Religión en Libertad

Austin, el héroe de 13 años que nadó 4 horas para salvar a su familia: «Fue Dios. Me voy a bautizar»

El joven australiano halló en la fe la esperanza y fuerza para sortear los 4.000 metros que situaban a su madre y hermanos entre la vida y la muerte. 

Austin nadó 4 kilómetros hasta la orilla para dar la alarma tras ser arrastrado por el mar con su madre y sus hermanos.

Austin nadó 4 kilómetros hasta la orilla para dar la alarma tras ser arrastrado por el mar con su madre y sus hermanos.

José María Carrera Hurtado
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Aún no ha pasado una semana desde que Austin Appelbee, joven de 13 años, fue descrito como un “verdadero héroe de Australia” tras nadar durante cuatro horas para salvar a su familia de una muerte más que probable. Su historia épica aún es tendencia. Comenzó cuando quedaron varados en pleno mar, a 4 kilómetros de la costa, mientras una tormenta se precipitaba sobre su familia, aferrada a un kayak. En su extenuante travesía buscando ayuda, agotado, la fe era su esperanza y fortaleza. Hoy, no duda en afirmar ante los medios que no fue él quien lo logró, sino Dios. “Fue Él, todo el tiempo”.

El episodio comenzó el 30 de enero, cuando la familia Appelbee fue a navegar en kayak a la playa de Auindalup. Austin, de 13 años, estaba con su madre Joanne, su hermano Beau (12) y su hermana Grace (8), cuando el mar comenzó a embravecerse y a arrastrar la embarcación hacia el interior.

Joanne se vio obligada a tomar una de las decisiones más difíciles que recuerda hasta la fecha. “Tuve que decirle a Austin que intentase llegar a la orilla y conseguir ayuda, [la situación] podría ponerse muy seria rápidamente. Sabía que él era el más fuerte y podía hacerlo”, recuerda.

Solo, en plena mar

La distancia no hizo dudar a Austin. Tampoco el mar embravecido, las imponentes y crecientes olas. Ni siquiera la más que probable presencia de peligros en la zona, Geographe Bay, donde predomina el tiburón ballena. El mismo día antes del incidente fue notificado un aviso de avistamiento de un tiburón de dos metros en la zona. Incluso él mismo dudaba de haber visto uno en su travesía.

"Empecé a remar hacia la orilla en el kayak... pero seguía llenándose de agua y yo estaba luchando contra un mar agitado y entonces creí ver algo en el agua y me asusté mucho", declaró.

Decidido, el joven continuó nadando, alternando durante 4 horas crol, braza y espalda de supervivencia, buscando optimizar el tiempo, salvar a su familia y sobrevivir.

Pronto, el adolescente fue consciente de que el salvavidas le retrasaba y dificultaba en su avance.

“Me lo quité, me até la cuerda al pie, pero seguía sin funcionar. Así que tuve que desatar el chaleco salvavidas y nadar, sin nada, hasta la orilla”, explicó.

“No fui yo, fue Dios quien lo hizo. Todo el tiempo”

Sin protección ni salvavidas, el joven se llenó nuevamente de valor y se dijo a sí mismo que lo lograría, mientras pensaba en sus amigos del colegio y de su grupo juvenil cristiano.

La fe no tardó en ocupar buena parte de sus pensamientos. Durante las siguientes dos horas, explica, “la oración, las canciones cristianas y los pensamientos alegres fue lo que me impulsó a seguir adelante”.

Exhausto, más tarde reconoció que llegar a la costa fue un hecho más atribuible a una intervención divina que a su propia fuerza.

“No creo que fuera yo quien lo hizo, fue Dios, todo el tiempo. Seguí rezando y rezando y le dije a Dios: 'Me voy a bautizar, me voy a bautizar'”.

Tras cuatro horas, el joven llegó exhausto a la orilla. Pero la agonía no había terminado. Aún tendría que correr dos kilómetros hasta llegar a un teléfono desde el que poder alertar a las autoridades, que se pusieron en marcha de inmediato. 

“Pensé que definitivamente era el fin”

Austin lo había logrado. Pero su familia no solo seguía en peligro, sino que se había adentrado aún más en la inmensidad. Joanne era consumida por la ansiedad al ser consciente del riesgo de muerte en que estaba su familia y sin saber si su hijo se encontraba a salvo.

Al principio trataron de mantenerse positivos a la deriva, cantando, bromeando y considerándolo un juego. Pero conforme el sol se desvanecía, el mar se agitaba cada vez más, el oleaje los arrastraba sin tregua y la esperanza daba paso al miedo.

“Cuando se puso el sol, pensé que algo había salido terriblemente mal. Mi temor era que Austin no lo hubiera logrado. Cuando oscureció, pensé que nadie vendría a salvarnos”, relató ella.

Llegado un punto, la madre de los Appelbee admitió de que se había preparado mentalmente para la muerte de sus hijos mientras trataba de consolarlos. “Definitivamente, era el final”, pensaba.

Finalmente, la acción coordinada de la Policía Acuática de Australia Occidental, un helicóptero de rescate y la Naturaliste Marine Rescue lograron salvar la vida, in extremis, de madre e hijos.

Un verdadero héroe

Días después, durante sus apariciones en medios, aún se podía ver al joven Austin apoyándose en muletas para caminar debido al esfuerzo. Según le dijeron, el desgaste físico que llevó a cabo equivalía a correr dos maratones.

La hazaña del joven fue tal que llegó a las autoridades nacionales. El inspector de policía James Bradley admitió que su gesta era incalificable y su determinación y valentía fueron, a decir de experimentados rescatistas, “sobrehumanos”.

El primer ministro Roger Cook elogió a Austin en las redes sociales y declaró que era un "verdadero héroe del oeste de Australia".

"La valentía de Austin va más allá de su edad, mostrando un coraje, una resiliencia y una determinación notables frente al peligro real", escribió.

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