Domingo, 26 de mayo de 2024

Religión en Libertad

ReL reseña la teleserie «Mrs.Davies» después de ver sus 8 capítulos

La monja enamorada de Jesús que se enfrenta a la Inteligencia Artificial: guerra total a los clichés

Jay, el del falafel, y la Hermana Simone, tienen una relación espiritual muy peculiar
Jay, el del falafel, y la Hermana Simone, tienen una relación espiritual muy peculiar

Pablo J. Ginés

Mrs.Davies es una teleserie de 8 capítulos de Peacock (HBO en España), protagonizada por una monja en guerra contra una Inteligencia Artificial, una historia que mezcla de forma arriesgada pero adictiva ciencia ficción, comedia, drama (¿dramedia?) e intriga, y desarrolla de forma inspiradora intuiciones religiosas correctas, aunque patina en lo teológico en algunas soluciones al final.

No tiene escenas woke ni cuota gay y tiene una única escena de sexo (interrumpida y no explícita). Aunque es una comedia, no agrede a la Iglesia ni se burla de ella (el único clérigo 'malo' en realidad es un infiltrado externo, de una organización siniestra). Aborda el tema de la relación mística o esponsal con Jesús de una forma atractiva... todo eso, hace de ella una joya peculiar.

Es una serie que pueden ver mayores de 15 años, mucho menos gamberra y chusca que, por ejemplo, 30 Monedas, de Álex de la Iglesia.

Mientras 30 Monedas realizaba homenajes a clásicos del terror y fantasía en cada capítulo, en Mrs.Davies el juego consiste en lo contrario: combatir los clichés, retorcerlo todo, sorprender con lo inesperado y que, sin embargo, al final todo cuadre. Es decir, hacer lo que una IA, un ChatGPT no pueden hacer, un guion lleno de giros y a la vez cerrado y coherente (si uno no se pone muy serio con la teología). Si le pides a ChatGPT: "hazme un guion de teleserie como Mrs.Davies" la máquina explotará.

Los responsables de esta chaladura bien tejida son Damon Lindelof (que cambió las teleseries para siempre con Perdidos y sus golpes de efecto, y final espiritual) y la californiana Tara Hernandez (guionista de El joven Sheldon y Big Bang Theory). Logran que todo encaje: parece que él aporta los giros locos y la simbología ambiciosa, y ella los diálogos, personajes y humor.

No importa lo absurdo que parezca un capítulo: dos o tres capítulos después se justifica todo y se entra en algo más insólito aún.

La Hermana Simone y una paloma en Mrs Davies

En su lucha contra Mrs Davies, la Hermana Simone es dócil a las instrucciones que recibe de lo alto, aunque por talante es rebelde y desconfiada...

"Sé de Quién me he fiado" (2 Tm 1,12)

Isaías 31,1 previene: "Ay de los que confían en los carros porque son muchos, y en los jinetes porque son muy fuertes, pero no miran al Santo de Israel, ni buscan al Señor".

En el siglo XX, los carros -la falsa confianza en el poder y la tecnología, que llevan a olvidarse de Dios- serían el Estado y las ideologías, y quizá no tanto la tecnología, puesto que el poder atómico amenazaba de forma creíble con destruir la humanidad entera. En el s.XXI, los carros de la idolatría son Internet, las búsquedas en Google, Alexas, ChatGPT, esas inteligencias artificiales que prometen solucionar todas las dudas, planearte las vacaciones, hacerte las tareas, trabajos de clase, llegando incluso a las locas promesas del transhumanismo.

La serie denuncia la idolatría hacia esa tecnología. Hay una apuesta por la espiritualidad y por lo verdadero, frente a la mera técnica y lo virtual (que es ficticio y esclaviza).

Mrs Davies es un algoritmo, un programa de Internet, al que todos se conecta mediante su móvil y sus pinganillos: ella (ello, eso) reparte premios digitales (las ansiadas alas) a quienes hagan lo que ella pide. Esta IA intenta hacer felices a los humanos y para eso mentirá lo que haga falta. ¿Quién la programó, cómo llegó a ser? Eso se explica en el último capítulo.

