Religión en Libertad
Bad Bunny en la Superbowl

Bad Bunny en la Superbowl

Creado:

Actualizado:

Las letras de Bad Bunny han estado marcadas por una hipersexualización constante y una denigración pornográfica evidente de la mujer. Basta que leáis la letra de canciones "Baticano", "Estamos Clear" o "Safaera". 

Hoy muchos lo idolatran no por lo que dice sino porque nombra su país. ¿Basta una bandera para olvidar letras, actitudes y mensajes? El nacionalismo emocional anestesia el juicio crítico. De esto también hay que hablar en otro post, pues la actuación de Bad Bunny en la Superbowl ha recogido un sentimiento de pertenencia de los pueblos americanos. Lo haremos.

En el personaje de Bad Bunny no ha habido conversión moral ni cambio de mensaje. Lo que ha cambiado es el marco sentimental desde el que se le ha escuchado en la final de la Superbowl, emocionado a las masas al mandar un mensaje como que los pueblos latinos estaban tomando EEUU. 

Cuando algo refuerza nuestra identidad colectiva tendemos a perdonarle todo lo demás. Populismo musical. 

El hecho de que mencione un territorio no redime letras que siguen cosificando a las mujeres, ni actitudes que siguen degradando las relaciones sexuales y educando en esa visión pansexualista a generaciones enteras de jóvenes. Niños y niñas que piensan que el sexo es una canción de Bad Bunny. 

El contenido no se purifica por el contexto. El mensaje no cambia porque te emocione.

La hipersexualización en sus letras no aparece como un lenguaje poético sino como un gancho de consumo. El cuerpo de la otra persona no es un misterio ni el acto sexual encuentro, sino que para Bad Bunny somos objetos, mercancías, herramientas narrativas para provocar y vender sus canciones. 

La mujer suele aparecer en sus letras como escenario del deseo ajeno, como un muñeco para el desahogo afectivo. No aparece como lo que es en verdad: única con un corazón que quiere ser amado bien, de manera exclusiva y total. Al contrario, Bad Bunny presume de tener muchas novias con las que darse capricho en cada momento y lugar. Esa canción estáis aplaudiendo. 

En la música de Bad Bunny no hay relación, hay uso. No hay diálogo, hay apropiación. Lo contrario de amar es utilizar, decía Juan Pablo II

Esta visión tiene consecuencias culturales profundas. Cuando se repite, educa. Cuando se canta forma imaginarios. Lo que se normaliza con la música termina filtrándose en la mirada cotidiana. ¿Exagero? No. Me quedo corto.

El sexo vende muy bien, los publicistas lo saben. En la música cuando un artista no sabe hablar del amor, del dolor o del sentido, recurre al cuerpo como atajo pues el cuerpo femenino funciona como muleta narrativa: tapa la pobreza del mensaje y distrae del vacío. Mucha carne, poca profundidad. 

El cuerpo como escaparate, la mujer como cebo. No dice nada bueno pero a la gente le encanta.

Resulta paradójico que muchos que dicen defender a la mujer aplaudan letras que la reducen a un cuerpo disponible 24/7 para satisfacer los impulsos sexuales del hombre. ¿Acaso es porque estas letras vienen envueltas de éxito, fama o una estética transgresora? Para pasar el filtro de las masas esta hipersexualización se disfraza de empoderamiento femenino. Pero la mujer no gana nada, solo pierde bajo la visión codificadora. Quien obtiene beneficio es el mercado. 

Cuando el deseo se convierte en producto, la persona desaparece. Solo quedan impulsos, estímulos y vacío. No todo lo que suena moderno es progreso. La música de Bad Bunny son desprecios viejos traídos con ritmos nuevos y muy pegadizos.

No olvides que la música que olvida la dignidad de la persona es banal ruido, por muy bien que te suene que nombren tu país. Piensa o pensaran por ti.

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking