Viernes, 23 de febrero de 2024

Religión en Libertad

Un caso como el de Franz Jägerstätter, que contó Terrence Malick en «Vida oculta»

El mártir Alfred Heiss: por su fe católica se negó a servir en el ejército nazi y fue fusilado

Alfred Heiss.
Una treintena de cristianos, las dos terceras partes católicos, se negaron a servir en el ejército nazi por razones exclusivamente religiosas y fueron fusilados entre 1940 y 1945. Alfred Heiss fue uno de ellos.

José M. García Pelegrín

Alfred Andreas Heiss (1904-1940) fue ejecutado por negarse a prestar juramento a Hitler, al igual que una treintena de personas, entre las cuales el más conocido es el campesino austriaco Franz Jägerstätter, beatificado por la Iglesia católica en 2007; no es casualidad que, para la película dedicada a este campesino, Terrence Malick eligiera el título Vida oculta (A Hidden Life, 2019), pues prácticamente todos estos objetores, y con ellos también Alfred Heiss, pasaron inadvertidos durante decenios.

Quienes, entre 1940 y 1945, se negaron a prestar el juramento de fidelidad a Adolf Hitler cuando fueron llamados al Ejército, un juramento que exigía “obediencia incondicional al Führer del Reich y Pueblo Alemán, Adolf Hitler”, fueron condenados a muerte por tribunales de guerra.

Tráiler de 'Vida oculta' (2019) de Terrence Malick, sobre Franz Jägerstätter, un caso similar al de Alfred Heiss.

Alfred Andreas Heiss nació el 18 de abril de 1904 en Triebenreuth, un pueblo de Baviera. Era el sexto hijo de Johann Heiss, de profesión tejedor, y Kunigunda Turbanisch; fue bautizado en la Iglesia católica al día siguiente de su nacimiento. Tras finalizar sus primeros estudios en el pueblo, asistió a la Escuela de Comercio de Bamberg. En abril de 1918, con 14 años, comenzó a trabajar en las oficinas municipales de Stadtsteinach. Más tarde lo haría en los Seguros de Enfermedad de la misma ciudad, y, desde el 1 de junio de 1924, en una empresa de aluminio de Burgkunstadt. Cuando ésta se declaró en quiebra, en 1930, se trasladó a Berlín en busca de trabajo.

En Berlín obtuvo un puesto en la Administración pública, primero en el Tribunal de Trabajo y después en la Fiscalía de Berlín. Además, comenzó a ayudar como estenógrafo a un sacerdote muy conocido, Helmut Fahsel. Probablemente fue este encuentro lo que llevó a Alfred Heiss a tomarse en serio su fe.

El sacerdote Helmut Fahsel.

Helmut Fahsel (1891-1983) fue bautizado protestante, aunque en su juventud era agnóstico. La lectura de Santo Tomás de Aquino le llevó a la fe católica, ingresando en la Iglesia en 1914. Se ordenó sacerdote en 1920. 

Aunque había sido educado en la religión católica, hasta su llegada a Berlín no hay indicios de que las cuestiones religiosas o políticas desempeñaran un papel importante en la vida de Heiss. En 1932, se afilia al partido confesional católico Zentrum porque éste “era el partido que defendía los intereses de mi religión”.

Heiss criticaba la política e ideología nacionalsocialistas, en particular las medidas dirigidas contra la Iglesia, las tendencias germanizantes y paganizantes, que él consideraba como un avance del ateísmo. También se oponía a la doctrina nazi de la raza, que presentaba al hombre nórdico como ser superior. Heiss participa en actos públicos del Berlín católico, como la Convención Católica de 1934.

Como en casi toda Alemania, los nazis ocuparon puestos de poder en el pueblo natal de Heiss, Triebenreuth. En septiembre de 1934, durante unas vacaciones, se produjo una discusión política en la cervecería del alcalde nazi Josef Degen. Alfred Heiss fue denunciado y detenido por la Gestapo. Aunque fue absuelto en el juicio, su solicitud de reincorporación a la Administración pública fue rechazada. Consiguió un modesto trabajo en la oficina de recaudación de impuestos de las parroquias católicas de Berlín.

Alfred Heiss.

Alfred Heiss.

Durante estos años, Alfred Heiss intensifica su práctica cristiana; escribe a sus padres: “En el este de Berlín hay una capilla dedicada a Cristo Rey, en un barrio obrero, probablemente uno de los más pobres de Berlín. En esta capilla, el Santísimo está expuesto ininterrumpidamente, día y noche, para su adoración. Siempre hay personas allí adorando. En esa capilla es donde comencé el año 1936”.

