La conversión de Gingrich no fue repentina sino producto de un largo proceso intelectual. Da fe de ello Mark Rozell, científico de la George Mason University, quien remarca que “Newt es un doctor en filosofía (Ph.D.), un antiguo profesor, un hombre que ama los libros y las grandes ideas, y existe desde luego una tradición intelectual muy profunda en la Iglesia Católica”. Uno de los hitos de ese proceso será el libro de su autoría “Redescubriendo a Dios en América”, en el que habla por ejemplo del “esfuerzo secular por relanzar el sentido de la vida espiritual”.
Parece ser que la influencia de la Iglesia Católica en la historia, y en particular, su papel en la caída del Telón de Acero, tuvieron gran influencia en la conversión. De hecho, cuando el propio Newt ha de definirla, lo hace en estos términos: “Es reconfortante tener dos mil años de profundidad intelectual rodeándote”. Si bien el momentum definitivo se produjo con la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos en 2008, según el propio Newt reconoce: “La alegre y radiante presencia del Santo Padre representó para mí un momento de confirmación de las muchas cosas en las que había pensado y experimentado en los últimos años”. Las personas del círculo cercano a Gingrich admiten en él un cambio sustancial con su conversión: “Parece mucho más sentado, más cómodo en su propia piel, menos agresivo” afirma Raymond Arroyo, director de la cadena católica de televisión EWTN, amigo del candidato republicano por haber cubierto su campaña en los años 80. Pero como nunca falta un roto para un descosío, tampoco falta quien cree que todo es una hábil estratagema política para atraerse el voto protestante, al parecer, menos beligerante hacia el catolicismo que hacia el baptismo “del sur” en el que militaba Newt. Si bien, reconózcanmelo, el argumento se revela tirando a pobre, y no se entiende por qué, de haberse tratado de una estratagema, no la habría consumado Newt convirtiéndose directamente al protestantismo.
Newt Gingrich y su esposa, Callista Gingrich, nacida Bisek
Lo más probable es que como tantas veces ha ocurrido desde el principio de los tiempos, y en la historia de las conversiones al cristianismo más, en la base de toda la historia se halle una mujer, en este caso bien identificable: su tercera esposa Callista, con la que se casó en el año 2000, después de un largo historial de matrimonios frustrados e infidelidades. Callista (no es su profesión, es su nombre, en español sería Calixta, un precioso nombre de mujer), que se define a sí misma “como una persona muy espiritual”, es católica y forma parte del coro de la Basílica del santuario nacional de la Inmaculada Concepción de Washington. Según confiesa Newt, es “inflexible con la misa”, lo que ha convertido la presencia dominical del candidato republicano en la basílica de cuyo coro forma parte Calixta, en un espectáculo cotidiano en la vida de la parroquia. Ni que decir tiene que si Gingrich (o Santorum) ganaran las primarias republicanas y acto seguido las elecciones presidenciales del próximo día 6 de noviembre, sería, cualquiera de ellos, el segundo presidente católico de los cuarenta y cinco que, incluído él mismo, hasta la fecha han sido. Y después, como bien sabe todo el mundo, de John Kennedy, que lo fue entre 1961 y 1963. ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema ¿Un mormón en la Casa Blanca?Del debate sobre el aborto en el Partido RepublicanoDe las preocupaciones de los católicos franceses De la apuesta de Obama por el matrimonio gay