El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
La misericordia aparente no es verdadera misericordia
🔹San Agustín. El Sermón de la Montaña 2, 2, 9🔹

🔹San Agustín. El Sermón de la Montaña 2, 2, 9🔹
▶️ Espiritualidad Católica/Nueva Evangelización
Muchos dan la limosna exteriormente, y, sin embargo, no la dan interiormente; éstos son los que quieren aparecer misericordiosos por ambición o por algunas otras miras temporales 🔹San Agustín. El Sermón de la Montaña 2, 2, 9🔹
¿Qué más importante para nosotros y para Dios? Las apariencias siempre están detrás de lo que realmente vivimos en nosotros. El valor de una obra no reside únicamente en el hecho externo, la limosna por ejemplo, sino en la disposición de amor a quien necesita de nuestra ayuda.
San Agustín nos muestra la importancia de la interioridad. Dios no mira las manos, sino el fondo de nuestro ser. Dar "interiormente" significa que el acto de misericordia nace de una compasión real por el prójimo y del amor a Dios. No nace del del amor propio y tampoco de el deseo de ser valorado por lo que hacemos. Si el ser no da primero, la mano solo está moviendo materia, no ejerciendo verdadero.
La frase nos alerta sobre un vicio espiritual: la soberbia manifestada como vanagloria. Cuando la motivación de dar es "aparecer misericordiosos", el fin último del acto se desplaza de Dios al "yo". Como dice Cristo en el Evangelio (Mateo 6, 2): "Ya han recibido su paga". Cuando la paga es el aplauso humano, estamos perdiendo el del verdadero sentido del amor.
San Agustín señala que es posible realizar actos santos como dar limosna, rezar o ayunar. Pero estos actos siempre pueden realizarse con fines profanos y egoístas. La santidad nunca es u show sino una transformación interior. La limosna exterior sin la interior es un cuerpo sin alma; parece viva, pero está muerta.
Desde la Evangelización en las Redes nos encontramos con el "Postureo" Espiritual. Las redes sociales son, por diseño, un escaparate de lo exterior, de lo aparente. En redes, es fácil caer en publicar contenido piadoso o caritativo no para evangelizar, sino para construir una marca personal. Cuando un evangelizador digital comparte una foto personal ayudando a un pobre o rezando, debe preguntarse: ¿Busco inspirar a otros hacia Cristo o busco "likes" que alimenten mi ego?
El algoritmo que usan las redes sociales para “hacer brillar” nos habla realmente de de "ambición" del ego. Hoy, esa ambición se traduce en métricas: seguidores, alcance y viralidad. Un evangelizador puede caer en la trampa de moldear el mensaje del Evangelio para que sea más aceptable o popular, sacrificando la verdad interior por el aplauso exterior.
¿Cómo podemos "dar la limosna interiormente" en el contexto digital? Lo primer que es necesario es que la vida real del evangelizador debe sostener su perfil virtual. Si en en las redes predicamos misericordia, pero en la vida privada o en los comentarios anónimos, somos crueles o indiferentes. Estaríamos en la categoría que Agustín denuncia: queremos aparecer misericordiosos.
La limosna es realmente misericordia y requiere contacto humano. En redes, a veces damos "likes" o compartimos causas solidarias mediante una “limosna exterior digital”. Lo hacemos para calmar la conciencia, sin comprometernos realmente con el sufrimiento del hermano.
Para el evangelizador digital, esta frase es una advertencia contra convertir el apostolado en un espectáculo. La eficacia de la evangelización no depende del número de vistas, sino de la autenticidad del testimonio.
San Agustín nos invita a una unificación de vida. Tanto en la práctica espiritual tradicional como en la moderna misión digital, la advertencia es la misma: Dios no puede ser engañado por las apariencias. La verdadera misericordia siempre es silenciosa por su origen interior, aunque sea visible en sus frutos.
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