2º Domingo de Adviento
En este día, la iglesia siempre dirige su mirada a san Juan Bautista, que predica la conversión en el desierto.

Desierto de Judea
Este Domingo vamos al desierto. En este vídeo te explico con detalle el evangelio.
Los famosos eventos del libro del Éxodo no son un evento del pasado, sino del futuro. Para el resto del Antiguo Testamento, lo que Dios realizó en Egipto es signo de la liberación que llevaría a cabo por medio del Mesías, un Nuevo Éxodo.
En el S. II a. C., un grupo fervoroso de judíos, los esenios, emigraron a la zona desértica del Mar Muerto con la clara conciencia de estar viviendo en los últimos días. Pensaban que el Mesías estaba a punto de irrumpir. De este modo, reaccionaban ante la secularización interna de los propios judíos de Jerusalén, especialmente de las clases sacerdotales. En un documento llamado "Testamento de Damasco", este grupo se consideraba a sí mismo como "una voz que grita en el desierto" (Is 40,3) recordando a sus contemporáneos la pronta venida del Mesías. Probablemente, san Juan Bautista no era un desconocido para estos piadosos habitantes del desierto, pero las diferencias son notables. Para los esenios, el camino del Señor se preparaba mediante el estudio de la Torah, para san Juan Bautista mediante la conversión. La gente venía de Jerusalén para confesar su pecados. No hay conversión sin éxodo, sin salida.
Durante los tres últimos siglos, la Virgen María ha aparecido en diversos lugares, pero el denominador común de su mensaje ha sido la conversión. El 24 de febrero de 1858, le dijo a Sta. Bernardette: "¡Penitencia, penitencia, penitencia!"
Me resulta sorprendente que el más grande de los profetas preparó la primera venida de Jesús, pero Cristo mismo ha encargado a su propia madre el anunciar su siguiente venida, para la que nos preparamos durante el tiempo de Adviento.
Como en otros tiempos, también ahora tenemos que salir de la mundanidad, del secularismo reinante. En el libro del Apocalipsis, un ángel grita - poco antes del fin - : "'¡Sal, pueblo mío, de la Gran Babilonia!". Delante de nosotros se abre una perspectiva de misericordia, pero el tiempo es limitado, no sobra. No lo desperdicies.
¡Feliz Adviento!