Religión en Libertad

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¡Escuchad vosotros, necios, que jugáis a mataros sobre una mota de polvo suspendida en el vacío celeste! Escuchad, vosotros que peleáis con saña de hiena por ser los reyes de un hormiguero microscópico: mientras hacéis el inventario de vuestros arsenales atómicos, capaces de pulverizar mil veces este grano de arena que llamáis Tierra, os habéis dejado robar lo único que impedía que el universo fuera un cementerio helado: la Esperanza.

¡Basta de fúnebres lamentos! Vengo a anunciar una noticia tan violenta que debería hacer estallar vuestros cráneos de hormigón: ¡HEMOS GANADO! La guerra ha terminado, aunque el estruendo de los misiles y las bombas, y el silbido de las enfermedades sigan rasgando el aire. Es una nueva urgente, de vida o muerte eternas: ya NO es posible desesperar. La Luz no ha "negociado" con las tinieblas; la Luz las ha devorado. Cristo no ha sobrevivido a la muerte; la ha aniquilado, la ha dejado reducida a una cáscara vacía, a un espantapájaros que solo asusta a los que no tienen ojos para ver. Ni oídos para oír. 

Hay un consuelo bajo la metralla, un bálsamo en el fango de la pobreza y una música celestial en el corazón del dolor más lacerante. ¿Qué son vuestras guerras de insectos frente al triunfo del Resucitado? Os matáis por un palmo de tierra mientras se os ofrece el Infinito. ¡Sordos y guías de sordos!

Y nosotros, ahora, los padres cristianos, ¿qué clase de esperanza les damos a nuestros hijos? ¿Les damos acaso una "educación" para que sean esclavos eficientes en este hormiguero? ¿Les damos una seguridad de papel que se quema al primer soplo de una desgracia? ¡Malditos seamos si no les damos la Verdad, la Vida y el Camino! 

Nuestra única herencia, nuestro único deber, es gritarles al oído que la muerte es una mentira, que el dolor es el crisol del oro y que la Victoria ya está firmada con sangre divina.

Es urgente que el mundo sepa lo que la sabiduría de los santos susurra entre las llamas de la persecución. Como escribió Juliana de Norwich con la serenidad de quien ha mirado al abismo y solo ha visto Amor: "Todo está bien. Todo ha estado bien. Todo estará bien".

No es un optimismo barato de psicólogo de Instagram; es la certeza absoluta del que sabe que el General ha tomado la plaza. ¡Alegraos en mitad del incendio! ¡Cantad bajo las bayonetas de la miseria y del dolor! Porque el Rey ha vuelto, la tumba está vacía y nosotros, los pequeños, los pobres, los que no somos nada más que polvo en este antiguo valle de lágrimas obsoleto, nosotros somos los herederos de un Reino que no conoce el ocaso.

¡Anunciadlo! Gritadlo hasta que se rompan vuestras gargantas: ¡La Vida ha vencido! El resto es solo ruido y trajín de hormigas que, como dementes, se creen dioses.

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