Miércoles, 08 de diciembre de 2021

Religión en Libertad

San Mateo 8, 1-4

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y quedó limpio de la lepra

ReL

Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Gn 17,1.9-10.15-22 

Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo:
«Yo soy el Dios todopoderoso, camina en mi presencia y sé perfecto».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza,tú y tus descendientes en sucesivas generaciones. Esta es la alianza que habréis de guardar, una alianza entre yo y vosotros y tus descendientes: sea circuncidado todo varón entre vosotros».
El Señor dijo a Abrahán:
«Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara. La bendeciré, y te dará un hijo, a quien también bendeciré. De ella nacerán pueblos y reyes de naciones».
Abrahán cayó rostro en tierra y se dijo sonrió, pensando en su interior:
«¿Un centenario va a tener un hijo y Sara va a dar a luz a los noventa?».
Y Abrahán dijo a Dios:
«Ojalá pueda vivir Ismael en tu presencia».
Dios replicó:
«No, es Sara quien te va a dar un hijo, lo llamarás Isaac; con él estableceré mi alianza y con sus descendientes, una alianza perpetua. En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré crecer sobremanera, engendrará doce príncipes y lo convertiré en una gran nación. Pero mi alianza la concertaré con Isaac, el hijo que te dará Sara, el año que viene por estas fechas».
Cuando el Señor terminó de hablar con Abrahán, se retiró.

 

Sal 127,1-2.3.4-5 

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

 

Evangelio según san Mateo 8, 1-4

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: -«Señor, si quieres, puedes limpiarme.»

Extendió la mano y lo tocó, diciendo: -«Quiero, queda limpio.»

Y en seguida quedó limpio de la lepra.

Jesús le dijo: -«No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Señor Jesús, médico de las almas y los cuerpos; si tú quieres tienes todo el poder para limpiar nuestra alma de sus vicios y para sanar nuestro cuerpo de sus dolencias. Y si permites que suframos en el cuerpo, que ello sea, Señor, medicina para los males del alma, bien para purificar la nuestra o para contribuir a la santificación del prójimo.
Gracias, Señor, porque a través del ministerio del sacerdote, nos confirmas el perdón que pedimos en el sacramento.

Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

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