Religión en Libertad
Marta Rodríguez

Marta Rodríguez

Género, sexo y educación: claves para afrontar el desafío actual

Un programa 100% online da respuesta a la necesidad de acoger con Verdad y Caridad en el ámbito educativo y pastoral.

Los jóvenes perciben las cuestiones de género con mucha sensibilidad hacia las experiencias muy cercanas.

Los jóvenes perciben las cuestiones de género con mucha sensibilidad hacia las experiencias muy cercanas.Siora Photography / Unsplash.

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Necesitamos ofrecer una mirada amplia, rigurosa y esperanzada sobre uno de los retos antropológicos, educativos y pastorales más relevantes de nuestro tiempo. 

Introducción

La cuestión del género no puede seguir siendo abordada de manera reactiva, defensiva o meramente ideológica; exige una comprensión profunda de la experiencia de los jóvenes y un esfuerzo serio de diálogo desde categorías capaces de iluminar dicha experiencia.

Hablar hoy de género implica reconocer que nos encontramos ante un cambio cultural profundo que afecta a la comprensión de la persona, del cuerpo y de la identidad. Por ello, el enfoque propuesto no pretende ofrecer respuestas simplistas, sino abrir caminos de comprensión, acompañamiento y formación sólida.

1. Los jóvenes y el laberinto cultural del género

Para describir el contexto actual, utilizo la imagen del laberinto. Los jóvenes viven inmersos en un entramado complejo de discursos, conceptos y narrativas sobre el género que configuran su modo de pensar y de situarse ante la realidad. Este laberinto no afecta únicamente a quienes atraviesan experiencias personales de cuestionamiento identitario, sino también a muchos jóvenes que, aun deseando una vida familiar estable, han interiorizado profundamente las categorías culturales dominantes.

Uno de los principales problemas educativos es que los adultos -padres, docentes y agentes pastorales- desconocen en gran medida el funcionamiento interno de este laberinto. Se produce así un fuerte desajuste entre el lenguaje y los registros utilizados por unos y otros. Mientras los adultos suelen abordar la cuestión desde claves políticas, ideológicas o normativas, los jóvenes lo hacen desde una clave existencial, relacional y afectiva.

Para ellos, el debate sobre el género está inseparablemente vinculado a rostros concretos, a historias personales y a experiencias de sufrimiento. Por esta razón, muchos jóvenes interpretan el discurso adulto como una validación o condena de personas cercanas. Este desencuentro explica el silencio que rodea el tema y la dificultad para establecer un diálogo educativo fecundo.

2. La imagen del iceberg: persona, identidad y diferencia sexual

La segunda imagen clave es la del iceberg, que permite articular una comprensión antropológica más profunda y matizada. Esta imagen ayuda a distinguir entre la persona en su realidad ontológica y la conciencia que la persona tiene de sí misma. Desde una antropología cristiana, la persona es radicalmente sexuada: la diferencia sexual no es un mero dato biológico, sino una dimensión constitutiva que atraviesa toda la persona y se expresa de modo privilegiado en el cuerpo.

Al mismo tiempo, la identidad en sentido psicológico es un proceso dinámico y complejo, en el que intervienen la experiencia corporal, la historia personal, la cultura y la libertad. La persona es siempre más que su autopercepción. En este sentido, se puede afirmar que se nace mujer o varón, pero que también uno se hace mujer o varón en un proceso de integración que dura toda la vida.

Esta distinción permite sostener la verdad de la diferencia sexual sin negar la complejidad real de las experiencias personales. Asimismo, ofrece un marco adecuado para el diálogo con los jóvenes, evitando reduccionismos tanto biologicistas como subjetivistas.

Marta Rodríguez es autora de 'Género, jóvenes e Iglesia'.

Marta Rodríguez es autora de 'Género, jóvenes e Iglesia'.Ediciones Encuentro

3. Cambio de época y traducción cultural

La dificultad para abordar el tema del género no puede entenderse al margen del cambio de época que atravesamos. Han cambiado las sensibilidades, los referentes simbólicos y las palabras que generan adhesión o rechazo. En este contexto, muchos discursos formulados en categorías abstractas o puramente normativas generan una reacción defensiva inmediata.

Esto no exige renunciar al contenido, sino asumir la necesidad de una traducción cultural. La tarea educativa consiste en ayudar a pasar de una comprensión superficial a una visión más profunda de la persona, utilizando un lenguaje capaz de conectar con la experiencia vital de los jóvenes.

4. El camino educativo y pastoral

La tercera imagen es la del camino. No existen soluciones inmediatas ni respuestas universales. El acompañamiento requiere tiempo, paciencia y una profunda confianza en la capacidad del joven para buscar la verdad. Es fundamental crear espacios seguros de diálogo, donde sea posible expresar preguntas y dudas sin miedo al juicio.

El acompañamiento no consiste en imponer respuestas, sino en ayudar a interpretar la propia experiencia. El modelo de Jesús con los discípulos de Emaús resulta aquí paradigmático: caminar juntos, escuchar, formular preguntas y ofrecer claves que permitan releer la propia historia desde un horizonte más amplio.

Conclusión

El desafío del género constituye una oportunidad decisiva para repensar la tarea educativa y pastoral. Reconocer que no siempre se ha abordado adecuadamente este tema no es motivo de desaliento, sino una fuente de esperanza. Los jóvenes están bien hechos, conservan la capacidad de reconocer la verdad y la belleza, y esperan de los adultos una palabra clara, empática y verdaderamente humana.

Afrontar este desafío exige formación, trabajo en equipo y comunidades que caminen juntas. Solo así será posible ofrecer una respuesta educativa y pastoral auténtica, capaz de acompañar a los jóvenes en la búsqueda de una verdad que libera.

Desde la Universidad Francisco de Vitoria y el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum lanzamos hace dos años un Programa Experto en Género, Sexo y Educación 100% online para dar respuesta a esta necesidad y aprender a acoger con Verdad y Caridad.

En enero de 2026 comienza la IV Edición y aún hay plazas disponibles para aquellos que buscan formarse para acompañar a otros, o para su propia vida. La web de inscripciones incluye más información.

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