La gracia nos une. Comentario para matrimonios: Marcos 3, 20-21
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Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús llega a casa con sus discípulos y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaba ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
La gracia nos une.
Este Evangelio revela la tensión que surge cuando una persona se deja transformar por el amor de Dios. La gracia reordena el corazón, cambia las prioridades y ensancha la capacidad de amar. Sin embargo, esa transformación no siempre es comprendida por quienes están más cerca.
En el matrimonio, esta experiencia se concreta cuando uno de los esposos avanza con mayor rapidez en su camino espiritual. Su amor se vuelve más gratuito y oblativo, mientras el otro puede sentirse desconcertado o inseguro. No obstante, esta diferencia de ritmos no es una amenaza para la comunión, sino un lugar privilegiado donde la gracia actúa.
Desde la lógica del mundo, vivir así puede parecer estar “fuera de sí”. Desde la lógica de Dios, es la verdadera sabiduría del amor que se dona. La comunión matrimonial no se edifica desde la uniformidad, sino desde la acogida mutua y la fidelidad cotidiana.
Quien camina más deprisa está llamado a amar con paciencia y ternura; quien avanza más lentamente, a dejarse alcanzar por la gracia a través del otro. Así, el matrimonio se convierte en un camino concreto de santificación, donde el amor esponsal refleja, de modo vivo, el amor de Cristo que se entrega.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Ana: Edu, últimamente te noto distinto… estás más callado, como si tuvieras la cabeza en otro sitio.
Edu: Ana, desde que hicimos el retiro y tomé conciencia de la grandeza del sacramento del matrimonio, en la oración siento que el Señor me pide quererte como Él te ama, aunque muchas veces no sepa bien cómo hacerlo.
Ana: Cariño, la verdad es que a veces me tienes desconcertada. Antes discutías, te enfadabas a la mínima, y ahora hay momentos en los que parece que todo te da igual…
Edu: Ana, no es que me dé igual. Es que estoy intentando amarte mejor, aunque muchas veces lo haga torpemente y me equivoque.
Ana: Ay, Edu… veo que estás creciendo mucho en tu unión con el Señor, que buscas momentos de intimidad con Él, y yo siento que me estoy quedando atrás.
Edu: Ana, no quiero ir delante de ti. Si algo estoy aprendiendo es que la gracia siempre nos alcanza juntos. El Señor trabaja en cada uno a su tiempo, pero siempre para el bien de los dos. Y yo tengo que aprender a esperarte y a amarte sin exigirte nada.
Ana: La verdad que me da un poco de miedo, pero te pido que tengas paciencia y me acompañes. Aunque avancemos más despacio, que sea unidos.
Edu: Claro que sí cariño. Y si nos equivocamos, que sea confiando más en la gracia que en nuestras propias fuerzas.
Madre,
Acoge nuestro matrimonio, guárdanos en la unidad y condúcenos siempre, juntos, hacia tu Hijo. Bendito y alabado sea por siempre el Señor.