Religión en Libertad

La libertad del mártir (3) conferencia del Dr. Martín Ibarra

Impartida durante la Jornada Martirial de Cáceres el 14 de febrero de 2026

Los restos de los curetas de Monzón, los beatos José Nadal y José Jordán, reposan en la concatedral Santa María del Romeral de Monzón.

Los restos de los curetas de Monzón, los beatos José Nadal y José Jordán, reposan en la concatedral Santa María del Romeral de Monzón.

Creado:

Actualizado:

4.- Asesinato de don José Jordán y don José Nadal

El martes 11 de agosto de 1936, los milicianos de Monzón procedieron a la detención de los sacerdotes don José Jordán Blecua y el coadjutor don José Nadal Guíu . Ambos habían permanecido retenidos en sus casas, saliendo únicamente en casos extremos por si tenían que conferir algún Sacramento. Ambos sacerdotes eran muy conscientes de lo que les iba a suceder. Se ha publicado parte de la correspondencia de don José Nadal. Así escribía el 21 de julio: Señor, danos la fortaleza que necesitamos para vivir de fe. Y también, si Tú quieres, para saber derramar nuestra sangre como la tuya para la salvación de los hombres. Y el 6 de agosto: Las últimas palabras de mi madre resuenan continuamente en mi corazón y tienen la virtud de devolverme la paz y la serenidad: Morir por Cristo es muy hermoso, hijo mío. O en carta a sus hermanos: Estoy muy contento de sufrir y morir por Cristo.

5.- Asesinato de don Antonio Sarrablo

Se conserva buena información sobre el asesinato del párroco de Burgasé, don Antonio Sarrablo Buetas. Se conserva la Encuesta de 1953, muy completa, que utiliza los datos de dos vecinos detenidos y uno de sus hermano -y seguramente de su sirvienta Antonia Latre-. Don Santos Lalueza la ha utilizado y lo citamos:

“Permaneció en su Parroquia de Burgasé hasta el día 2 de septiembre de 1936. En ese día, y a eso de las dos de la tarde, se hallaba en la era de Ramón Abadías, en compañía de éste y de su familia, cuando se presentaron seis o siete milicianos, al mando de uno que no parecía español y preguntaron por el cura (este no podía ser discernido a simple vista porque iba de paisano). Inmediatamente –y por toda respuesta- el sacerdote se hincó de rodillas en tierra, rezando el acto de contrición. Los milicianos se lanzaron sobre él y lo esposaron fuertemente. Lo dejaron así desposado junto a la pared de la Casa Rectoral. Atormentado por el dolor que le producían las esposas, intentó sentarse sobre una piedra, pero los milicianos le obligaron a culetazos a ponerse en pie, lo que hizo sin replicar. Entretanto, los demás milicianos prendieron a dos vecinos del pueblo, don Francisco Méliz y don José Pérez Calvo.

Los tres fueron encerrados en las cuadras de la Casa Rectoral mientras los milicianos comían y, seguidamente, destruían todos los objetos religiosos propiedad del sacerdote. De cuando en cuando, le insultaban, le apretaban más las esposas –que eran de pinchos, dice Francisco Méliz- y le pasaban balas de fusil por delante de sus ojos. El sacerdote callaba y rezaba. Los milicianos quisieron fusilarle en la plaza del pueblo, pero había niños, y un último resto de pudor les empujó a hacerlo a las afueras del pueblo. Los tres detenidos fueron conducidos a unos quinientos metros del pueblo, por el camino de Boltaña. Llegados todos al paraje conocido por el nombre de “Barranco de La Nata”, separaron al sacerdote de los otros dos. Entonces invitaron al sacerdote a blasfemar. Él replicó con un vigoroso ¡Viva Cristo Rey!, al que correspondieron ellos con blasfemias y golpes brutales con las culatas de los fusiles. La escena se repitió varias veces hasta que una descarga lo dejó tendido.

Los milicianos continuaron su camino con los otros dos detenidos, que fueron conducidos a la cárcel de Boltaña. Uno de los milicianos quedó rezagado, y al incorporarse al grupo, comentó, entre las risotadas salvajes de los demás milicianos: “Le decía que blasfemase y cuanto más se lo decía, más gritaba ¡Viva Cristo Rey! Ya te voy a dar yo buen Cristo Rey. El tiro que le he pegado le ha entrado por una oreja y le ha salido por la otra”.

