¡Viva el Rey!
Y hoy queridos amigos, no querría dejar pasar la bella oportunidad que me brinda esta columna sin expresar un sentido, profundo, íntimo “¡Viva España! ¡Viva el Rey!”, que no por sentido, profundo e íntimo, quiero proclamar sin compartirlo con Vds. a través de los chips que cada vez más, nos unen a todos. Y al mismo tiempo, desearle al nuevo rey de España, Felipe VI, un largo, venturoso y feliz reinado, porque en la medida en que sea largo, feliz y venturoso para él, lo será también para todos sus compatriotas, entre los que estusiásticamente me cuento y también a todos Vds. que así lo sientan y así lo deseen.
Un reinado en el que no falten la paz, la prosperidad y la libertad que son los pilares sobre los que reposa el bienestar y, por qué no reconocerlo, también la felicidad en buena medida. Pero un reinado que sirva sobre todo y de una vez y para siempre, para que los españoles nos sacudamos por fin tantos complejos ancestrales, terribles y embrutecedores que nos atenazan, los cuales nos impiden ser y expresarnos como lo que verdaderamente somos: una nación, una única nación, una antigua nación grande y auténtica, original y diferente, con un cultura, con una geografía, con una idiosincrasia, con una personalidad, con un historia ricas, bellas y poderosas, que, curiosamente, reconocen hoy mejor los que no son españoles que los que sí lo somos, y sin las cuales, el mundo no sólo sería diferente, sino también, -no les quepa de ello la menor duda-, mucho peor.