Viernes, 14 de agosto de 2020

Religión en Libertad

Tradicional en liturgia, moderno en evangelización

Marc Aillet: el obispo francés que va a más sentadas y manifestaciones y dice siempre lo que piensa

Marc Aillet es el obispo de Bayona-Oloron, en el lado francés de los Pirineos vascos
Marc Aillet es el obispo de Bayona-Oloron, en el lado francés de los Pirineos vascos
Marc Aillet fue de 2002 a 2008 vicario general en la diócesis de Toulon, con el obispo Dominique Rey. Como él, combina el amor a la liturgia tradicional, con el activismo provida y profamilia y la formación de evangelizadores callejeros. En 2008 fue nombrado obispo de Bayona, la diócesis del lado francés de los Pirineos vascos.

Durante 2013 hemos visto al obispo Aillet en sentadas en la calle en defensa del matrimonio, en las manifestaciones provida, en las sesiones de nueva evangelización de grupos como el movimiento Anuncio, etc... Dice lo que quiere, habla con libertad y su Twitter echa humo.

Publicamos a continuación una detallada entrevista que concedió a Jean-Philippe Ségot en "La Semaine du Pays Basque", publicada el 30 de diciembre de 2013.


-Vamos a empezar con una pregunta casi filosófica. Veo en la prensa un título: «Monseñor Aillet dice, de nuevo, lo que piensa ». ¿Es pecado en esta sociedad, sobre todo cuando uno es obispo, decir lo que se piensa?
- Creo que es importante decir lo que se piensa. El obispo es un hombre libre por definición. Él representa una institución, que es la Iglesia católica y, por fuerza, está en la misma onda que la Iglesia a la que pertenece y, repito, representa.

»Por tanto, el obispo no puede representar algo a cuyo servicio está partiendo de sus propias ideas, opiniones o sensibilidad. Durante toda su formación sacerdotal y su experiencia personal, ha tenido tiempo de hacer propia la enseñanza de la Iglesia y de formar su pensamiento. No suelo morderme la lengua habitualmente. Intento decir lo que pienso, en conformidad con el Evangelio.



Aillet, en su campaña evangelizadora de carteles de 2012
con el lema "Tengo una buena nueva"

»Sin embargo, creo que usted se refiere a una pequeña noticia en un periódico local que no refiere palabras que son mías, sino que me atribuye las palabras del periodista que me planteó la pregunta. Creo que ha sido un poco sorprendente y es por esto que invito a todos los que quieren saber lo que pienso a que vengan directamente a la fuente y no lo hagan por interpuesta persona.

»Lo que digo y escribo está normalmente disponible en la página web de la diócesis que está siendo renovada completamente y que sin duda será, en breve, mucho más atractiva. Podrán comparar lo que me atribuye este periódico local con lo que digo y pienso verdaderamente.

-Nos da la sensación que a veces usted ha sido víctima de la modernidad. Hemos visto que durante un determinado periodo usted tuiteaba con regularidad, pero tenemos la impresión de que se está dando cuenta que utilizar métodos tan rápidos y modernos en materia de comunicación puede, a veces, ponerle en situaciones un poco particulares…
-Por fuerza, porque es un modo de comunicarse más espontáneo y menos controlado. Al mismo tiempo, pienso que es importante que podamos utilizar medios de comunicación que nos sean cercanos. Las redes sociales permiten atender a personas que no conocen nuestra Palabra y, también, a quienes, espero, están iluminados por la palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia sin estas redes sociales. Este medio de comunicación tiene sus defectos y sus cualidades, pero es un buen instrumento para difundir y comunicarse de manera auténtica.

-Por tanto, ¿el obispo seguirá siendo un usuario de Twitter?

-Tuiteo con regularidad. Al principio, tuiteaba diariamente pero no lo hacía a cada instante. Ahora tuiteo menos, cada dos o tres días.

-La ocasión de su presencia aquí nos brinda la oportunidad de saber también lo que usted dice verdaderamente. Quisiera empezar por la Teletón. La Teletón es una institución en Francia.

»Según Usted, la Teletón levanta graves problemas de orden ético, sobre todo porque se utilizan células madres embrionarias que implican la destrucción de embriones humanos. Ha incluso ha hablado de eugenesia.

»Y, por último, ha dicho que se hace una selección de embriones pero que no se hace nacer a un niño sano, sino a un niño elegido. Usted es libre de desarrollar todos estos aspectos, pero ¿puede usted llegar a entender lo difícil que debe ser para los padres de esos niños, víctimas de la enfermedad, oír sus declaraciones?
-Sin embargo, si usted observa bien, cuando me pronuncié sobre esta cuestión – no es la primera vez y no soy el primero en hacerlo entre los hombres de Iglesia –, presté mucha atención a responder a preguntas que me hubieran sido planteadas. Muchas personas que organizan la Teletón se dirigieron hacia mí para decirme: «He oído decir que… » y «¿Qué es lo que piensa la Iglesia?». Por tanto, yo hice un llamamiento a discernir.

»Si usted lee mi declaración, no di una especia de consigna. Empecé agradeciendo el magnífico movimiento de generosidad que la Teletón representa cada año. Esto es lo primero que merece nuestra consideración.

»Y, sobre todo, agradecí el interés por ayudar a los enfermos de miopatía y a sus familias, que sufren muchísimo. Creo que lo esencial de los donativos está dedicado a un apoyo que no puedo condenar y que apruebo con todas mis fuerzas.

»El único “pero” que tengo que añadir a esto, la única observación que tengo que hacer es, por otra parte, algo a lo que apuntaba el cardenal Vingt-Trois en su momento y el cardenal Ricard como presidente de la conferencia episcopal de Francia, como también un cierto número de voces que se han alzado en la Iglesia, para llamar a un discernimiento ético preguntándose por qué la AFM (Asociación Francesa de Miopatías) que organiza este Teletón rechaza sistemáticamente indicar la orientación de los fondos que provienen de otras asociaciones.

»Este interrogante nos lleva a una parte de la recolecta, que parece ínfima porque es de un 2 a un 3 %, pero si la consideramos en relación a la gran suma de dinero y las promesas de donativos que se han obtenido durante este Teletón, representa una cifra enorme.

»¿Por qué se rechaza indicar cuáles son los donativos para la investigación que provienen, digamos, de fondos terapéuticos pero que plantean problemas éticos? Pienso que esto permitiría a todo el mundo, según su conciencia ética, decir: «Quiero apoyar y participar en este amplio movimiento de generosidad, en esta gran movilización nacional, pero no quiero que mi donación vaya a investigaciones que son éticamente incorrectas para mí». Lo único que he concretado es esto.

»Cuando hablo de eugenesia me refiero a la selección de embriones. Con el pretexto de decir que vamos a curarlos, seleccionamos entre embriones sanos y los enfermos. «Se liquidan» los que son portadores de minusvalía. ¡Es terrible!

»El 95 % de las trisomías diagnosticadas antes de nacer mediante la detección prenatal y preimplantatoria «son liquidados», hablando de manera brutal.

»Cuando veo a portadores de trisomía, que son personas humanas completas aunque más débiles y frágiles – pero no más frágiles de corazón – y lo que aportan a la sociedad y la familia, digo que es una incoherencia total.

»Su vida no tiene valor porque si hubiéramos tenido la detección preimplantatoria, ¡ellas no estarían en esta vida! Para mí, esto es eugenesia.

-Otra pregunta sobre la sociedad y bien sabe Dios que ha ocupado todo el año: el matrimonio para todos. No se les pide celebrar en las iglesias un matrimonio de dos personas del mismo sexo. Pero la Iglesia sale de sus templos para interesarse por la sociedad.

»Antes de entrar en el fondo de la cuestión, hablemos de la forma. ¿Se asombra Usted cuando ve la deriva racista que ha afectado a la Ministra de Justicia, la famosa historia del plátano? [En algunas publicaciones se insultó a la Ministra de Justicia: se la tachaba de mona y se le pedía que se comiera un plátano. N.d.l.T] Si hubiera sido uno de sus seguidores quién hubiera iniciado todo esto, ¿lo habría convocado usted en su despacho para explicarle que hay límites para todo?

-Es evidente, si bien pienso que el despliegue mediático que ha rodeado este hecho ha sido un poco desproporcionado y que lo que se ha querido llamar «deriva racista» se puede imaginar como una expresión infantil, ciertamente inexcusable y que merece una buena corrección.

»Pero tal vez se ha exagerado, independientemente de los comentarios sobre el color de la piel que a menudo son reprensibles en un determinado contexto, pero que a veces no lo son. En esta ocasión, he condenado todo ataque a la persona humana a causa del motivo que sea, ya sea éste de raza, cultura, clase social u orientación sexual. Sobre esto estamos totalmente de acuerdo.

»Y sobre mi batalla en relación, por ejemplo, al matrimonio para todos, no es una cuestión de estigmatizar a nadie, sino de respetar a las personas tal como son. Para mí una persona no es ante todo un homosexual o un heterosexual; para mí es primero de todo un hombre o una mujer que como persona humana merece todo el respeto de su dignidad. La orientación sexual no define la identidad de la persona.

»Hay una canción de Charles Trenet que creo que se llama «Le Noël des petits Africains» (La Navidad de los pequeños africanos) en la que había que decir a los pequeños africanos: «El buen Dios es blanco». Acabamos de hablar de la Sra. Taubira que es de origen guayanés. Pero, ¿el buen Dios es blanco? ¡El buen Dios no es blanco, no tiene color! El buen Dios trasciende todos los colores y las razas que especifican la diversidad del género humano. Pero se encarnó en Jesús que era judío.

»Esto es lo que se puede decir. Dios se ha encarnado en Jesús que era judío; por tanto, hasta prueba contraria, era blanco. Sin embargo, esto no exalta la raza judía ni la raza blanca: Dios transciende todas las particularidades,

-Respecto al matrimonio para todos, me gustaría volver a un punto. Usted ha dicho algo que, por fin, empieza a decirse también en los ambientes gais. Usted dice: «La situación de rechazo de las personas homosexuales en la sociedad ha aumentado debido a esta oposición». ¿Qué ha oído Usted en la comunidad católica que le rodea? ¿Cree realmente que existe un nuevo rechazo de la sociedad a causa del matrimonio para todos?
-Es muy curioso, pero no he notado en el movimiento de la Manif pour tous y en la comunidad católica que me rodea rechazo a las personas homosexuales. Al contrario, siento que la cuestión no es esta. Lo que pienso es que focalizar la atención sobre la diferencia homosexual que, por otra parte, es más una cuestión de los lobbies que otra cosa, puede acabar siendo muy desproporcionado en relación a otras diferencias, alimentando las situaciones de rechazo. Pero no pienso que esto, el rechazo, se está dando en la Iglesia católica.

»Me he manifestado, como saben, contra al matrimonio para todos; es decir, contra la inscripción en la ley del matrimonio de personas del mismo sexo como elemento estructural de una sociedad.

»Para mí el matrimonio sigue siendo, hasta prueba contraria, la unión de un hombre y una mujer como, por otra parte, sostienen la mayoría de los homosexuales. Muchos homosexuales no se han reconocido en este debate. Lo sé, conozco a algunos, lo sé también por estas experiencias, lo que siempre es limitado porque estamos siempre limitados por las personas que encontramos en la propia experiencia.

»No creo que la comunidad católica tenga el deseo de rechazar a los homosexuales. Cuando se dijo que eran manifestaciones homófobas no era verdad. Jamás ha sido una cuestión de estigmatizar a las personas. No se trata de esto. No era la homosexualidad lo que era objeto de reivindicación; era el matrimonio como elemento estructural de la sociedad y el hecho de que los niños, que nacen de un hombre y de una mujer, necesitan un padre y una madre.



Aillet en una de las veladas-sentadas en Bayona
contra la redefinición del matrimonio 


-Monseñor, entonces Usted comparte totalmente la frase del Papa Francisco acerca de la homosexualidad: «¿Quién soy yo para juzgar»?

-Completamente. Cuando él dijo esto, se remitió al Catecismo de la Iglesia Católica que dice lo mismo. No hay ninguna razón para crear una discriminación en relación a las personas. No es este el fin de los movimientos contra el matrimonio para todos.

-Desearía ahora plantearle una pregunta un poco más personal, siempre vinculada al tema del matrimonio. Hablemos del matrimonio de los sacerdotes, pero no entre ellos, ¡tranquilo! En su vida de pastor, desde que usted fue seminarista, ¿nunca ha sufrido a causa de la soledad sentimental? ¿No es difícil, a veces, no tener a alguien que sea su otra mitad, con la que compartir momentos íntimos? ¿No echa nunca de menos esto?
-No se puede decir que no lo echamos de menos nunca. Somos hombres y estamos atravesados por las tensiones que están dentro de nuestra personalidad humana. Pero, al mismo tiempo, es un largo camino de maduración, de discernimiento y de formación humana el que nos ha permitido un día decir «sí» y aceptar libremente el celibato sacerdotal. Le respondo que yo puedo estar atravesado por una conmoción como todo hombre en un momento u otro de mi vida, pero esto no ha puesto en duda mi opción de fondo que es la de entregarme completamente a Cristo, para la Iglesia.

»Es verdad que yo no vivo en una soledad afectiva, en la medida en que estoy en una relación de amistad con Cristo, que es real y que coge todo mi ser, y mi ser sexuado, aunque esto no conlleva un uso físico de la sexualidad, por supuesto. Tengo una relación de amistad con Cristo.

»Lo que está a la base de toda relación humana es la amistad, más que una cuestión de relación sexual. Y además es una entrega de mí mismo a los otros. Yo sé que encuentro mi equilibrio y mi plenitud de hombre, y de hombre masculino, en la vida de oración y de entrega a todos.

»Yo sé que la conmoción que yo pueda tener en éste o en otro momento en mi vida de encuentros con mucha gente está completamente asumida y regulada en la medida en que está integrada en esta fidelidad a mi primer proyecto, que es estar en relación de amistad con Cristo y de entregarme, en mi ministerio, a todos.



-Queremos ahora hablar de la diócesis, que es una diócesis muy amplia. Usted hace, de alguna manera ¡viajes oficiales! Va a las parroquias, dónde permanece cuatro o cinco días. ¿Qué hace, vuelve al obispado todas las noches o se aloja en ellas? ¿Y cómo es la cohabitación con los sacerdotes? ¿A quién visita? ¿Alguna vez alguien no ha querido recibirle?
-Que yo sepa esto ha pasado una sola vez y es, en mi opinión, completamente anecdótico. No tengo nada contra esa persona. Hago visitas pastorales. Para mí esto no es una «inspección». Como digo siempre a los fieles la primera vez en la misa, es como la Visitación, en el Evangelio. La Visitación es María, que lleva en ella a Cristo que ha sido concebido el día de la Anunciación, y que va a visitar a su prima Isabel que está embarazada de Juan el Bautista desde hace seis meses. Hay un encuentro de gracia. Hay un encuentro y una comunión de gracia. Yo digo que mi visita pastoral es esto. Digo a menudo que el pastor de la diócesis quiere ser como Cristo, un buen pastor.

»Como dice Jesús: «Soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen». Y no podemos conocernos si no nos encontramos. Para mí, la visita pastoral es verdaderamente la espiritualidad del encuentro. Paso cinco días en una parroquia, una parroquia que puede tener a menudo tres, cuatro, diez, veinte pueblos. Vivo con el párroco. Evidentemente, no vuelvo al obispado. Vivimos una vida fraternal durante cinco días. Esto cambia la relación tanto del sacerdote con su obispo, como del obispo con su sacerdote. Compartimos la vida: fregamos juntos los platos, desayunamos juntos, visitamos juntos a los parroquianos… Y nos reunimos con todos los fieles para animarles, porque es muy importante. Ellos esperan mucho de esta visita.

»Visitamos también algunas realidades humanas, tenemos encuentros con los representantes locales, visitamos una granja, una empresa, a los enfermos, a personas que sufren, a las asociaciones… Ante todo es un encuentro. Es el obispo quien va a visitar a su parroquia, la comunidad cristiana, pero intenta también escuchar la vida de los hombres, sentir el territorio humano en el que está la parroquia, para así construir la sociedad de manera solidaria y realizar su misión allí donde está.

-¿Con qué frecuencia hace estas visitas?
-Cinco días al mes en una parroquia. Empecé en enero de 2010 y ya he visitado 42 parroquias. Puedo decirle que para mí, como para ellos, es una gran alegría. La alegría más grande que tengo en mi ministerio son precisamente estas visitas pastorales porque estoy en medio de la gente, estoy con ellos para escucharles, para oír lo que piensan. Algunas veces, también, plantean problemas, pero se resuelve normalmente muy bien. A veces buscan una palabra de aliento por lo que les oriento, o les indico una pista para solucionar un cierto reto, superar alguna dificultad.

