De San Antón, patrón de los animales y creador de la vida monacal
Uno de ellos al menos. En dura competición -como ya tuvimos ocasión de ver en el que lo es de los abogados, San Raimundo de Peñafort (pinche aquí para conocer el caso)-, con otro santo, en este caso San Francisco de Asís, aunque por lo menos en España, con mucha más tradición.
| San Antonio según representado en Der Mar Anthonios San Antón o San Antonio Abad, como es generalmente conocido, no es cualquier santo, sino entre otras cosas y quizás la principal, el fundador del monacato. La principal fuente que disponemos sobre su vida es la “Vida Griega” atribuida a San Atanasio, y junto a ella, la famosa colección de dichos y hechos de los padres del desierto conocida como “Apophthegmata Patrum”, la “Historica Lausiaca” de Paladio, y la “Vida de San Pablo el Ermitaño” de San Jerónimo. Todo lo cual no obsta para que hayan existido intentos incluso de negar su existencia, como el realizado en 1877 por H. Weingarten y sus seguidores Gass y Gwatkin. A tenor de lo sostenido en dichas fuentes, Antonio habría nacido en Coma, cerca de Heracleópolis Magna en Fayum, en Egipto, hacia el año 251-252. De familia acomodada, a los veinte años pierde a sus padres y fiel al mensaje evangélico, se desprende de cuanto tiene y se retira del mundo. Primero se establece en un cementerio cerca de su aldea nativa, en el que registra extraños episodios con demonios en forma de bestias salvajes con los que se bate a muerte. Pero teniendo treinta y cinco años, da una vuelta de tuerca a su vida de eremita, cruza el Nilo, y se retira al monte Pispir, hoy Der el Memum, en el que pasa veinte años en absoluta soledad, con la escasa ayuda de algunas personas que le lanzan comida por encima del muro de su humilde morada. Allí le salen una serie de émulos que se establecen en cuevas y cabañas cercanas, formándose una incipiente colonia de ascetas que lo adopta como modelo.
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