Lunes, 04 de diciembre de 2023

Religión en Libertad

Fueron a por él en «la noche de los cuchillos largos» de 1934

Erich Klausener: el líder de Acción Católica que irritó a los jefes nazis hasta ser asesinado

Erich Klausener se dirige a miles de católicos en uno de los multitudinarios actos de la Acción Católica.
Erich Klausener se dirige a miles de católicos en uno de los multitudinarios actos de la Acción Católica.

José M. García Pelegrín

“¡Encuentren a Klausener y fusílenlo!”. Estas palabras fueron pronunciadas por Reinhard Heydrich, el segundo al mando en las SS de Heinrich Himmler y, desde 1934, jefe de la Gestapo. Heydrich se volvería tristemente famoso por ser el organizador de la “solución final”, el término eufemístico utilizado por los nazis para referirse al Holocausto.

Estas palabras del 30 de junio de 1934 significaron la sentencia de muerte de Erich Klausener, el principal líder de la Acción Católica en Berlín y uno de los más destacados representantes de la resistencia cristiana contra el nacionalsocialismo.

Heydrich aprovechó la confusión y el caos de lo que se conoce como “la noche de los cuchillos largos”, una purga política dentro del partido nazi, para eliminar a algunos opositores internos, incluido el líder de las SA, Ernst Röhm, quien también fue asesinado esa noche.

Erich Klausener se convirtió en uno de los primeros mártires católicos en la lucha contra el nazismo. 

"Ser católico es ser activo y optimista"

En junio de 1933, cuando Hitler llevaba en el poder desde hacía medio año, Klausener escribió: “¡Ser católico es ser activo! Ser católico es ser optimista. Si cada uno de nosotros conoce su fe, vive de acuerdo con ella y la profesa ante el mundo, ganaremos a los impíos para Dios con nuestro ejemplo”.

Estas palabras formaban parte del llamamiento a participar en la Convención Católica de Berlín. Pocos días antes de su asesinato se dirigió a unas 60.000 personas congregadas en dicha Convención Católica. Aunque este discurso podría haber sido el detonante de su asesinato, Klausener ya estaba en el punto de mira del régimen nazi desde hacía tiempo. 

Erick Klausener.

Erich Klausener (1885-1934).

Erich Klausener nació en Düsseldorf, el 25 de enero de 1885. Después de estudiar Derecho contrajo matrimonio con Hedwig Kny. En 1914 fue llamado a filas y participó en la Primera Guerra Mundial como teniente. Después de la Gran Guerra ocupó el cargo de gobernador del distrito de Adenau, y dos años más tarde, en agosto de 1919, fue nombrado gobernador del distrito de Recklinghausen, por aquel entonces el mayor distrito prusiano, con 344.000 habitantes. Además de trabajar en el desarrollo de la infraestructura de transporte, se dedicó principalmente a la ampliación de los servicios sociales y de salud

Patriota

El compromiso social de Klausener estaba arraigado en sus creencias cristianas. En Recklinghausen estableció relaciones cercanas con destacadas personalidades del catolicismo alemán, como el abad Ildefons Herwegen de Maria Laach y monseñor Franz Xaver Münch, secretario general de la Asociación Académica Católica, para cuya junta central fue elegido Klausener.

Durante la ocupación del Ruhr por tropas francesas y belgas en 1923 (para cobrarse las reparaciones por la Guerra Mundial), Klausener apoyó la estrategia de “resistencia pasiva” de los alemanes, que incluía la huelga. Una enérgica carta de protesta por el maltrato a los oficiales le valió un consejo de guerra por parte de los invasores franco-belgas. Klausener fue encarcelado durante dos meses y luego expulsado del distrito. No pudo regresar hasta que terminó la “resistencia pasiva”, en noviembre de 1923.

Un hito importante para su carrera administrativa fue su traslado a Berlín: en 1924 pasó a dirigir el Departamento de Bienestar de la Juventud y Desempleo en el Ministerio del Interior.

La vida en el entorno mayoritariamente laico de Berlín representó un desafío tanto para él como para su familia, que estaban acostumbrados a un ambiente mayoritariamente católico.

