Un caso típico de cómo el desprecio por el catolicismo popular quebró la fe de muchos en los años 60
El dominico Serge Bonnet, pionero del postconcilio antes del Concilio, vio que muchos cristianos estaban siendo alejados de Dios sin sentido.

Una procesión religiosa en la Francia de los años 60.
El dominico Serge Bonnet (1924-2005) fue contemporáneo y analista del colapso de la práctica religiosa francesa en la década de 1960.
Su análisis reviste particular importancia porque supo descubrir las raíces de ese colapso en el desprecio del creciente progresismo eclesial de la época por el catolicismo popular. Un catolicismo popular que, con todos sus defectos y limitaciones, era vivo y sincero.
Acaban de publicarse en Francia dos libros en torno a Serge Bonnet:
- una biografía suya y
- una selección de textos suyos.
Ambos libros son obra de Yann Raison du Cleuziou (nacido en 1978), profesor de ciencias políticas en la Universidad de Burdeos y especialista en historia y sociología del catolicismo contemporáneo.
Guillaume Daudé les ha consagrado un apasionante análisis en el número de enero de 2026 (nº 387) de La Nef:
El catolicismo popular
Es un hecho innegable que el catolicismo se hundió en Francia a finales del siglo pasado [siglo XX].
¿Por qué se abandonó en masa la iglesia? En cuanto a las causas internas, suele haber un conflicto de interpretación entre:
- quienes piensan que este abandono se debe a la renuncia a las disciplinas religiosas, a la pérdida del sentido del pecado y la salvación, y
- quienes cuestionan una resistencia excesiva a la emancipación individual, sobre todo en el ámbito de la moral sexual.
Pero, como propone Yann Raison du Cleuziou, podría ser oportuno cambiar el enfoque: "Los que se han quedado se desviven por hablar en nombre de los que se han ido". Pues ese desapego popular fue silencioso e inconsciente, a la vez suscitado e invisibilizado por la indiferencia.

Yann Raison du Cleuziou (n. 1978, a la izquierda) ha escrito una biografía y hecho una selección de textos del padre Serge Bonnet, O.P. (1924-2005, a la derecha).
En su libro Hacia una Iglesia sin pueblo. Serge Bonnet y el catolicismo popular, el historiador y sociólogo Yann Raison du Cleuziou ofrece una importante contribución a la comprensión de esta ruptura sin precedentes, al analizar los debates en torno al catolicismo popular a través de uno de los principales pensadores de esta ruptura: Serge Bonnet (1924-2005), entendiéndose aquí como popular el catolicismo cuyos valores y rituales tienen una doble funcionalidad, religiosa y social.