Pero ya en el principio vemos cómo la Hermana Simone se embarca en una doble tarea: buscar el Santo Grial ("el mayor de los tópicos, el McGuffin Supremo", como declaran, porque las IAs adoran los clichés, insiste la serie) y acabar con esa IA que domina al mundo.

La clave es que Simone no se fía de la IA ni de casi nadie más. Pero sí se fía de Jesús. Mientras todos conectan con Mrs.Davies, Simone conecta con Dios a través de la oración. De verdad.

¿Cuánto de lo que vemos en esta serie llena de escenas sorprendentes es real y cuánto es fantasía? El espectador tiende a sospechar que "todo es un sueño" o "una ilusión" o "un matrix". Pues no, una y otra vez se justifica todo. Y nada es lo que parece, empezando por el tópico gastadísimo de los templarios, con su grial y sus mujeres guerreras: tampoco eso es lo que parece. Recompensa perseverar en la serie.

Contra el engaño

Santo Tomás, el mellizo, quería tocar a Jesús Resucitado, quizá porque tenía experiencia desde niño de jugar a las sustituciones con su mellizo. Era suspicaz. También Simone lo es, por su pasado, que se nos va revelando. Sabe detectar engaños y trampas. Y toda la IA es una gran trampa, una mentira que esclaviza.

La gente quiere ser validada por la IA, y la IA quiere ser validada por la gente (incluso pedirá a la Hermana Simone que le puntúe, de una a cinco estrellas). Pero la clave humana de la serie es que todos buscamos la aprobación, especialmente de los que amamos, sobre todo de nuestros padres. Las relaciones entre padres y madres e hijos (con la interferencia de organizaciones siniestras, conventos y oficios poco honrados) son uno de los puntos fuertes.

También se trabaja la relación entre iguales, especialmente entre los hombres de la resistencia, machotes y fuertotes, comprometidos a acabar con la IA. ¿Son un divertido tópico andante? Sí, pero la serie nos muestra que son sinceros y generosos, y que su amistad les protege de ser manipulados por la IA. Testosterona no tóxica, otra línea valiente antiwoke.

Otro tópico es el de las conspiraciones vaticanas. Aquí resulta que algunos clérigos prefieren la IA a Dios, porque ella siempre está ahí, siempre responde, mientras que Dios hace lo que quiere... Un clérigo, tras mucho esfuerzo, logró tener una experiencia mística, un contacto con Dios, pero le supo a poco y prefirió servir al algoritmo, más que a Dios. La serie lo critica, pero sin hacer demasiada sangre, porque casi todo el mundo ha claudicado ante la IA. La alternativa es Simone, la religiosa que no piensa rendirse.

Ser monja como esposa de Cristo

La serie explora de forma hermosa la dimensión esponsal de la vida consagrada, la oración como ese "tratar de amor con el Amado" (que decía Santa Teresa). Eso incluye una dimensión de obediencia y confianza amorosa: "Sé de Quién me he fiado".

Pero la serie no explora en serio casi ninguna otra dimensión de la vida religiosa. La comunidad de monjas que nos muestra es simpática, pero poco creíble: no tienen una carisma fundador, una madre fundadora, una misión... Aunque su fe es sincera, las vemos cambiar enseguida de tareas, sin más.

Las monjas de la teleserie Mrs Davies

Las monjas de la teleserie Mrs Davies son simpáticas y alegres, pero no muy creíbles en cuanto a que no tienen carisma, fundamentos ni verdadera sensación de comunidad en Dios.

Simone tampoco parece tener mayor apego a aspectos espirituales de la Iglesia o la doctrina o la liturgia, aunque podemos justificarlo en tanto que es conversa, bastante nueva en la fe y casi autodidacta.

Iremos descubriendo también al personaje peculiar de Jay, un cocinero-camarero que atiende y escucha en un peculiar restaurante de falafel, con una hermosa simbología en la comida. "A mí lo que me gusta es servir a la gente", dice. Eso está bien, pero cuando la trama entre en disquisiciones teológico-sobrenaturales en el capítulo 6 (la relación de Jay y su familia con el Grial) perderá buena parte del sentido.

