Religión en Libertad

La isla a la que se marchan a vivir los católicos millennials de Dinamarca: «Fue una decisión fácil»

Un grupo de familias abandona la ciudad para construir una comunidad en Lolland.

Una de las familias en la isla de Lolland, la cuarta isla más grande de Dinamarca.

Una de las familias en la isla de Lolland, la cuarta isla más grande de Dinamarca.NCR/Matthew Eng

Redacción REL
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Solo un 35% de los daneses afirma creer en Dios, sin embargo, a pesar de estos datos, los fieles creyentes son muy creyentes. National Catholic Register explora estos casos.

En los últimos años, varias familias tradicionales luteranas y católicas de Dinamarca se han unido en una pequeña comunidad rural, donde, a pesar de sus diferencias teológicas, han encontrado más puntos en común entre sí que con la sociedad moderna.

El cineasta estadounidense Matthew Eng se propuso explorar las vidas y los desafíos de estas familias cristianas en su documental The Remnant: The Last Christians of Denmark.

La comunidad está amenazada

"Hay muchísimos medios que hablan de las crisis y escándalos de nuestra época, hay mucha atención a lo que falla y a lo que no funciona. Pero ansiaba ver un ejemplo de lo que sí funciona, una visión positiva de la vida cristiana que aborde las dificultades de nuestro estilo de vida moderno", dice Eng.

El documental cuenta la historia de cinco familias, tres luteranas y dos católicas, que se han trasladado de la ciudad a la isla de Lolland, la cuarta isla más grande de Dinamarca con una población de 57.618 habitantes.

Mikkel Søtbæk, de 30 años, padre de cinco hijos, fue el primero en mudarse con su familia.

"Al crecer como millennial en Dinamarca es difícil no sentirse alienado por la cultura dominante", dice Søtbæk, quien trabaja a tiempo parcial como catequista para una sociedad misionera luterana y como agricultor. Explica que "los círculos tradicionales de la comunidad se han desintegrado" debido a la urbanización, el secularismo y la inmigración masiva.

Al hablar sobre el panorama religioso de Dinamarca, Søtbæk comenta que "muchos jóvenes daneses anhelan un sentido de identidad y pertenencia, y un propósito", un anhelo que también comparten las cinco familias de Lolland, todas ellas conversas al cristianismo, excepto uno de los padres.

"A mucha gente le resulta difícil vivir en las grandes ciudades e integrar los valores cristianos en su vida diaria", comparte Søtbæk. Como resultado, la comunidad creció orgánicamente. Una a una, las familias que conocían, o que habían oído hablar de ellas, decidieron mudarse también a Lolland.

"Es un acto de fe, en realidad", argumenta este padre de cinco hijos, "porque hay que confiar en el proyecto; hay que creer en la idea para tomar esa decisión. Y eso es bastante difícil, porque a mucha gente de nuestra edad le cuesta comprometerse. Quieren hablar de ello, pero no quieren hacer nada al respecto ni comprometerse con ello".

Bendiciones increíbles 

Pero, por otro lado, Søtbæk añade: "la cantidad de beneficios y bendiciones es increíble".

A pesar de su "diversidad confesional", Søtbæk señala que, tanto las familias luteranas como las católicas, "comparten los mismos valores tradicionales y el mismo enfoque del cristianismo" y, por lo tanto, "están más cerca unas de otras en casi todos los aspectos prácticos".

"La gran pena, por supuesto, es que no podemos ir juntos a la iglesia. No podemos arrodillarnos juntos para recibir la Eucaristía", lamenta Søtbæk, "y eso es una herida profunda en nuestra relación. Pero aun así, hay mucho que nos une".

Erik (seudónimo), padre católico de tres hijos, confirma que las familias comparten "más parecidos que diferencias en cuanto a cómo viven su vida cotidiana".

"Dios siempre es el centro de la vida de nuestras familias", apunta. "Estamos de acuerdo en los roles de género, en cómo debe estructurarse una familia, en los valores, etc".

Erik y su esposa se mudaron a Lolland desde Copenhague mientras esperaban a su tercer hijo, "pudieron comprar una casa con un jardín enorme por un precio muy razonable" y, como católicos, Lolland les atraía "ya que hay varias iglesias y un convento" en la isla.

"La isla tiene una fuerte historia católica, tanto antes de la Reforma como también más tarde con las oleadas de inmigrantes de Polonia", señala Erik.

Erik explica que él y su esposa ya conocían a Søtbæk y a su familia, así como a uno de los otros padres, y agrega que, si bien no conocían a nadie más, "era suficiente" para ellos.

"Lolland nos pareció el lugar perfecto para vivir un estilo de vida tradicional, donde podíamos permitirnos vivir con un solo ingreso y, al mismo tiempo, conectar con otras personas con valores similares. Así que no fue una decisión difícil en absoluto, la verdad".

Puedes ver aquí: The Remnant: The Last Christians of Denmark.

Desde cenas compartidas y tardes de juego para los niños hasta eventos especiales y celebraciones festivas, las familias a menudo se reúnen y fortalecen los lazos y su fe cristiana.

"Creo que nos inspiramos mutuamente por nuestra forma de vivir", añade Erik. "Vemos a nuestras familias, y eso en sí mismo es una inspiración".

"Lo que muchos cristianos suelen olvidar es que se necesita una base muy sólida antes de poder salir y 'evangelizar' en el mundo", explica, y agrega que esto "podría ser muy agotador como cristiano" en la sociedad moderna donde uno "siempre tiene que tomar una postura y defender sus puntos de vista".

La idea, explica Søtbæk, se basa en los primeros cristianos que, después de la caída del Imperio Romano y la propagación de las herejías, "se retiraron a comunidades unidas donde mantuvieron viva la llama de la fe y donde el cristianismo pudiera prosperar y florecer", hasta que "el terreno se volvió más fértil para el cristianismo nuevamente y pudo propagarse más fácilmente".

"Si el cristianismo se dispersa demasiado", argumenta Søtbæk, "no será lo suficientemente fuerte como para sobrevivir bajo la presión del mundo moderno y simplemente se extinguirá lentamente".

Enfatizando la necesidad de "estar siempre en diálogo con los demás, tener amigos no cristianos y salir al mundo", Søtbæk concluye: "si queremos un cristianismo sólido, necesitamos comunidades fuertes. Esto no es solo una fantasía, es real y es una oportunidad que vale la pena aprovechar".

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking