Los protestantes en Guatemala
Leo en un artículo que, en Guatemala, el 50% de la población se declara ya perteneciente a alguna confesión cristiana no católica y que a diario 8.000 católicos en América se hacen protestantes. Las causas y motivos evidentemente serán variados y complejos. Solamente voy a hacer una pequeña reflexión.
Querido contertulio del blog, ¿con qué facilidad cambiarías de religión o de confesión religiosa? La respuesta, sin duda ninguna, variará según cuál sea la profundidad de tu fe, si es más o menos inercial, si la vives más o menos por delegación, etc. Cuanto más superficial sea la vivencia de un credo, más fácilmente cambiará uno a otro. Habrá casos y casos, pero, manejando cifras estadísticas, lo obligado son las generalizaciones. Y aquí viene una. Poca profundidad debe de tener el catolicismo en millones de hispano-americanos cuando cada día 8.000 dejan de serlo. Y esto me lleva a la siguiente generalización que, como todas, será injusta con los casos concretos. ¿Por qué tanta superficialidad? ¿Serán malos los pastores? ¿Tendrá la culpa la llamada teología de la liberación? Creo que esto nos debería llevar a plantearnos muy en serio, no solamente en ese continente, sino en toda la Iglesia, el modo en que de hecho se da la evangelización (anuncio del evangelio/iniciación cristiana/pastoral). ¿Está a la altura de los tiempos o solamente nos limitamos a blanquear la fachada sin meternos a fondo en el tema? ¿Qué importancia tiene de hecho la fe y la maduración de la misma en la recepción de los sacramentos o en la catequesis? ¿Seguimos operando, en líneas generales, como si aún estuviéramos en tiempos de cristiandad? El arraigo de la fe lo es siempre personal. Si me bautizaron de pequeño, tarde o temprano tendré que hacer mío o no lo que recibí de mis padres. Si no he hecho mía esa fe recibida o nunca la recibí de niño, entonces habrá que esperar a la conversión. Para lo cual es necesario que la Iglesia, por tanto, que los católicos anunciemos el evangelio allí donde estén en medio del mundo. Una vez que hay plantita, esta tiene que crecer; lo que requiere un adecuado itinerario de iniciación cristiana. Si no hay esa primera conversión, no hay propiamente catequesis; habrá otra cosa. Si no se quiere ser cristiano, lo que habrá que hacer será anunciar a esos sujetos, aunque estén en un grupo parroquial, el evangelio. Y el que haya terminado el camino de iniciación cristiana, debería de encontrarse con que luego tiene dónde vivirla y con quién vivirla. Esto es sumamente elemental, pero tomado en serio y en profundidad produciría cambios muy notables en la vida de la Iglesia. Probablemente sea un poco pesimista, pero me da la impresión de que nos falta mucho en este camino. Ante las malas noticias, una primera reacción suele ser defensiva. Negar la realidad, echar la culpa a determinadas circunstancias, etc. Si además de malas noticias, estamos ante algo no puntual, no de un día, sino de algo que marca una época, entonces creo que hay un mayor motivo para que las circunstancias sean eso, circunstancias, y nos miremos a nosotros mismos para iniciar una reflexión y un cambio en toda regla. Por cierto, durante siglos, el porcentaje de personas bautizadas en la Iglesia Católica ha sido muy elevado en la América hispana y, sin embargo, el número de vocaciones al sacerdocio ha sido bajo. ¿Por qué?