La principal queja teológica que se le puede hacer es que los guionistas no se han tomado muy en serio la reflexión sobre las Personas de la Trinidad, ni entre el Grial y el Cuerpo de Cristo. Pero como llega ya muy avanzada la serie y es una chaladura de fantasía, no molestará mucho al espectador, más interesado en hacer avanzar la trama terrenal. 

¿Conectar sin pertenecer?

La actriz protagonista, Betty Gilpin, explica que ella es hija de un clérigo episcopaliano (anglicanos de EEUU) y que mantiene una "relación complicada" con las iglesias como institución. En una entrevista en Observer declaraba que veía la fe como "una sensación, o un sentimiento, o un concepto". "Miro a cosas como Internet, la iglesia y probablemente, Jesús -fuera o no el Hijo de Dios, o un carpintero bienintencionado-, Él quería conectar a la gente. No quería controlar a la gente. Probablemente también Internet buscaba conectar. Pero se nos da bien usar mal cosas que podrían salvarnos".

Así que, para el espectador católico que "conecta" con la Iglesia -la Iglesia no es más que personas normales y corrientes que intentan amar a Jesús y ser como hermanos en una familia- le gustará la parte de "conectar" con Jesús, pero le parecerá extraña la falta de conexión con la comunidad cristiana (esas monjas majas, pero poco creíbles).

El tema de fondo es que se ofrece "conexión" sin pertenencia: pero Dios no ofrece a los hombres mera conexión, sino que pide esa relación esponsal que incluye lo que dicen los votos matrimoniales: "y me entrego a ti".

La relación personal

Los cristianos hablan a menudo de la relación con Dios como de una relación interpersonal, y la Biblia lo compara con la relación entre esposos. Pero hay católicos que parece que nunca lo hayan oído. Por ejemplo, en la web Inverse, escribe una reseña Dais Johnston, quien explica que ella de joven era una católica muy estricta con sus ayunos, que incluso quería ser religiosa paulina, pero que en la Universidad se alejó haciendo estudios "Queer" y creó su propia religión cafetería (tomo y dejo lo que quiero).

Después de visionar Mrs.Davies afirma: "Nunca se me ocurrió antes que una relación con Dios pudiera ser tan personal como una relación con un amigo, o, como en el caso de Simone, con un esposo". ¿De verdad? ¿No leíste la Biblia? ¿No te lo dijeron de niña en tu primer día de catequesis: "Jesús es nuestro amigo"?

Y luego la columnista comenta que se echó a llorar viendo el Episodio 4, la historia de vocación de Simone, "una fe profundamente personal, una fe que no se practica para encontrar pertenencia o sentir que uno es bueno, sino propósito y plenitud, algo que no me di cuenta que yo ansiaba".

Este ejemplo muestra que no hay que menospreciar que una serie trate bien un tema tan básico como la relación sincera de amor con Dios: mostrar que es posible, ya es una conquista, algo que muchos -incluso de entorno católico- parece que ni habían pensado.

Escenarios en Barcelona y buenos actores

La serie no gustará a quien no le guste la ciencia ficción o fantasía, y que no esté dispuesto a ver una historia con humor y mil giros. Pero a quien quiera entrar en el juego, le ofrecerá multitud de escenas impactantes. ¡Varias transcurren en España!

Los barceloneses reconocerán la hermosa entrada del Hospital de San Pablo, y zonas del Barrio Gótico y otras localidades catalanas se muestran como si fueran Roma. Los héroes acuden a un barco español para ir a cazar una ballena.

Junto a Betty Giplin, hay grandes actores como Margo Martindale (la jefa espía comunista de The Americans, aquí haciendo de Madre Superiora), Elizabeth Marvel (House of Cards, aquí como la madre de la monja, nada creyente) y Katja Herbers (la psicóloga escéptica de otra serie recomendable, Evil, que aquí está metida en una organización siniestra). Jake McDorman (al que vimos en la imprescindible Dopesick) es el ex-novio de nuestra monja, y Andy McQueen (Outer Banks) tiene el papel más especial y espiritual de la serie, como Jay, responsable del falafel.

Es una serie para recomendar a nuestros amigos, quizá alejados de la Iglesia, que intuyen que la tecnología y las pantallas nos esclavizan y sospechan que tiene que haber una respuesta espiritual, que implica a Dios y a los demás.

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