Sábado, 08 de agosto de 2020

Religión en Libertad

Alfredo Marcos, catedrático de Filosofía de la Ciencia

«El éxito del cientificismo viene de la aparente simplicidad de las pseudoexplicaciones que ofrece»

Algunas explicaciones reduccionistas de la realidad, envueltas en un aura científica, han logrado gran éxito popular.
Algunas explicaciones reduccionistas de la realidad, envueltas en un aura científica, han logrado gran éxito popular.

Dos doctores en Filosofía abordan en Un paseo por la ética actual (Digital Reasons) las corrientes fundamentales del pensamiento ético y moral en nuestros días y algunos de sus problemas acuciantes. Son Carlos Javier Alonso, profesor de Filosofía de instituto y coordinador provincial de esa asignatura en León durante cinco años, y Alfredo Marcos, catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Valladolid, quien fue también coordinador del Doctorado Interuniversitario en Lógica y Filosofía de la Ciencia.

El profesor Alfredo Marcos ha participado en diversos comités hospitalarios de bioética.

Hemos conversado con el profesor Marcos sobre el alcance de estas reflexiones.

-Después de siglos de debate filosófico en torno a la ética, el significado último de esta palabra parece haberse perdido, ¿Qué es la ética?

-El prestigio que tenía la ética se ha usado para todo tipo de finalidades, algunas de tipo ideológico. Pero la ética, en realidad, es una parte muy respetable de la filosofía. Desde hace siglos la filosofía nos ayuda a pensar sobre nuestra moral. Con Sócrates empezó de un modo sistemático esta reflexión. Él conversaba con los atenienses. Les preguntaba por el bien y por la justicia. En el momento en el que se plantean estas cuestiones, uno se da cuenta de que no son sencillas, nos percatamos de lo mucho que ignoramos, de lo fácil que es equivocarse. Esto conduce a una actitud de humildad intelectual desde la que es más fácil aprender y mejorar nuestra formación moral.

-¿Por qué la cartografía del filósofo Alasdair MacIntyre resulta más útil que la cartografía estándar a la hora de clasificar las distintas corrientes filosóficas sobre la ética?

-Tradicionalmente se oponen las éticas deontológicas a las utilitaristas. Pero MacIntyre nos ha hecho ver lo mucho que tienen en común ambas. Son producto de los tiempos modernos. Comparten debilidades. La crítica postmoderna ha puesto al descubierto esas debilidades. Las éticas modernas tienen mucho de valioso, pero son demasiado abstractas, están demasiado desligadas de la vida concreta. Son, además, poco motivadoras y comparten la obsesión por la certeza. Por otro lado, el posmodernismo ha sido incapaz de formular propuestas constructivas. El pensamiento posmodernista nos sume, así, en el relativismo moral. La ética de la virtud, que arraiga en tradiciones pre-modernas, como la aristotélica o la tomista, conversa con las éticas modernas, integra lo mejor de las mismas; además, acepta en muchos puntos la crítica postmoderna, pero es capaz de darle a la misma una función constructiva y alejada del relativismo. Emerge así un nuevo mapa de la ética. Tenemos las éticas modernas (que MacIntyre engloba bajo el término Enciclopedia), las posmodernas (Genealogía) y las éticas de la virtud (Tradición). Este mapa de la ética actual resulta muy iluminador y fructífero para interpretar los debates morales socialmente más activos.

-Tal y como explican en su libro, se ha pasado del racionalismo extremo de Kant a un cientificismo radical, que pretende definir al ser humano desde una concepción únicamente biológica. En este marco se insertan, por ejemplo, las obras del autor superventas Yuval Noah Harari, ¿cómo explican el actual éxito de la corriente cientificista?

-Algunas antropologías contemporáneas falsifican la imagen del ser humano. Unas intentan reducir todo lo humano a lo biológico. Otras entienden al ser humano como una especie de programa informático y abogan por la migración de nuestra mente a algún soporte duradero o incluso a una esfera puramente lógica, a una especie de nube de información. Ambas antropologías son parciales. La primera es de corte materialista. La segunda es espiritualista en el peor sentido de la palabra. Niega los aspectos biológicos y corporales del ser humano. También existen hoy antropologías dualistas que consideran que el cuerpo y la mente son dos realidades distintas, cosidas una a otra por mero azar. Lo cierto es que solo existen personas concretas, con aspectos físico-biológicos, sociales y espirituales. Estos aspectos no están simplemente yuxtapuestos ni pueden ser reducidos unos a otros. Los podemos distinguir por abstracción, pero en la realidad son aspectos completamente integrados en la unidad de cada persona. El éxito de las corrientes cientificistas viene de la aparente simplicidad de las (pseudo)explicaciones que ofrecen. Pero son explicaciones que acaban por dejar fuera lo propiamente humano. Una antropología sensata tiene que reconocer los aspectos biológicos, sociales y espirituales del ser humano, así como la integración de todos ellos en la unidad irrepetible de cada persona concreta.

-¿Cómo puede ser que la ética de la virtud, planteada por Aristóteles hace más de dos mil años, se pueda aplicar a nuestros días?

