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¿Jardines funerarios? Cuando una visita al cementerio se convierte en una lección de esperanza

Finaliza el mes de noviembre, en el que la Iglesia recuerda especialmente a los muertos.

La esperanza y las promesas de la Resurrección de Cristo cambian la forma de contemplar la muerte. Cementerio militar alemán en La Cambe (Normandía).

La esperanza y las promesas de la Resurrección de Cristo cambian la forma de contemplar la muerte. Cementerio militar alemán en La Cambe (Normandía).Thomas Bormans / Unsplash.

Helena Faccia
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ReL

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De una expresión infantil surgió una idea inspiradora: ver los cementerios no como un lugar lúgrube, sino como un jardín pleno de esperanza a la luz de la resurrección de Cristo y su promesa.

Lo vivió en primera persona Matthew Becklo con su hija y lo ha contado en National Catholic Register:

"¡Mira, papá, un jardín funerario!".

Me llevó un momento procesar la exclamación de nuestra hija de seis años desde la parte trasera de la minifurgoneta. Funerario, sí: se refería al cementerio que estábamos cruzando al otro lado de la carretera; pero ¿acababa de decir "jardín funerario"?

Unos días antes, habíamos visitado la tumba de su bisabuela, fallecida hacía tres años. Mi madre había llevado flores al cementerio y las había repartido entre los nietos para que las colocaran en el suelo. Lloramos, reímos, contamos historias... recordamos.

Matthew Becklo es el director de publicaciones del ministerio Word on Fire del obispo Robert Barron.

Matthew Becklo es el director de publicaciones del ministerio Word on Fire del obispo Robert Barron.Word on Fire

Era la primera vez que nuestra hija de seis años, que siempre ha tenido una profunda curiosidad por la muerte y el más allá, visitaba un cementerio. Pero, al parecer, no se sintió asustada ni perturbada en absoluto. Al contrario: ya fuera por las flores, el vínculo familiar o simplemente por las hileras ordenadas de lápidas en ese terreno, se marchó concibiéndolo como un jardín, un lugar no solo de tranquilidad y paz, sino también de vitalidad y color.

"De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza" (Mateo 21, 16): y casi de inmediato, la frase me pareció un resumen perfecto de la actitud paradójica del cristiano hacia la muerte

  • Por un lado, un cementerio es un lugar de "entierro", el hecho de sepultar nuestros restos mortales en la tierra. El entierro nos indica la inevitabilidad y la irrevocabilidad de la muerte. "Todos debemos morir", declara una sabia mujer de las Escrituras. "Morimos sin remedio, como agua derramada en tierra, que no se puede recoger" (2 Samuel 14, 14).
  • Por otro lado, un cementerio es una especie de jardín, un lugar cargado de espera paciente, crecimiento oculto y, sobre todo, esperanza de un futuro florecimiento. De hecho, en el Evangelio de Juan leemos que el propio Jesús fue enterrado en un jardín real: "Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía" (Juan 19, 41).
El color y la luz también pueden ser patrimonio de los cementerios, y no solo por su ubicación geográfica. Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan en Puerto Rico.

El color y la luz también pueden ser patrimonio de los cementerios, y no solo por su ubicación geográfica. Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan en Puerto Rico.Nicole Le / Unsplash

Lo que une estas dos imágenes, la condición misma para su posibilidad, es la resurrección corporal de Jesús de entre los muertos. Jesús no permaneció muerto en ese jardín, sino que, por el poder del Espíritu Santo, resurgió como un "cuerpo espiritual" (1 Corintios 15, 44), sobrenatural pero "de carne y hueso" (Lucas 24, 39), dejando atrás una tumba vacía.

El paradisíaco jardín del Edén, perdido por la desobediencia, ha aterrizado en el doloroso jardín del Calvario, reclamado por la obediencia del Hijo; y la muerte es ahora, en Cristo, la puerta a la vida eterna. San Pablo utiliza una imagen de la cosecha para la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto" (1 Corintios 15, 20).

Dante describe de manera hermosa esta misma paradoja en el canto X del Purgatorio de su Divina Comedia: "¿No conocéis que somos gusanos, destinados a formar la celestial mariposa, que sin reparo alza el vuelo hasta la justicia eterna? ¿De qué se ensoberbece así vuestro espíritu? Sois como defectuosos insectos, como gusanos que no han llegado a formarse bien".

Anthony Esolen, en su comentario a este pasaje, explica: "El gusano de la corrupción es una imagen bíblica suficientemente común para el hombre, '¡el ser humano, que solo es una larva!' (Job 25, 6), mientras que la asociación del alma con una mariposa se remonta a la Grecia clásica. El genio de Dante ha combinado dos lugares comunes y los ha fusionado en una imagen que es, al mismo tiempo, artística y teológicamente poderosa".

No somos meras mariposas, espíritus puros aleteando y revoloteando en el aire sin conexión con el desorden de la tierra. Tampoco somos gusanos, cuerpos corruptibles que de manera agotadora llegan a su fin en la tierra desconectados del aire dador de vida. Somos algo mucho más extraño: criaturas en el camino a la perfección de nuestra forma. Y dicha perfección no es la negación de nuestro pasado infestado de gusanos, sino más bien su "madurez" completa en la vida de la mariposa, una criatura atraída, justamente, por los jardines.

Recientemente alguien me ha hecho una observación: en su opinión, es muy probable que los cementerios caigan en desuso y desaparezcan de la faz de la tierra. Entre el colapso de la fe en la Resurrección y el aumento de la popularidad de la cremación -según algunas estimaciones, en 2030 el 70% de los estadounidenses la elegirán en lugar del enterramiento tradicional-, los cementerios serán considerados como algo insalubre, inapropiado, primitivo e incluso extraño.

Sin embargo, el cementerio sigue siendo un aspecto vital del cristianismo y esto tiene que ver en su totalidad con nuestra naturaleza gusano-mariposa y nuestra fe jardín-funerario en Jesús. ¿Es un cementerio el lugar definitivo del horror? Solo para quienes siguen viviendo bajo el reino de la muerte en lugar de en el de Cristo. ¿Es el lugar definitivo de la liberación? Solo para quienes no tienen interés en el cuerpo y en este mundo.

Para los cristianos es algo más: es un signo de esperanza en medio de la desesperación; un haz de luz en la oscuridad; el susurro de una promesa que, como profetizó Juliana de Norwich, "todo irá bien, y todo irá bien, y toda clase de cosas irán bien"; que, como Samsagaz "Sam" Gamyi [compañero y amigo de Frodo Bolson en El Señor de los Anillos] soñó, toda cosa triste "se convertirá en no verdadera"; o que, más concretamente, será integrada en el mayor todo de la alegría; o que, como esos granos de trigo que caen al suelo y mueren, dan mucho fruto (Juan 12, 24).

A lo largo de noviembre, los católicos han visitado los cementerios para recordar y rezar por sus seres queridos fallecidos. Que sigamos siendo el pueblo del jardín cementerio, hasta que ya no haya muerte (Apocalipsis 21, 4).

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