Serge Bonnet ('El Evangelio al alcance de la mano. Sermones para los católicos alegres') y Yann Raison du Cleuziou ('Hacia una Iglesia sin pueblo. Serge Bonnet y el catolicismo popular').
La trayectoria y el pensamiento del dominico Bonnet constituyen un observatorio privilegiado para dicha mutación. Un observatorio caracterizado, según Raison du Cleuziou, por su "ubicación múltiple": a la vez sacerdote y sociólogo del CNRS [Centro Nacional de la Investigación Científica], polemista virulento y erudito que combina la reflexión pastoral personal y el análisis científico cuantificado.
Antes de convertirse en defensor del catolicismo popular y adoptar una postura más crítica hacia ciertos rasgos de su generación, Serge Bonnet fue primero un sacerdote en sintonía con los cambios que experimentaba el clero de su época.
"No era la fe de nuestra generación la que estaba en el origen de nuestras vocaciones, sino el deseo de ser militantes, de ser sacerdotes para ser totalmente militantes", confiesa en 1974; el modelo del capellán de Acción Católica sustituye entonces al del párroco.
En 1956, Bonnet se mostró favorable a un proyecto arquitectónico vanguardista al estilo de Le Corbusier en Saint-Rouin, en el departamento de Mosa, a pesar de la hostilidad de la población local. Publicó entonces una historia de esa ermita y de su peregrinación, estudiando así las manifestaciones de la piedad popular.
Reclutado posteriormente en 1961 por el CNRS, fue asignado por los dominicos a Longwy, donde preparó una tesis de posgrado en sociología sobre los trabajadores de Lorena, que defendió en 1965.
El auge de la sociología pastoral: críticas al catolicismo popular
Este trabajo lo sitúa en la estela de la sociología pastoral, una disciplina en pleno auge tras la guerra. Sus representantes más destacados eran entonces:
- el canónigo Fernand Boulard (1898-1977), cartógrafo de la práctica religiosa en Francia,
- y Gabriel Le Bras (1891-1970), teórico de los círculos concéntricos de la práctica religiosa, desde los devotos hasta los conformistas estacionales, pasando por los que asisten a misa y los que celebran la Pascua.
A partir del libro de los sacerdotes Henri Godin (1906-1944) e Yvan Daniel (1909-1986) France, pays de mission? [Francia ¿país de misión?] (1943), el tema de la descristianización se impuso hasta llegar a ser objeto de debate en la asamblea plenaria de la Iglesia de Francia, en la orden de los dominicos o incluso en un coloquio internacional en la Universidad de Lyon, a principios de los años sesenta.
La doxa [opinión] de las principales eminencias de la historia religiosa era entonces denunciar la descristianización como un "concepto falaz" (Le Bras): para que haya descristianización, primero tiene que haber cristianización; pero esta habría sido solo superficial. La medida de la práctica religiosa no bastaría para revelar una fe auténtica y verdadera.
Por ello, la categoría que correspondía a la mayor parte del pueblo cristiano era la que concentraba las críticas de estos intelectuales: el "conformista de temporada", es decir, aquel que entra en la iglesia solo para las grandes fiestas del año litúrgico o de su propia vida.
- Ad intra, estos intelectuales y una parte del clero reprochan a este tipo de práctica su actitud consumista y pasiva, incluso su falta de sinceridad, y prefieren el modelo del militante tal y como surgió en la Acción Católica, voluntario y consciente, que somete todas las dimensiones de su existencia a la luz del Evangelio.
- Ad extra, denuncian los ritos y tradiciones populares en los que se basa esta práctica como obstáculos para la inculturación de la fe en la nueva cultura que se afirma, en la Francia de los Treinta Gloriosos [1945-1975] y del baby boom: "Bajo el impacto de la juventud del mundo, estamos viviendo la juventud de la Iglesia", según una fórmula del arzobispo de Toulouse en 1961 [Gabriel-Marie Garrone], que encarna esta apología religiosa del cambio.
Vaticano
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Religión en Libertad
Bonnet defiende el catolicismo popular
En contraposición a estas tesis, Bonnet defiende el catolicismo popular, que no es perfecto, pero que no merece tal desprecio.
- El dominico muestra, por un lado, que, lejos de cualquier individualismo, el "conformista de temporada" que se apega a ciertas ceremonias relacionadas con devociones populares o rituales sociales simbólicos -y al que él prefiere llamar "cristiano festivo"- se moviliza cada vez que están en juego los lazos de sangre, la amistad o la estima; y esto, en "una relación con Dios como manifestación de una relación con los demás", resume Raison du Cleuziou.
- Por otra parte, Bonnet defiende la apertura de la Iglesia a todos los círculos de practicantes, incluso los intermitentes, si no quiere convertirse en una Iglesia de perfectos, ya que la práctica irregular es la norma de facto en cualquier institución social que no sea una secta, como el cuerpo electoral.
- Por último, el sociólogo retoma de Émile Poulat (1920-2014) el concepto de "decadencia" religiosa, una especie de brecha entre la oferta religiosa dominante y la demanda de quienes se alejan de ella, para invertir la reflexión causal sobre la descristianización: no es el pueblo cristiano el que se aleja de la religión, sino una parte del clero la que se aleja de él en nombre de una concepción elitista del culto.
El debate sobre la comunión solemne
Una controversia pastoral sobre la comunión solemne permite a Bonnet explorar los retos concretos de este debate:
- este rito [la comunión solemne] marca el final del catecismo y la entrada en la edad adulta, alrededor de los 12 años,
- mientras que la primera comunión se celebra a una edad mucho más temprana desde principios de siglo.
En la década de 1960, algunos abogaban por la supresión de este rito [la comunión solemne], acusado de haberse convertido en algo exclusivamente familiar y profano, y muchos párrocos rechazaban a algunos niños, cuya fe se consideraba poco auténtica.
En La communion solennelle, folklore païen ou fête chrétienne? [La comunión solemne, ¿folklore pagano o fiesta cristiana?], publicado en 1969 junto con el padre Auguste Cottin, Bonnet analiza lo que es a la vez un fenómeno festivo y un rito de paso.
Para Bonnet, el desprecio de las élites religiosas hacia este rito se debe a una visión dualista de la religión como algo radicalmente distante del mundo profano y que se quiere purificar de toda funcionalidad social. Sin embargo, desde un punto de vista pastoral, él ve en ello un medio de evangelización, ya que la demanda de ritos de paso es tanto más fuerte cuanto más marcadas son las etapas de la vida y más escasos los momentos de reencuentro. Detrás de esta controversia, el dominico también percibe con agudeza la importancia de orientar a los jóvenes, ya que el declive de la práctica a mediados de la década de 1960 se debió a la rápida y masiva deserción de los jóvenes de entre 15 y 19 años.
Rechazo de la piedad popular
Esta desacralización de la vida cotidiana y este rechazo de los ritos y las instituciones son, sin duda, tendencias generales en la sociedad, pero Bonnet denuncia la responsabilidad de una parte del clero, que rechaza a los cristianos demasiado devotos de la piedad popular en nombre de la defensa de una vida religiosa ideal.
Su defensa del catolicismo popular toma entonces, en 1974, la forma de una denuncia del clericalismo, en forma de polémica y panfleto, en À hue et à dia [que podría traducirse como A tontas y a locas y llevaba como subtítulo Los avatares del clericalismo durante la V República].
Según él, mientras que el nivel medio de educación aumenta entre los franceses, un "clero sociocultural" procedente de la pequeña burguesía busca distinguirse del resto de la población mediante posiciones vanguardistas. Bonnet también destaca la paradoja de la posición de este clero modernizador: "Algunos profetas de la desclericalización que aspiraban a liberar a la fe de la Iglesia institucional... se han aprovechado de la institución, más que librarse de ella", denuncia.
Públicamente partidario de la ordenación sacerdotal de viri probati [hombres casados de acreditada virtud], Bonnet no se encuentra (del todo) en el bando tradicionalista. Su obra no se posiciona tanto a favor de una Iglesia preconciliar o posconciliar, sino que revela los retos sociológicos de toda pastoral y alerta sobre el peligro de una actitud sectaria de selección de la que fue víctima la piedad popular en la segunda mitad del siglo XX.
"Para él, descalificar la fe de los demás en nombre de su carácter 'sociológico' es, con demasiada frecuencia, imponer su propia concepción 'sociológica' de la fe, ignorando la fe al mismo tiempo", resume Raison du Cleuziou.