Dieron orden de que fuera enterrado su cadáver en el mismo lugar de su ejecución y así se hizo. Después de la liberación, fueron recogidos con toda veneración sus restos y descansan en el cementerio de Burgasé” .

Burgasé fue es una localidad despoblada, del municipio de Fiscal, perteneciente a la provincia de Huesca

Burgasé fue es una localidad despoblada, del municipio de Fiscal, perteneciente a la provincia de Huesca

6.- Asesinato en el cementerio de Fraga de cuarenta personas

El maestro Joaquín Viladrich Vila, ocupaba la alcaldía de Fraga desde marzo de 1936. Militante de Izquierda Republicana, había sido diputado de la Diputación Provincial de Huesca y presidente del Patronato del Hospital Provincial de Barbastro en 1932. El lunes 19 de julio de 1936 o el martes 20 acordaron el maestro José Alberola y él la constitución de un Comité revolucionario. El 21, se les unió la Guardia civil y el 22 comenzaron las detenciones de sacerdotes y laicos .En todos los informes sobre la persecución en las parroquias aparece el dato de que todos en aquella improvisada cárcel del Ayuntamiento de Fraga se confesaron.

La mejor narración de los hechos, vividos en primera persona, es la que realiza José María Chiné, joven herrero de catorce años:

“Por aquel tiempo era muy poca la gente que se enterraba en nichos, pues la situación económica no permitía a mucha gente la adquisición de los mismos.

El que estaba desempeñando la profesión de sepulturero, cuando no había entierros, se dedicaba a abrir grandes fosas que se iban cubriendo a medida que la gente fallecía.

Al llegar a estas fosas, los milicianos detuvieron la dramática comitiva. Como antes he indicado, a la salida de la cárcel los ataron con una larga cuerda por la cintura, al llegar a este punto los fueron soltando uno a uno y les hicieron avanzar hasta el borde de la zanja, para ser abatidos por las descargas de fusilería de los milicianos, así hasta 39. Pocos días después sería enterrado en el mismo lugar el sacerdote de Osso de Cinca, que más adelante relato cómo fue abatido a tiros en las inmediaciones del puente.

Imposible traducir en palabras, la angustia, el terror de aquellos que esperaban el fatídico turno que les iba a alejar para siempre de los seres queridos, de los amigos, de la propia vida, de todo, en pocos minutos.

Según testigos del acto, los que lo observaban desde el exterior, cuando le tocó el fatídico turno al que era hasta aquellos momentos cura párroco de Fraga, al llegar al borde de la zanja dio un fuerte grito de “Viva Cristo Rey”, era lo último que expresaría pues a continuación sonó la descarga que le abatiría hasta caer en la fosa. Se dio otro caso, entre los detenidos había unos que eran padre e hijo, después de haber fusilado al padre, decidieron soltar al hijo, que era muy joven, no sé si tendría unos 25 años, pero él se negó diciendo que quería seguir la suerte de su padre, como así fue.

Era abogado, como su padre, y le gustaba el deporte; en diferentes ocasiones jugó con la U.D. Fraga de aquel tiempo, siendo un excelente delantero centro.

No creo que un fusilamiento de varias personas a la vez y aún mismo tiempo pueda compararse con el sistema que llevo expresado, pues el tiempo se alarga, esperando con horror el fatal minuto.

Como sea que algunos, después de los disparos, aún seguían con vida, no utilizaron el conocido tiro de gracia, si no que, previendo la cantidad que había, llevaron consigo unas latas de gasolina, con las que rociaron los cuerpos, abajo en la fosa, para prenderles fuego a continuación. (Otra vez me siento horrorizado al escribir lo que sigue).

Como antes he indicado, algunos estaban aún con vida y fueron las llamas las que terminaron con la existencia de los supervivientes entre trágicos y doloridos quejidos que fueron extinguiéndose con las últimas vidas” .

Este abogado que quiso morir con su padre es Guillermo Vázquez Moré, de veinticinco años, católico práctico y, como su padre, de varias cofradías .

En el cementerio de Fraga (Huesca) fosa común con las 40 personas a las que se refiere el Dr. Martín Ibarra.

En el cementerio de Fraga (Huesca) fosa común con las 40 personas a las que se refiere el Dr. Martín Ibarra.

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking