¿Por qué les molesta demasiado la Cruz de Cuelgamuros?
La Desmemoria Histórica como excusa sensacionalista contra Dios y la Cristiandad en España, sirviendo como ejemplo la cuestión del Valle de los Caídos

Interpretación artística generada con IAG mediante un modelo de creación de imágenes, que reimagina el monumento bajo una noche turbulenta, con pinceladas inspiradas en Van Gogh y relámpagos que atraviesan el cielo.
En los últimos días, la actualidad política, social y cultural española ha tenido diversos titulares de considerable interés. Algunos se han querido acentuar a cuento del quincuagésimo aniversario del fallecimiento del General Francisco Franco (20 de noviembre), quien asumió el poder en España tras la correspondiente victoria en la Cruzada de Liberación del 36".
Recientemente, se puso sobre la mesa un proyecto "supuestamente elegido" para proceder a la eufemísticamente denominada "resignificación" del Valle de los Caídos, ese enclave natural y espiritual que está situado en la zona de Cuelgamuros, que viene a ser uno de los valles de la Sierra de Guadarrama, en pleno noroeste madrileño. Se le ha titulado La base y la cruz, pues en teoría, la Cruz.
Se contempla, aparte de la expresión escultórica relacionada con la Piedad, la construcción de un "centro de interpretación" cuya información no dependerá de lo que resulte de la libertad de opinión e interpretación de ninguna orden religiosa (tampoco de otros agentes orgánicos y espontáneos que pertenezcan a la sociedad civil), sino de lo que dictamine el Gobierno de España (que sería el encargado de hacer hipotéticas nominaciones de "expertos académicos e investigadores") conforme a la "verdad oficial".
De hecho, un 20% del jurado en cuestión estaría comprometido con el laicismo (así como con esa consecuencia decimonónica llamada "masonería"). En ese "comité" figuran Fernando Martínez López, Jordi Martí Grau, Luis Pérez de Prada, María Teresa Verdú Martínez, David Chipperfield, Fuensanta Nieto de la Cierva, María Langarita Sánchez, Cristina Iglesias Fernández Berridi y Elena Calama Martín, con la asesoría de José Ferrándiz Martín y Daniel Alberto Escobar Portillo.
En cualquier caso, el artículo no busca extenderse en exceso sobre ello. Tampoco sobre las distintas versiones históricas en relación con la Cruzada de Liberación o los hechos concretos que se pudieran imputar, en cierto periodo, a los responsables humanos del Terror Rojo Español. Tampoco sobre las motivaciones de construcción de este monumento a la reconciliación de las Españas, bajo criterio de un socialista emeritense llamado Juán de Ávalos.
Más bien, quisiera recordar, con algo más de profundidad, que la izquierda no tiene como objeto final la aparente "reconciliación" que se está vendiendo en los medios de comunicación. Tampoco deplorar sin más a ese gobernante militar que nació en la ciudad portuaria gallega de Ferrol. Las cuestiones relacionadas con este enclave del municipio de San Lorenzo del Escorial trascienden incluso el mero "blanqueamiento oficialista" de las atrocidades de quienes querían convertir a España en un satélite de Moscú.
La aspiración final es la demolición de esa misma cruz que se puede divisar fácilmente desde la Autovía de La Coruña, hacia el noroeste, cuando uno se acerca a los desvíos para visitar la urbe matritense más característica de la Casa de Austria o disfrutar de la naturaleza en Cercedilla y Navacerrada. Alguien dirá que no lo han llevado a cabo, pero también se sabe que hay que "intentar hacer ingeniería social" y "domesticar a la población", para que casi nadie se alborote o escandalice.
En los propagadores televisivos de la propaganda izquierdista y las "verdades oficiales" dictadas desde el Palacio de la Moncloa, se ha pedido abiertamente la liquidación de la Cruz, aunque se hayan utilizado palabras de distinta clase. Ejemplos de ello son ciertas "fantasías" en el programa A partir de hoy de TVE 1, en torno a 2019, o las mofas del famoso presentador y multipropietario de inmuebles de La Sexta que responde al apodo de El Gran Wyoming. Pero, ¿por qué les molesta tanto?
La Cruz es el principal símbolo de representación del Cristianismo. Pero no es un mero elemento decorativo cuyo diseño pudiera ser más o menos azaroso, recordando a distintas cosas. Se trató del soporte de madera en el que Jesús fue crucificado tras negarse a abjurar de sus pretensiones de desafiar al César proclamándose como Mesías e Hijo de Dios. Pero es que su derramamiento de sangre no fue una pérdida de vidas más (en base a un asesinato).
Jesús permitió ser sacrificado por cuanto y en tanto es una figura que profesa amor hacia la humanidad (hasta el infinito), lo que, conforme a la Santísima Trinidad, procura ayudarnos a gozar de lo mejor (sin hedonismos ni lujurias varias). Nos ama y nos protege sin reparar en la irrelevancia o el hecho de que cada individuo de la especie volverá a convertirse en polvo en cuanto y en tanto sea cuerpo (el alma no se vería afectada por ello).
De hecho, su muerte en la colina del Gólgota fue un acto de redención en beneficio de la humanidad, liberándola de la condena perpetua intrínseca a la esclavitud del pecado (con el cual se nace tras las erráticas tentaciones de Adán y Eva). La acción humana, pese a su representación en infinitud de patrones diferentes, puede incurrir en algún que otro acto pecaminoso (ante lo cual se ha de responder con propósito personal de enmienda y de examen de conciencia).
De ahí que, lo que se trata de un mero cruce de líneas (en su momento, unas tablas de madera) represente mucho más de lo que el simplismo no trascendente pudiera considerar ingenua y maliciosamente. Es más, ese símbolo también da sentido a la necesidad de la contricción, el sacrificio y la mortificación y de la afronta valiente de las turbulencias que finalmente fortalecen a las personas con la divina ayuda que corresponda.
La Cruz también puede considerarse como una representación potente de ese orden natural que fue creado de manera espontánea por Dios, por quien es el Padre, dentro de la Santísima Trinidad, junto al efusor Paráclito, al que se le puede confiar más de un devenir para bien. Representa, cualquier caso, poderes salvífico-redentores para con el Hijo de Dios. Ergo, todo eso molesta bastante a quienes secundan las mismas ideas que los promotores de la Desmemoria Histórica.
Da igual que se trate de la multiplicidad de cruces pequeñas en el espacio público que de la construcción de cruces que figuran entre las más altas del orbe terrestre. Es un símbolo que les causa algo más que una mera irritación oftalmológica, porque su significado es estrictamente potente. Es algo más que un mero repelente de todo aquello que con malas pulsiones pretenden representar.
La Cruz también puede ser utilizada para expulsar a modo de extirpado a los malos espíritus que puedan estar contaminando o dominando el alma de razocinio del ser humano (o afectándole de otras maneras en su día a día). Esto se corresponde con una especie de acción de conjuro y combate contra el Demonio, cuyas pulsiones pretenden corromper lo más cotidiano e individual (de ahí que, en su día, la milicia celestial fuese considerada, bajo el liderazgo de San Miguel Arcángel).
Ergo, es altamente comprensible que los ejecutores contemporáneos de los proyectos del proceso revolucionario, en su fase actual, se sientan más que incómodos. Odian el Bien, la Verdad y la Belleza sin ningún pudor, aunque cada cual pueda fijar sus propios grados de intensidad a la hora de actuar. Es más, recordado ha de ser que el socialismo es una ideología satánica que compila todos los pecados capitales.