-La ética de la virtud tiene hondas raíces históricas, cuenta con más de dos milenios de antigüedad, pero, al mismo tiempo, es una tradición viva y dialogante. Ha llegado activa hasta nosotros. Se mantuvo viva durante toda la antigüedad y en la Edad Media. Autores como Santo Tomás de Aquino, en lo filosófico, o Dante, en lo literario, lograron obras integradoras, en las que la tradición aristotélica conversa con la tradición judeocristiana, y ambas salen mejoradas y reforzadas de este diálogo. Durante los tiempos modernos nunca fue abandonada la tradición aristotélica. Esta veta de pensamiento iluminó, por ejemplo, a los autores de la Escuela de Salamanca. Pero hoy más que nunca el aristotelismo es enormemente influyente en muy diversas áreas. Estamos antes una tradición que pervive de manera dinámica y sobrevive a las modas gracias a que está muy próxima al sentido común humano, a lo que tenemos en común todas las personas de cualquier tiempo, cultura y condición.

-¿En qué consiste la “serenidad” con relación a la tecnología que propone el filósofo Martin Heidegger?

-La serenidad, o desasimiento, es una actitud. Es la actitud de quien utiliza la tecnología sin dejarse avasallar por ella. Pone entre nosotros y lo tecnológico una cierta distancia crítica, nos habilita para decir a la tecnología sí y no. Es decir, ciertos usos de la biotecnología mejoran la vida humana, deben ser acogidos con esperanza, mientras que otros la devastan y han de ser rechazados sin ningún complejo.

-En una sociedad totalmente politizada, ¿ven viable superar los actuales dilemas morales en los que nos vemos envueltos, con el objetivo de construir alternativas morales de consenso?

-Más que de dilemas nos gusta hablar de retos morales. Un ejemplo claro lo tenemos en la eutanasia. Se suele presentar como un dilema: o dejamos que sufra el enfermo o autorizamos que alguien le dé muerte. Pero los cuidados paliativos evitan este mal dilema. Para desarrollar los cuidados paliativos hay que desplegar mucha creatividad y laboriosidad. Y este es el reto. La ventaja es que estas salidas creativas y trabajadas a los malos dilemas éticos suelen concitar mucho consenso social.

-La ideología de género ha colonizado la mayoría de los espacios académicos. Parece haber un cierto miedo por parte de los expertos a la hora de hablar sobre este tema, ¿por qué una cuestión filosófica parece haberse convertido en una cuestión personal?

-Tiene que haber igualdad de oportunidades e igualdad ante la ley para todas las personas, con independencia de su sexo, edad, situación social... Estos son objetivos irrenunciables. El feminismo sensato los apoya. Pero la ideología de género hace tiempo que se distanció del feminismo sensato. Esta ideología se ha convertido en un vector para la descalificación y la censura, para reprimir muy diversas libertades. Constituye también un medio para el control político de la sociedad. Se parte de una causa perfectamente justa, como la de la igualdad, y se pervierte o degrada hasta ponerla al servicio de un interés no común, sino parcial e ideológico.

-¿Por qué no se les pueden reconocer derechos a animales con genética muy similar a la nuestra?

-Los derechos de los animales no pueden ser reconocidos ya que no existen por naturaleza. Podrían, eso sí, ser otorgados o construidos si la sociedad lo estimase pertinente. Pero el otorgamiento de derechos a los animales debilita la fuerza moral y política de los derechos humanos. Este debilitamiento desprotege a las personas más indefensas. Por otro lado, la protección de los animales no exige en absoluto el otorgamiento de derechos a los mismos. Se han hecho muchos progresos en este sentido sin necesidad de apelar a derechos.

-¿Pueden las religiones contribuir positivamente a la construcción de una ética “actual”?

-No estoy seguro de que todas las religiones puedan hacer aportaciones interesantes a la ética, ya que no conozco a fondo muchas de ellas. Lo que sí veo con claridad es que el cristianismo puede hacerlo. La integración del pensamiento griego con el derecho romano y con la tradición religiosa judeocristiana ha dado lugar a las bases éticas de Occidente. Dichas bases se han hecho extensivas al resto de la humanidad gracias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El cristianismo aporta vitalidad y motivación, nervio moral, bases realistas y afectivas a la ética. La ética aporta claridad argumentativa, reflexión y universalidad racional a la religión. No descarto que esta relación de mutuo enriquecimiento quizá pueda llegar a darse con otras religiones.

-Por último, ¿cuáles son los retos del futuro en el campo de la ética? ¿Hacia dónde apunta la investigación?

-Si algo nos ha enseñado la actual situación de pandemia es que no sirve de mucho hacer predicciones de futuro (valga la redundancia). No sé cuáles serán los retos de la ética mañana. Los de hoy tienen que ver con el respeto a la dignidad humana, pues hay quien la pone duda desde la teoría y otros en riesgo desde la práctica. El reconocimiento de la dignidad humana ha de ser máximamente inclusivo -por usar un término a la moda-. Ha de incluir a todos los seres humanos, a cada uno de ellos, en todas las fases de sus vidas, desde la concepción hasta la muerte. Esta perspectiva nos orienta respecto de cuestiones tan actuales como el uso de biotecnologías o de la llamada inteligencia artificial, así como respecto de las cuestiones más clásicas que nos siguen afectando.

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