Lunes, 14 de octubre de 2019

Religión en Libertad

El padre Andrés, sacerdote-poeta: todo un lujo para los doscientos católicos de Turkmenistán

ReL

El padre Andrzej Madej encuentra un vínculo entre la belleza del lenguaje poético y las preguntas que nos conducen a Dios.
El padre Andrzej Madej encuentra un vínculo entre la belleza del lenguaje poético y las preguntas que nos conducen a Dios.

“Existe un tipo de personas no creyentes que pueden hacerse preguntas sobre su propia existencia tras acercarse al lenguaje poético, porque la poesía plantea interrogantes que las matemáticas o la física no suscitan. Una mujer me contó una vez que decidió recibir el bautismo tras haber leído una de mis antologías de poemas. Esto me hace pensar que ser un sacerdote-poeta es útil: para mí la poesía es un testimonio silencioso del amor de Dios”.

Así lo explicó a la Agencia Fides el padre Andrzej Madej, sacerdote polaco de los oblatos de María Inmaculada y superior de la Missio sui iuris de Turkmenistán en vísperas de la publicación de su última colección de composiciones en polaco, Pod skrzydlem aniola [Bajo las alas del ángel].

“Escribo poesía desde hace cincuenta años y en muchos momentos de mi vida el Señor me ha demostrado que debía proseguir. Cuando era seminarista en Roma, a principios de los 70, el superior de los oblatos de María Inmaculada, un gran teólogo, solía utilizar el lenguaje poético en sus homilías y catequesis. Ahí aprendí que el simbolismo es un magnífico instrumento de predicación. Soy un sacerdote que utiliza la poesía para ser sacerdote más fuertemente y más profundamente”.

El padre Madej, en una entrevista de la televisión polaca.

El padre Madej publica una antología al año: los poemas están escritos en polaco, pero suelen traducirse al ruso, y eso los hace accesibles también a los fieles de Turkmenistán: “Mi misión es estar entre la gente, por eso no tengo tiempo para traducir las poesías. Pero algunos fieles saben ruso y me piden los últimos textos. Alguno también sabe polaco y hace de intérprete en el interior de la comunidad”.

El padre Andrzej lleva en Turkmenistán desde 1997, cuando Juan Pablo II instituyó la Missio sui iuris que hizo renacer la Iglesia local. Durante trece años la presencia de los oblatos fue admitida solo como representación de la embajada vaticana. Al principio se reunían en casas privadas y la misa se celebrada en territorio bajo protección diplomática, la nunciatura apostólica de Ashgabat. En 2010, el gobierno turkmeno reconoció oficialmente la presencia católica. La comunidad católica turkmena la forman cerca de doscientos fieles que se reúnen en la capilla de la Transfiguración del Señor, en la capital Ashgabat, bajo la guía de dos sacerdotes oblatos de María Inmaculada. Turkmenistán cuenta con cinco millones de habitantes, el 90% de ellos musulmanes.

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