En 1928, antes de la fundación de la diócesis en 1930, fue nombrado director de la Acción Católica de Berlín. Sus objetivos principales incluyeron el fortalecimiento de la fe, la unión de los católicos en Berlín y la responsabilidad del cristiano en la sociedad y el Estado. Organizó eventos católicos a gran escala y medidas defensivas contra la agitación antirreligiosa y antieclesiástica, entre otras cosas. 

Por la República de Weimar

Profesionalmente, su carrera también ascendió. En 1926 fue nombrado jefe de la policía en el Ministerio del Interior prusiano; su principal reto era defender la República de Weimar contra los ataques tanto de comunistas como de nacionalsocialistas. Al parecer incluso intentó obtener una orden judicial contra Hitler por los crímenes cometidos por su partido, el NSDAP.

No resulta sorprendente que, después de que los nazis llegaron al poder en 1933, fuera trasladado a un puesto de menor importancia política en el Ministerio de Transportes como director del departamento de transporte marítimo por el nuevo ministro del Interior de Prusia, Hermann Göring

Los nazis consideraron provocador que un antiguo alto funcionario del Ministerio del Interior prusiano, que había combatido al NSDAP antes de 1933, continuara organizando grandes acontecimientos en la capital del Reich, como la Convención Católica de junio de 1934, a la que se hace referencia anteriormente. Esta intervención, que tuvo un gran impacto social, tuvo lugar el 24 de junio, solo seis días antes de su asesinato. Un año antes, el ideólogo nazi Alfred Rosenberg respondió al discurso de Klausener en la Convención Católica de 1933 con un artículo incendiario en el periódico oficial del régimen, el Völkischer Beobachter

Los juicios de Núremberg

La prensa oficial difundió la noticia de que Klausener se había suicidado durante los sucesos del 30 de junio. Sin embargo, esta versión oficial fue ampliamente rechazada por la población católica y provocó declaraciones críticas por parte de líderes eclesiásticos.

En nombre de la viuda, Hedwig Klausener, los abogados Werner Pünder (1885-1973) y Erich Wedell presentaron una demanda por daños y perjuicios contra el Reich alemán y Prusia. Estos dos abogados pagaron su valentía con varias semanas bajo custodia de la Gestapo. 

El "caso Klausener" no se hizo público hasta después de la II Guerra Mundial.

Robert Kempner (1899-1993), antiguo estrecho colaborador de Klausener en el Ministerio del Interior prusiano, judío y socialdemócrata, logró emigrar a los Estados Unidos a tiempo. Después de la guerra se convirtió en fiscal jefe adjunto de los Estados Unidos en los juicios de Núremberg y también llevó a cabo una intensa investigación para esclarecer la muerte de Erich Klausener.

De estas investigaciones se desprende que Hermann Göring había presionado para que se incluyera a Erich Klausener en la lista de personas a eliminar.

El asesino de Klausener, el antiguo SS-Sturmbannführer Kurt Gildisch (1904-1953), fue capturado en Berlín en 1949 y condenado a 15 años de prisión por el jurado del Tribunal Regional de Berlín en 1951. La sentencia proporciona un relato detallado de los motivos y el desarrollo del crimen, que tenía como objetivo a Klausener, tanto en condición de incómodo líder católico como de antiguo jefe del departamento de policía. 

Un reportaje sobre la iglesia berlinesa de María Reina de los Mártires, erigida para albergar los restos de numerosas víctimas católicas del nazismo. Entre ellas, Erich Klausener. 

Con la inhumación de la urna en la iglesia conmemorativa Maria Regina Martyrum de Berlín, consagrada en 1963, la Iglesia rindió homenaje al testimonio de fe y vida de Erich Klausener. Incluso se hablaba de una posible beatificación de Klausener por el Papa. El 8 de mayo de 1984, Correos emitió un sello conmemorativo, con motivo del 50º aniversario de su asesinato.

Sello conmemorativo de Erick Klausener, emitido en 1984.

Sello conmemorativo de Erich Klausener, emitido en 1984.

La ciudad de Berlín recuerda a Klausener con una placa conmemorativa en Keithstrasse 8, en el distrito berlinés de Tempelhof-Schöneberg, y en Behrenstrasse, en el distrito de Mitte. Varias ciudades alemanas también han dado su nombre a calles, plazas o, como en Adenau, a escuelas.

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