-El peso de la Iglesia es menos fuerte en la vida política local respecto al pasado. Sabemos que antes un párroco podía hacer que un candidato ganara o perdiera.

»El 9 de junio pasado usted publicó un tuit que decía: «Los católicos se están convirtiendo en el punto de mira desarmado de una ultra minoría de ciudadanos violentos e intolerantes». Pienso que Usted hacía referencia a la manifestación anti-Manif [pour tous]. Y, lo que es interesante, añadía: «promovidos y adulados por el gobierno».

-Hacía alusión a ese joven de la Manif pour tous que se llama Nicolas Bernard-Buss que ha sido injustamente «molido a palos» por la pasma – no hay otro término – y no sólo ha sido detenido provisionalmente, sino que ha permanecido en la cárcel dos meses.

-También en un tuit usted informaba que se había reunido con el Papa Francisco y que le había recordado las turbulencias sociales en Francia y que él le había respondido. ¿Nos puede decir algo más sobre este encuentro?
»El Papa cada miércoles tiene una audiencia general. Usted sabe que los Papas, a partir de Pablo VI, hacen una catequesis todos los miércoles; como hacen todos los catequistas, lo que pasa es que él tiene treinta o cuarenta mil personas que le escuchan. Imparte una catequesis sobre un punto de la fe cristiana o del Evangelio.

»Nosotros, los obispos, a menudo estamos a su lado, a unos metros de distancia, y vamos a saludarle. Es el ritual: cada obispo puede saludarlo y hablar con él dos minutos. El Papa Francisco es muy accesible y disponible. Se establece con él una empatía verdadera desde el primer instante y entonces hay un pequeño diálogo.

»Le dije que había unas personas que sufrían un poco, cuya voz no era oída, que se manifestaban en gran número y que eran un poco despreciadas por el poder y le he dicho que se estaban aprobando leyes que no estaban siempre conformes al bien común, como él bien sabe. Este encuentro fue muy sencillo.

»Lo vi de nuevo cuando fui a Roma acompañando la peregrinación de la Hospitalidad vasco-bearnesa, con 50 enfermos en silla de ruedas. Quería hablar con él y le pedí poder tener un encuentro. Se lo pedí a su secretario diciendo que estaría allí sólo dos días, pero él [el Papa], casi excusándose, me dijo: «Es que no tengo tiempo para recibirle hoy». Me pareció genial. Pienso que es lo mismo que me sucede a mí cuando alguien me pregunta si puedo hablar con él y le digo: «Hoy no puedo».

»Después, saludó a cada uno de los enfermos en sillas de rueda de nuestro grupo, prestándoles mucha atención. Es muy sencillo, muy directo y, al mismo tiempo, muy profundo. No finge. Me dije: «Una bella imagen del Evangelio».

-Ha habido inundaciones catastróficas en Lourdes. Usted ha hecho un llamamiento a los fieles – también del resto de Francia – para hacer una colecta el 14 de julio. Usted sabe que la actualidad se mueve deprisa, no se sabe mucho de lo que sucede después. ¿Tuvo respuesta su llamamiento?
-Ciertamente, la gente es muy generosa. Lourdes es un lugar muy frecuentado por los diocesanos de los Pirineos Atlánticos y es un lugar muy emblemático de la piedad popular, y de la hermosa piedad del pueblo de Dios. Los sacerdotes no han tenido ninguna dificultad en enviar toda la colecta del 14 de julio al santuario de Lourdes. No me acuerdo ahora de la cifra, pero ha sido generosa y espontánea.

-Me han dicho: «Marc Aillet, ¡es un director e empresa! Por la noche o en el fin de semana se hace decir el «volumen de negocio» de las distintas parroquias. Es posible que el nombramiento de un sacerdote específico en una parroquia específica dependa un poco del “volumen de negocio”». ¿Es Usted también una especie de presidente-director general de su diócesis?
-Por fuerza se es un poco como un director de empresa, pero lo que usted dice es pura invención. ¡No conozco el “volumen de negocio” de las parroquias! Sé que hay parroquias que son más ricas en la costa vasca o en otros lugares… ¡Pero esto no es jamás un criterio para el nombramiento de los sacerdotes! Es algo que no controlo todas las semanas.

»Cada año presentamos un informe económico a la asamblea general y tenemos un consejo de asuntos económicos cada tres meses, pero no hablamos de «volumen de negocio».

»Estamos obligados a hablar de «volumen de negocio» cuando se trata de la ofrenda a la Iglesia, porque es la Iglesia quien pide generosidad a los fieles. Esto es lo que nos permite hacer vivir a los sacerdotes y a los laicos que trabajan con nosotros y que deben tener un salario justo. De vez en cuando me interesa ver dónde va la ofrenda a la Iglesia y las distintas colectas que se hacen, pero no es absolutamente un control directo. De esto se ocupa el ecónomo diocesano, con el economato. En lo que a mí respecta, no estoy para nada al corriente, semanalmente, de lo que pasa.



Aillet, en la Marcha por la Vida de París de 2014,
con un pañuelo rojo que simboliza la propuesta de ley
española que restringe algo más el aborto
 

-Pienso, lo hago siempre, que Usted ha meditado mucho su mensaje de Navidad. El año pasado fue difícil por múltiples motivos. Hay muchas personas que este final de año, cuando lean estas frases, estarán solos o enfermos, o tal vez son personas que se ocupan de los enfermos. ¿Qué quieres decirles para este año?
-He insistido, este año, un poco más sobre los más débiles y frágiles. Lo esencial de lo que quiero decir es que, por su nacimiento en la pobreza del pesebre y la humildad, Jesús da a los más pequeños y los más frágiles el primer lugar en la sociedad y Él nos pide que nos ocupemos de ellos.

»Estoy impresionado por la insistencia del Papa Francisco sobre la necesidad de cuidar a los más pobres, haciendo que estos sean el motivo de nuestra primera atención. Siento verdaderamente que cuando el Papa lo dijo no era solamente una exigencia de tipo sociológico o social, sino que era verdaderamente el corazón cristiano el que hablaba. Es muy «teologal» - es una gran palabra, sin duda alguna – pero esto quiere decir que cuando Él coge el lugar del más pequeño en la pobreza del pesebre o del más herido en la cruz, Jesús da un lugar y un sentido a los más frágiles y los más pequeños. Vuelvo un poco a la actualidad, pero pienso que los más pequeños y los más frágiles son a menudo sacrificados, en nuestra sociedad, por los intereses de los más grandes y los más poderosos.

»Pienso, por ejemplo, en países en guerra como Libia o los países de Oriente Medio, en los que hay intereses económicos que son superiores a los intereses de la población. Pienso en especial en las poblaciones cristianas cuando se trata de Oriente Medio, a los cristianos que probablemente son los más débiles, los más expuestos. Pienso en la República Centroafricana también. Pienso en todos esos países en vías de desarrollo que están en conflicto. Es también el fruto de los poderosos que tienen intereses en ellos y que no se preocupan de los más débiles y los más pequeños.

-Una última pregunta. En los dos viajes que ha hecho Usted a Roma y al Vaticano este año, ¿ha pensado en Benedicto XVI, el cual sigue viviendo allí? ¿Puede ir a verlo? ¿Qué sabe sobre su vida actual?
-Sí, creo que él recibe visitas, yo también he pedido poder visitarlo brevemente y me han dicho que hay que pedirlo con antelación. Sé que el Papa Francisco está en contacto directo con él al menos una vez a la semana: o bien personalmente, o bien por teléfono.

»Me han dicho que ahora está mejor, con sus ochenta y siete años, sin duda liberado del peso de este cargo, que fue demasiado pesado en los últimos años y meses. Sé que vive todo esto con una gran modestia, una gran humildad, en el silencio de la oración y del estudio, recibiendo a esta o aquella persona… Para mí, sigue siendo algo totalmente admirable. Cuando pienso en él, pienso que hay un punto de oración, de don, de sabiduría y de experiencia que puede ayudar a su sucesor a sostenerse. Y yo creo que su sucesor también lo vive así.

(Traducción del francés de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)
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