El 14 de junio de 1940 recibe la carta de incorporación a la Wehrmacht y es asignado a un batallón de infantería en una ciudad de Silesia llamada Glogau. Sin embargo, se niega a hacer el saludo nazi y a llevar un uniforme con la cruz gamada. En su declaración, según el escrito de acusación, declaró que “como el nacionalsocialismo tiene una postura anticristiana, rechaza servir como soldado al Estado nacionalsocialista, a pesar de las advertencias legales”. Aunque se perdieron las actas del proceso, se sabe que el Tribunal de Guerra le condenó a la pena de muerte el 20 de agosto, por ”actos que socavan la capacidad de defensa”.

Pasó los últimos días hasta la ejecución en la cárcel de Brandenburg-Görden, donde escribió su última carta, dirigida a su padre -la madre había fallecido a comienzos de julio-, su hermana, su cuñado y su sobrina: “Mañana temprano daré mis últimos pasos. Que Dios me sea compasivo. Lo que os pido es que os mantengáis firmes a Cristo y su Iglesia. Adiós. Alfred Andreas”. La sentencia se ejecutó el 24 de septiembre, a las 5.50 de la mañana.

En agosto de 1945, la Conferencia episcopal alemana decidió recopilar los ataques que había sufrido la Iglesia durante el Tercer Reich. El párroco de Stadtsteinach, Ferdinand Klopf, escribió a la diócesis de Bamberg: “Alfred Andreas Heiss fue detenido por negarse a cumplir el servicio militar, que rechazó exclusivamente por motivos religiosos a pesar de conocer las consecuencias; fue condenado a muerte y murió valientemente como un verdadero mártir. Documentos y cartas obran en poder de sus familiares en Triebenreuth”.

Sin embargo, el obispado de Bamberg no tomó medidas para recuperar la memoria de Heiss. Fue su hermana Margarethe Simon (1900-1981) quien se encargó de colocar una placa con la foto de su hermano en la capilla de Cristo Rey, que se construyó en Triebenreuth en 1957. La hija de Margarethe, Gretl Simon (1929-1980) y su esposo Wilhelm Geyer (1921-1997) solicitaron al Museo de Stadtsteinach que se instalara una exposición permanente sobre Heiss. Anton Nagel, director de dicho museo, diseñó la exposición.

Solo en 1987, Thomas Breuer encontró el informe del párroco Ferdinand Klopf en el archivo diocesano de Bamberg y lo publicó, junto con los documentos del museo de Stadtsteinach, en un breve folleto, en 1989. Como resultado de esta publicación, en julio de 1990 se colocó una placa conmemorativa junto a la de los caídos en la Primera y la Segunda Guerra Mundial; dice: “En recuerdo de Alfred Andreas Heiss, nacido en Triebenreuth en 1904, ejecutado el 24 de septiembre de 1940 en Brandenburgo. Murió por permanecer fiel a su fe”.

En esta época comienza el reconocimiento oficial de aquellos que se habían negado a prestar juramento a Hitler. En 1991 un tribunal revocó por primera vez una sentencia de muerte, la que se dictó contra el padre palotino Franz Reinisch, quien actualmente está en proceso de canonización. En virtud de una ley de 1998 comenzaron a derogarse las sentencias de muerte impuestas por los tribunales de guerra nazis contra los objetores de conciencia.

El 24 de abril de 2014 se colocó una “piedra de tropiezo” (una placa que se incrusta en el pavimento para recordar a víctimas del nazismo, muchos de ellos judíos llevados a campos de exterminio) en la Georg-Wilhelm-Strasse de Berlín, frente a la casa número 3. Dice: “Aquí vivió Alfred Andreas Heiss, nacido en 1904, quien se negó a prestar el servicio militar como resistencia cristiana. Sentencia de muerte 20-8-1940, ejecutado 24-9-1940, cárcel de Brandenburgo”. En la ceremonia de colocación, el párroco Maximilian Wagner hizo una breve semblanza de su vida. La ceremonia concluyó con una oración: “Alfred Andreas Heiss cumplió la misión que le encomendaste y entregó su vida. Tú le has llamado a Ti como amigo. Vive contigo con un amor cumplido de todo corazón, de toda el alma y con todos sus pensamientos”.

Alfred Heiss sigue siendo, aún hoy, un ejemplo de la primacía de la conciencia y de mantenerse fiel a la verdad, incluso si eso conlleva la pérdida de la vida.

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