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El exorcista oficial de Vigo: «He llegado a hablar con el demonio, tenía voz gutural y me amenazó»

Recuerda que su primer exorcismo terminó muy mal: el poseído se escapó

Joaquín también aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión.

Joaquín también aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión.YOUTUBE

Redacción REL
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La labor de exorcista en la diócesis de Tui‑Vigo (Galicia, España) recae desde hace cuatro años en Joaquín Sánchez, sacerdote salmantino que también ejerce como capellán de los Hermanos de San Juan de Dios en el Hogar San Rafael. Atlántico cuenta su historia. 

Primero fue nombrado de manera provisional y, más tarde, confirmado de forma definitiva por el actual obispo. Asegura que no duda de la existencia del demonio y que cada año atiende varios casos en Vigo y su entorno, incluido uno reciente que afectó a una joven viguesa.

Antes de llegar a Galicia, su trayectoria misionera lo llevó por África, América y Papúa‑Nueva Guinea, país que describe como uno de los más primitivos del mundo y donde aún pervive la antropofagia ritual. 

Sin embargo, fue durante su larga estancia en Chile donde comenzó a ejercer como exorcista. Recuerda que su primer intento terminó mal: el poseído escapó antes de que pudiera completar el ritual romano. 

Con el tiempo, afirma, aprendió a manejar estas situaciones y todavía tiene muy presente su primer caso exitoso, que incluyó incluso una misa negra.

En Vigo, Sánchez asegura que su actividad es constante, aunque evita dar cifras concretas. Explica que muchas personas acuden a él en busca de ayuda y que, aunque desearía contar con un equipo psiquiátrico para evaluar cada caso, la falta de recursos le obliga a realizar él mismo la valoración inicial

También aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión —fuerza descomunal, hablar idiomas desconocidos o rechazo a objetos sagrados—, aunque admite que en ocasiones pueden aparecer.

Su visión del fenómeno está influida también por la cultura popular. Vio El exorcista durante su etapa en Liberia y reconoce que la película le impresionó, aunque considera exageradas algunas escenas. Aun así, afirma que su impacto fue enorme: tras su estreno, las iglesias del país se llenaron de fieles. "El diablo existe y se manifiesta", insiste.

En su trabajo en Vigo actúa siempre con autorización del obispo. Uno de los episodios más recientes lo llevó a la casa de una familia preocupada por el comportamiento de una chica muy joven, ya evaluada previamente por médicos. 

Sánchez sostiene que en ocasiones puede darse una combinación de trastorno mental y presencia diabólica, y que este era uno de esos casos. Cuando comenzó a hablar con la joven y a pedir a la presencia que se marchara, ella se escondió tras unas cortinas, visiblemente alterada.

Relata también otro episodio que considera especialmente llamativo: asegura que llegó a dialogar directamente con el demonio. Según cuenta, la voz que hablaba a través de la persona poseída era profunda y gutural, y le advirtió que no lograría expulsarla. "Le respondí que sí podría, porque soy servidor de Cristo, y le dije ‘vade retro’". 

Tras una larga confrontación, afirma que la presencia terminó marchándose. Aun así, puntualiza que nunca ha presenciado que alguien hable idiomas desconocidos, y que el llamado “don de lenguas” pertenece más bien al ámbito apostólico.

Su antecesor en el cargo, el sacerdote Ignacio Domínguez, explicaba que existen dos tipos de rituales: el exorcismo propiamente dicho y el rito deprecativo, basado en oraciones destinadas a aliviar a los afectados. 

Recordaba también que la palabra "exorcismo" procede del latín ex orcos, "sacar la mano del Diablo del hombre", y que la referencia fundamental es siempre la doctrina de la Iglesia y la figura de Jesucristo, "el gran exorcista", que distinguía entre curar enfermedades y expulsar espíritus malignos.

Históricamente, los exorcistas fueron laicos en los primeros siglos del cristianismo, y más tarde, a partir del siglo VI, monjes. Durante un largo periodo la Iglesia dejó de practicar exorcismos debido a la mala fama que habían adquirido. No fue hasta el pontificado de Juan Pablo II cuando se volvió a nombrar exorcistas en cada diócesis, recuperando así una práctica que, según Sánchez, sigue siendo necesaria hoy.

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