Amar es una decisión: educar el corazón en tiempos de confusión
‘No vamos a sobrevivir sin esa formación’, advierte Micaela Menárguez.

Caminando juntos hacia el amor maduro: la familia como primer camino de educación afectiva.
Micaela Menárguez, reconocida experta en educación afectiva y bioética, nos comparte sus valiosas reflexiones sobre cómo abordar las relaciones y la sexualidad en la sociedad actual. Con una sólida formación académica, que incluye un doctorado en Farmacia y un Máster en Educación Infantil, Menárguez ha dedicado su carrera a impartir cursos y conferencias sobre educación sexual a adolescentes y padres de familia. Como profesora de Bioética en la UCAM y de Fecundidad y Planificación Familiar en la Universidad San Pablo CEU, ha trabajado con numerosos jóvenes y familias, ayudándolos a desarrollar una visión saludable y responsable del amor y las relaciones.
En esta entrevista, Menárguez nos habla sobre sus libros "Solo quiero que te quieran" y "Solo quiero que me quieran", y comparte sus consejos para criar a jóvenes con una visión positiva y respetuosa del amor y la sexualidad.

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-En sus libros "Solo quiero que te quieran" y "Solo quiero que me quieran", aborda temas como la educación afectiva y la importancia de amar sin miedo. ¿Cómo cree que la sociedad actual está influyendo en la forma en que los jóvenes abordan las relaciones y la sexualidad?
-El primer libro, “Sólo quiero que me quieran” lo escribí para mis alumnos universitarios. Era la frase que ellos repetían cuando hablábamos de sexualidad. Era lo que añoraban y a lo que aspiraban. Lo que pasa es que hasta ese momento no lo habían hablado con nadie y, por lo tanto, estaban un poco perdidos. En ese sentido, la sociedad les había llenado la cabeza de ideas confusas que no los llevaban a la felicidad.

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»El segundo libro me lo pidieron muchos padres y educadores que necesitan hablar con sus hijos y con sus alumnos de sexualidad y no saben cómo. La cultura del sexo como opción de ocio, la banalización de las relaciones sexuales y la falta de formación hacen esa tarea muy difícil.

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-¿Qué papel cree que juegan los padres y la familia en la educación afectiva de los hijos, y cómo pueden ellos mismos superar sus propias inseguridades y miedos para ofrecer un modelo saludable de amor y relaciones?
-La familia es fundamental en la educación de los hijos, y en su seguridad. Lo que pasa es que la educación de la sexualidad es la gran laguna de los padres buenos que quieren hacer las cosas bien. Pero como no saben hacerlo, se lo saltan, confiando en que el colegio lo hará por ellos.
»Para hacerlo bien, los padres necesitan formación. Los cursos como el Experto en Educación Afectivo Sexual de la UCAM, que ofrecemos, forman a padres y educadores para tener los criterios que necesitan para esta misión y, además, les da seguridad. Mi opinión sincera es que, en este momento de la historia, no vamos a sobrevivir sin esa formación.
-En sus libros menciona que el ser humano está hecho para querer y ser querido. ¿Cómo podemos distinguir entre el deseo de ser amado y el amor verdadero, y cómo podemos cultivar este último en nuestras relaciones?
-La mayor confusión que se produce en las relaciones en este momento es pensar que el amor y el enamoramiento son la misma cosa. Amar es tomar una decisión, enamorarse no. El enamoramiento es involuntario, y nos podemos enamorar de alguien que no sea conveniente en absoluto.
»El amor es un acto de la voluntad, que es como una varita mágica que convierte en amor lo que el enamoramiento le propone.
»El ser humano está hecho para querer y que le quieran, es nuestro anhelo más profundo. El amor verdadero requiere un análisis racional de la persona objeto de nuestro enamoramiento para decidir si de verdad podemos construir una vida juntos, un proyecto común. Porque, además de enamorarse, hay que convivir.
-¿Qué consejos daría a los padres para abordar temas como la sexualidad y las relaciones con sus hijos, especialmente en un mundo donde la información es abundante pero no siempre precisa o saludable?
-Los padres tienen la responsabilidad de formar a sus hijos en un tema crucial para su felicidad. Una de las ideas que les doy es que hablen de sexualidad entre ellos, pero delante de sus hijos, comentando alguna noticia de actualidad o algún caso de un conocido cercano. Es una forma de darles criterio sin interpelarles directamente. Los hijos escuchan y si quieren, preguntan en ese momento. O a lo mejor se quedan con la idea y preguntan más adelante.
»Otra cosa que pueden hacer si necesitan formar a un hijo más pequeño, es aliarse con los mayores y que entren en la conversación. De esta manera, les hacemos partícipes de la formación de los pequeños y se convierten en una gran ayuda para los padres.
-En "Solo quiero que te quieran", enfatiza la importancia de la educación afectiva en el hogar. ¿Qué herramientas y valores cree que son esenciales para que los jóvenes desarrollen una visión saludable del amor y las relaciones?
-Lo primero es educar hijos libres. En este tema, como en todos, la elección libre del camino a seguir es lo más importante, de forma que hagan las cosas bien porque ellos quieren hacerlas. Le dedico un capítulo en este libro al “cómo” educar hijos libres.
»La segunda es la voluntad, que es esa herramienta que conseguirá, por ejemplo, que rompan una relación inconveniente, aunque estén muy enamorados.
»Y por último, la solidaridad, la capacidad de hacer cosas por los demás olvidándonos de nuestros propios problemas.
-¿Cómo cree que la fe y la espiritualidad pueden influir en la forma en que abordamos las relaciones y la sexualidad, y qué papel juegan en la educación afectiva?
-La madurez afectiva consiste en hacer lo que queremos hacer, y no lo que nos apetece hacer. A veces, lo que queremos y lo que nos apetece coincide, pero muchas veces no. Por ejemplo, queremos sacar buenas notas, pero tenemos que estudiar mucho, que no nos apetece.
»En ese sentido, la Iglesia Católica ha educado siempre en la trascendencia, en hacer aquello que supone un bien para nosotros y para los demás, aunque a veces no nos apetezca.
»Indudablemente, la capacidad de hacer un esfuerzo por tener una vida ordenada a nuestro bien y al de los demás ayuda muchísimo a la madurez afectiva, y nos prepara para vivir la vida con un gran amor, que es de lo que se trata.
-¿Qué mensaje final les daría a los jóvenes que están buscando navegar las complejidades del amor y las relaciones en la sociedad actual?
-Les diría que cuando se enamoren, se tomen tiempo para conocer al otro, saber cómo es, lo que siente, lo que piensa. Les diría que durante todo ese tiempo no tengan relaciones sexuales, que interrumpen el conocimiento del otro y hacen muy posible que nos equivoquemos en la elección de la persona adecuada para compartir la vida. Les diría también que si en ese proceso se dan cuenta de que no es la persona para ellos, lo dejen sin pena, porque es mucho mejor eso que romper un matrimonio.
»Y sobre todo les diría que ellos son la esperanza del mundo, y son la mía. Que son los dueños del futuro; un futuro que les pertenece y que no pueden dejar que nadie les robe.

Educar en el amor verdadero: padres e hijos forjando vínculos sólidos para navegar la confusión afectiva actual.