, ella guarda otro secreto: puede permanecer glorificando a Dios y confiando en su providencia.
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4º La compasión se fundamenta en la caridad
En este sentido, la escritora se refiere a la compasión injustificada como a otra “perversión tóxica”:
“Las mujeres estamos conectadas con las relaciones, y es fácil manipular nuestras emociones. Puede parecer inofensiva, pero la compasión injustificada puede generar aprobación o justificar conductas pecaminosas. La compasión debe tener sus raíces en la caridad”.
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5º El control no es fruto de la feminidad
Del mismo modo, observa que al mismo tiempo que se rechaza el empoderamiento feminista, “muchas mujeres se ven tentadas a entrometerse, a controlar a sus esposos, hijos adultos y a quien puedan”.
“Es parte de la maldición de Eva (Génesis 3:16). Y encima, murmuran. Todos estos son rasgos tóxicos que destruyen la familia y hieren profundamente las almas. La intromisión, el control y el chisme no son frutos de la feminidad; son productos de nuestra naturaleza caída que debemos esforzarnos por eliminar. En cambio, el corazón femenino es radicalmente receptivo. Es una fuente de bondad, reverencia y compasión”.
6º La caricatura de la mujer herida: sus peligros
La escritora aborda en último lugar la “letalidad” de una perversión “tan aceptada como normalizada” en los medios, música y la narrativa femenina, y es la extensión de la creencia entre muchas mujeres de que no son amadas.
Una creencia especialmente peligrosa para la feminidad, ya que “cuando una mujer actúa creyendo que no la aman, se desespera. Siente envidia y se obsesiona consigo misma. Es una extraña forma de orgullo que rechaza el amor de su Padre Celestial y dice: “No, te equivocaste al crearme´”.
Como consecuencia, Burns advierte de que la mujer que asume este error puede buscar validación y aprobación por todos los medios, generalmente alejados de toda virtud y bondad:
“Esta herida en su corazón obstaculiza su capacidad de amar, cuidar y atender los deberes de su vocación. Puede obsesionarse con su apariencia física, vestirse con inmodestia, perseguir la vanidad, el poder y las cosas efímeras de este mundo. Al final, siente que tiene mucho que demostrar, una mentalidad que lleva a muchas mujeres a traicionar su feminidad”.
Concluye orientando la mirada de la mujer hacia la virtud y la feminidad frente a una creencia que es “triste y sumamente problemática”:
“Es fundamental que una mujer busque sanación de cualquier herida que la haya llevado a esta falsa creencia; tal vez no tuvo un buen padre, o tal vez experimentó un trauma terrible, o tal vez se avergüenza de su feminidad. Sea lo que sea, debe llegar a conocer y aceptar el amor de Cristo. Cristo está más cerca de nosotras que nosotras mismas”.
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7º No se debe demostrar nada a nadie solo ser fieles a la feminidad
A modo de conclusión, Burns remarca que las mujeres no necesitan demostrar su valía en la vida, ni siquiera ante un mundo insensible, ya que “el valor de una mujer proviene de Dios, que la amó hasta la existencia y le dio el don de la feminidad, un don resplandeciente, destinado a ser compartido, a brillar y a resucitar una cultura en decadencia”:
“Sí, hay muchas perversiones tóxicas, y debemos estar alerta. No se trata de sumarse al caos. Se trata simplemente de ser fieles a nuestra misión. Así que, deshazte de tus rasgos tóxicos. Acepta el don que Dios te dio”.
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