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El Cura Valera ya es beato: «Miró todo y a todos con los ojos de Jesús»

Salvador Valera Parra fue declarado beato durante una celebración presidida por el cardenal prefecto Marcello Semeraro.

Semeraro evocó la vida del nuevo beato como la de un sacerdote que jamás se apartó de quienes sufrían.

Semeraro evocó la vida del nuevo beato como la de un sacerdote que jamás se apartó de quienes sufrían.archivo

Redacción REL
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El pueblo de Juércal‑Overa, en la provincia de Almería (España), acogió este 7 de febrero una jornada que quedará grabada en la memoria de la Iglesia española. 

En la misma tierra donde ejerció su ministerio en el siglo XIX, Salvador Valera Parra fue declarado beato durante una celebración presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos y enviado especial del Papa León XIV.

Nunca se apartó de los que sufrían

Semeraro evocó la vida del nuevo beato como la de un sacerdote que jamás se apartó de quienes sufrían. Enfermos, ancianos, pobres y necesitados encontraron siempre en él un apoyo constante. "Dedicó su vida a tantas personas", recordó el prefecto, subrayando que Valera Parra supo mirar a todos "con los ojos de Jesús" y amar "con el corazón de Jesús".

Su ministerio estuvo marcado por circunstancias especialmente duras: epidemias de cólera, terremotos y desastres naturales que devastaron la región en 1863. Aun así, el sacerdote permaneció junto a su pueblo, visitando a los enfermos, socorriendo a los más débiles y ofreciendo consuelo espiritual en medio de la tragedia. Para Semeraro, ese es el auténtico "cuidado de las almas".

Inspirándose en el Evangelio del Buen Pastor, proclamado en la liturgia del día, el cardenal destacó que Valera Parra vivió su vocación como una entrega total, gastando su vida "como una raíz de la que otros pudieran alimentarse". Su testimonio, afirmó, es especialmente valioso para quienes ejercen hoy el ministerio pastoral.

Los obispos de la región ya habían subrayado esta dimensión en su carta pastoral Una vida para los demás, donde describen al sacerdote almeriense como un recordatorio de que la verdadera grandeza se encuentra en la sencillez, la fidelidad perseverante y la dedicación silenciosa, virtudes que contrastan con un mundo marcado por la prisa y el individualismo.

En su homilía, Semeraro concluyó con una imagen que suele emplearse para hablar de los santos: el llamado "quinto Evangelio", aquel que no se escribe con tinta, sino con la existencia misma. Salvador Valera Parra, afirmó, encarnó ese Evangelio viviente. Su vida fue una predicación constante, hecha de gestos concretos de amor, cercanía y servicio.

Puedes ver aquí completa la beatificación del Cura Valera.

"Él fue un Evangelio viviente", proclamó el cardenal. "Miró todo y a todos con los ojos de Jesús; amó todo y a todos con el corazón de Jesús. Esa es la misión de los santos, y también la nuestra”.

Nacido en Huércal-Overa (Almería) en 1816, en una familia de labradores, fue apoyado de niño por las clarisas capuchinas de Murcia, donde tenía familia. Ordenado sacerdote en 1840, fue párroco en San Lázaro (Alhama de Murcia) y luego en su pueblo natal de Huércal-Overa, y más adelante, en Cartagena.

En 1865 una epidemia de cólera golpeó Cartagena y el cura Valera se hizo muy popular llevando recursos y consuelo a enfermos, moribundos y familiares.

Durante la epidemia, se organizó un motín en la prisión, que no acabó en un baño de sangre porque el sacerdote intervino como negociador y pacificador, los presos volvieron a sus celdas y ninguno fue castigado. El Ayuntamiento de Cartagena reconoció su labor en su libro de actas.

A finales de 1868 se instaló de nuevo en Huércal. Ayudó a mantener la calma y los ánimos durante el terremoto de ese año, y a coordinar los trabajos de reconstrucción.

El libro El Cura Valera y sus cosas, de Antonio Jiménez, recoge testimonios de predicciones asombrosas, reconciliaciones que suscitó, ayudas a necesitados... "Poseía un interior sentido para penetrar las conciencias", dicen los testimonios. Visitaba a los enfermos, evitaba crímenes y convirtió a un ladrón que entró a robar en la iglesia.

Murió en 1889. Un siglo después, en 1989, se reactivó definitivamente el proceso de beatificación, con el apoyo de la Asociación Pro-Beatificación Cura Valera (CuraValera.org).  

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