Cuaresma y carnaval

Corazón-manos
En estas breves líneas quisiera poner en consideración algunas ideas a destacar, y establecer una relación entre la fiesta del Carnaval que estos días se celebra y la próxima Cuaresma que vamos a comenzar.
El Carnaval es una fiesta que pone su centro en el hombre, mientras que el tiempo de Cuaresma pone su mirada en Dios. En el Carnaval, el hombre necesita ponerse una máscara para ocultarse y pasar desapercibido ante los demás, mientras que en la Cuaresma, cada uno de nosotros, podemos ponernos ante Dios, sin máscaras, porque nos situamos ante quien sabemos nos conoce, y solo él puede ver y comprender nuestras acciones y nuestra debilidad.
El Carnaval produce una alegría pasajera, mientras que la Cuaresma ofrece a cada uno la conversión del corazón y de la vida, para renacer en la Pascua, con una alegría profunda que nace del don del Espíritu.
La fiesta del Carnaval pasa en la historia de quien lo celebra, mientras que la Cuaresma deja en la persona el permanente paso de Dios en ella, que le cambia la vida.
La Cuaresma no es un tiempo triste, sino un tiempo de gozo, en el que poniendo la vista en el Señor, podemos ser transformados. En el Carnaval, el hombre se deja llevar del ruido, y la juerga, mientras que la Cuaresma nos invita a la escucha de Dios, en el interior del corazón, que en la oración nos susurra su voluntad. Por eso, en la Cuaresma, cada uno de nosotros en el silencio interior, se puede dejar llenar del Señor, que nos reclama la caridad con los demás, y la entrega personal, en el día a día.
El hombre, en la Cuaresma, puede vivir la existencia como una fiesta, que tiene como fin, el cambio del corazón, que le hará entrar con gozo en la Pascua. La Cuaresma se convierte en un momento alegre porque el encuentro con el Señor, siempre produce la alegría, para un corazón que se deja tocar por él.
Pero, para poder vivir la Cuaresma con esperanza, se hace necesario, que cada uno de nosotros, se recoja dentro de sí, deje el ruido que tanto le ensordece, para poder escuchar a Dios, y descubra así el don de un Dios, que viene habitar dentro de él. Quizás no solo necesitamos una Cuaresma, sino toda la vida, para descubrir al Dios, que viene habitar con nosotros, para nosotros y en lo más íntimo de nosotros mismos.
Belén Sotos Rodríguez