Sin embargo, la iconografía coetánea (ver ilustraciones arriba) las asocia indudablemente al género mujer-pájaro más que al género mujer-pez.
Es seguramente la iconografía posterior la que prefiere dar una nueva dimensión al mito, asociándolo a unos seres mucho más sensuales, las sirenas-pez, emparentadas con otro ser mitológico cual es el de nereidas y náyades, mujeres completas que viven en el fondo de los mares las primeras, en el fondo de los ríos las segundas.
Ulises y las sirenas. Herbert James Herbert (1909).
Las sirenas van perdiendo la cola de pez a medida que van saliendo del agua
Las leyendas sobre sirenas o seres asimilables a sirenas no son privativas de la mitología griega, abundando en toda Europa. En Gales es muy conocida la historia de Dahud, la princesa de Caer Ys, una ciudad que, debido a los pecados de su princesa, es condenada por los dioses a ser pasto de las olas. Cuando Dahud cae al mar, es transformada en sirena, nadando entre las ruinas de Caer Ys.
Otra leyenda muy popular en Gales es la de Murgen, sirena capturada y bautizada, a la se enseñó a hablar y que era capaz de vivir bajo el agua, la cual aparece de hecho como una especie de santa en ciertos almanaques antiguos. En la mitología escocesa, hay una sirena llamada Ceasg o “doncella de las olas”, mezcla de mujer y salmón. A todo aquél que la captura se le conceden tres deseos si la devuelve al agua, pero es arrastrado por la sirena a las profundidades si sucumbe a sus encantos. Sin salir de Escocia, los selkies son hadas marinas con forma de foca, capaces de deshacerse de su piel y tomar forma de mujer para vivir en tierra firme. También en España existen leyendas con sirenas. En Castrourdiales (Cantabria) es famosa la historia de la Sirenuca, una sirena buena que con sus cantos, alerta a los marineros que se acercan peligrosamente a los acantilados, en origen una niña cuya madre, harta de que se escapara para irse a los acantilados, le gritó “¡haga Dios que te vuelvas pez!”, a lo que el Sumo Hacedor le respondió convirtiéndola en sirena. En Garrovillas se cree que hay una sirena que nada por las aguas del Tajo. Aparecen sirenas también en los cuentos de “Las mil y una noches”. En el titulado “La ciudad de bronce” se las describe así: “Maravillosas criaturas de largos cabellos ondulados como las olas, cara de luna y senos admirables y redondos y duros cual guijarros; pero desde el ombligo carecen de las suntuosidades carnales que son patrimonio de las hijas de los hombres y las sustituyen con un cuerpo de pez que se mueve a derecha y a izquierda, de la propia manera que las mujeres cuando advierten que llaman la atención. Tienen la voz muy dulce, y su sonrisa resulta encantadora; pero no comprenden ni hablan ninguno de los idiomas conocidos, y conténtanse con responder con la sonrisa de sus ojos a todas las preguntas que se les dirigen”.
Colón en los mares. Grabado por Theodor De Bry.
Pero quizás el testimonio más interesante sobre sirenas, por su carácter histórico, tal vez sea éste incluído en el “Diario de Cristóbal Colón” de su primer viaje a América. Esto es lo que leemos en la página correspondiente al 9 de enero de 1493:
“El día pasado, cuando el Almirante iba al Río del Oro, dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vio algunas en Guinea, en la Costa Manegueta”.
No es un relato a desdeñar, ni tampoco exactamente fantástico. El Almirante no dijo haber oído sirenas, dijo haberlas visto. Y desde luego afirmó que no eran hermosas (como se acostumbraba a creer) y que tenían “forma de hombre en la cara”, y nada más, ¿Acaso no describía una beluga como Noc?
Hans Christian Andersen
No se puede terminar este relato sin hacer una referencia al cuento de “La sirenita”, de Andersen, cuya protagonista es una preciosa sirenita capaz de entender y hablar la lengua de los hombres. Un personaje tierno y enamoradizo que salva a un apuesto príncipe de naufragar. La joven sirena se enamora del príncipe y para poder estar con él, hace un pacto con la Bruja del mar, por el cual, la hechicera la transforma en humana, pero si el príncipe se casa con otra, la sirenita moriría. En pago de sus favores, la bruja le corta la lengua y se queda con su bella voz.
El príncipe, tras tener un idilio con la sirena, se casa sin embargo con una joven de su clase. Las hermanas de la sirena le ofrecen entonces un cuchillo mágico que le devolverá la cola si mata al príncipe, pero en la sirena prevalece el amor sobre la venganza, y se deja convertir en espuma de mar antes que matar a su amor. Su bondad le es recompensada con un alma inmortal. Pues bien, éste es el cuento que Disney desarrolla tan tiernamente, tergiversándolo un poco para darle un final más cinematográfico, en el que la Sirenita termina recuperando al tiempo el amor del príncipe y la voz.
La Sirenita de Copenhage
Esculturas de sirenas abundan por el mundo entero. Una de las más bonitas es la del Monumento a Alfonso XII del Retiro, en Madrid. Pero indiscutiblemente la más famosa es la que constituye la principal seña de identidad de la ciudad danesa de Copenhage, ciudad de Hans Christian Andersen por otro lado, si no en la que naciera, sí en la que vino a morir.
©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) Salvando delfines en una playa de BrasilDel estricto protocolo para hacer una llave en una ferretería argentina De un anuncio de cerveza que aúna todo aquello que nos ha llevado a la presente situaciónDe la película “Biutiful”, de Iñárritu