A 1.200 metros de altitud, el párroco del Acebo impulsa la reapertura del restaurante del santuario
El templo vive un Año Santo, concedido por el Vaticano por sus 450 años de historia

"Incluso con nieve, la gente sigue subiendo", recuerda el sacerdote Juan José Blanco.
En pleno Año Santo de la Virgen del Acebo, el santuario de Cangas del Narcea (Asturias) vive un momento de intensa actividad espiritual… pero también de necesidades muy concretas. La Nueva España da más detalles.
Una de ellas es la reapertura del bar‑restaurante situado junto al templo, cerrado desde hace un año y cuya ausencia se nota cada fin de semana.
El arcipreste del Acebo, Juan José Blanco, insiste en que este servicio no es un añadido secundario, sino un elemento que favorece la vida del santuario. A su juicio, disponer de un lugar donde comer o tomar algo anima a los visitantes a acercarse a la Santina y prolongar su estancia.
La historia del santuario se remonta a 1575, fecha del primer milagro atribuido a la Virgen del Acebo. Para el año 1600 ya estaban levantadas la casa rectoral y el edificio anexo, concebido inicialmente como refugio de montaña para peregrinos y que más tarde funcionó como albergue.
Con el paso del tiempo, aquel inmueble fue adaptándose a las necesidades de cada época: en el siglo XX albergó bodegas, tiendas y hospedaje, hasta convertirse finalmente en un bar‑restaurante que durante años mantuvo también un pequeño hostal de montaña.
Hoy conserva, además, una tienda de recuerdos gestionada por la parroquia, cuyos beneficios colaboran con Cáritas. El cierre del bar ha dejado un vacío evidente.
Aunque en el alto del Acebo existe otro establecimiento hostelero, situado frente al santuario, Blanco asegura que no basta para atender la afluencia de visitantes, ni siquiera en invierno, cuando entre diciembre y marzo no se celebran misas.
A casi 1.200 metros de altitud, el lugar atrae tanto a peregrinos como a familias y amantes de la naturaleza, y la demanda de servicios básicos supera la capacidad actual. "Incluso con nieve, la gente sigue subiendo", recuerda el sacerdote.
Por ello, la parroquia busca a alguien dispuesto a asumir la gestión del local. El espacio se ofrece mediante traspaso con alquiler o alquiler con amortización, y está completamente equipado para reabrir de inmediato. Blanco insiste en que el negocio funciona y que su continuidad es esencial para mantener la acogida que caracteriza al santuario.
El aumento de visitantes es una realidad palpable. La declaración del Año Santo ha multiplicado la presencia de peregrinos a lo largo de todo el año. Aunque el día grande de la fiesta ya no congregue multitudes como antaño, la primavera llena la iglesia y, según el arcipreste, incluso la última misa de noviembre registró un lleno total. La previsión es que la afluencia siga creciendo a partir de mayo, cuando comenzará el grueso de las actividades jubilares.
Mientras tanto, continúan las mejoras en el santuario. Ya se ha completado una importante obra de rehabilitación exterior valorada en unos 320.000 euros. La siguiente fase, actualmente en proceso de presupuestación, abordará la renovación interior del templo y la actualización de la instalación eléctrica, con el objetivo de preparar el conjunto para los próximos años.
Para el arcipreste, la misión es clara: garantizar que el santuario siga siendo un espacio de fe, hospitalidad y encuentro para todos los que suben a la montaña.