Gaudí, la cruz y España: Almuzara confía en que pronto será beato
José Manuel Almuzara, arquitecto y gaudinólogo, acaba de publicar "Gaudí, el arquitecto del alma" y ve en la visita de León XIV a la Sagrada Familia un impulso decisivo para la causa de Gaudí y para despertar la fe adormecida del país.

Así es la belleza que se muestra en el interior de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona diseñada por Antonio Gaudí

Para la devoción privada al Venerable Antonio Gaudí.

Gaudí, declarado Venerable el 14 de abril de 2025, por su vida y virtudes. Se espera que el Dicasterio apruebe un milagro por su intercesión, para que el Papa pueda proclamarlo beato.
Para José Manuel Almuzara, arquitecto, gaudinólogo y presidente de la Asociación pro beatificación de Antoni Gaudí desde 1992, la visita del Papa León XIV a la Sagrada Familia y la inauguración de la Torre de Jesucristo son mucho más que un hito arquitectónico: coinciden con la publicación de su libro "Gaudí, el arquitecto del alma" y marcan un momento clave para la beatificación de Gaudí y una llamada a que España despierte de su tibieza espiritual. Convencido de que el milagro presentado será reconocido, Almuzara —referente internacional en el estudio del arquitecto catalán— recuerda que Gaudí unió trabajo, cruz y belleza en un camino de santidad que sigue ofreciendo respuestas a las heridas del país y al cansancio de tantos creyentes.

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-La visita de León XIV para la inauguración de la Torre de Jesucristo es un hecho muy importante: culmina la torre más alta del templo expiatorio de la Sagrada Familia, coronada por la CRUZ. Me recuerda dos frases de Jesús: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23) y “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32).
En cuanto a Gaudí, espero que en breve el Dicasterio para las Causas de los Santos se pronuncie sobre el milagro presentado y que el arquitecto sea declarado beato. Y, respecto a lo que Gaudí pediría hoy a la Iglesia, creo que nos recordaría que cada uno ha de usar los dones que Dios le ha dado, depurando y mejorando sus acciones, practicando las virtudes, las obras de misericordia, el amor al trabajo y, especialmente, las prácticas religiosas —oración, comunión frecuente, confesión, lectura del Evangelio, rezo del rosario— necesarias para ganar las batallas de la vida.
-Espero con ilusión la llegada del Papa León XIV: es la más alta autoridad de la Iglesia, como vicario de Cristo. Tiene esta potestad por ser sucesor de san Pedro, a quien Jesucristo confirió la primacía entre los apóstoles (cfr. Mt 16,13‑19); desde el inicio, la Iglesia ha sido consciente de que este ministerio de unidad pertenece a su estructura perenne, de modo que el primado pontificio no es una institución puramente humana.
Pido que León XIV, en su estancia en Barcelona y en la Basílica de la Sagrada Familia, nos ayude a que “despierte de su tibieza los corazones adormecidos, exalte la fe, dé calor a la caridad, contribuya a que el Señor se apiade del país y que este, impulsado por su abolengo católico, piense, practique y predique las virtudes”. Son palabras del acta de la primera piedra, del 19 de marzo de 1882, que hoy siguen plenamente vigentes.

José Manuel Almuzara firma ejemplares de "Gaudí, el arquitecto del alma" en el día del Libro en Barcelona, pocas semanas antes de la visita de León XIV y de la inauguración de la Torre de Jesucristo.
-He difundido la vida y la obra de Gaudí durante muchos años por diversos países. Acabo de publicar el ensayo “Gaudí, el arquitecto del alma” para dar a conocer, de forma personal y reflexiva, al hombre, al arquitecto y al cristiano Gaudí, invitando al lector a la reflexión, compartiendo historias, sentimientos y opiniones, con argumentos que ayuden a responder nuestros “¿por qué?” y “¿para qué?”.
Presento a Gaudí hombre como modelo de vida, con alegrías y tristezas, victorias y derrotas, amor y sacrificio, que se esforzó por cumplir con sus circunstancias familiares, sociales y profesionales. A Gaudí arquitecto, como genio pionero al aplicar las leyes de la naturaleza a su arquitectura, precursor de la sostenibilidad y del reciclaje, defensor del amor al trabajo individual y en equipo. Y a Gaudí cristiano, como instrumento que puso sus dones al servicio de Dios y de los hombres con caridad, misericordia y humildad, sostenido por las prácticas religiosas para luchar y vencer en las batallas de la vida.

Almuzara participa en la Misa presidida por el Papa en Loreto (2004), anticipo de otros grandes momentos pontificios que marcarán su vocación de difundir la figura espiritual de Gaudí.
-No soy juez; no debo señalar ni enumerar los pecados o heridas que nos hacen infelices y nos empujan a la violencia, la mentira, la ira, la envidia o la desesperación. Creo que Gaudí, en el portal del Rosario (en el interior del claustro de la Sagrada Familia), nos señala la solución, pero tú y yo debemos tomar la decisión ante la tentación del mal, en nuestra libertad.
Gaudí no decide por nosotros: propone y nos invita a confiar en nuestra Madre, María.

La cruz de Jesucristo culmina la Sagrada Familia al atardecer: árbol de la Vida elevado sobre Barcelona, para que el mundo mire al cielo
-Les recomendaría que ejerciten la observación, que se pregunten: ¿por qué y para qué Gaudí remató su iglesia con la cruz? Gaudí sabía de cruces; fue un gran propagador de la cruz. Se enfrentó a la adversidad, fue un batallador. Sabía que la cruz, aunque pesa, redime, orienta y bendice; por eso, en todos los edificios que construía, plantaba la cruz de cuatro brazos, señalando los cuatro puntos cardinales.
Supó dar un sentido positivo y trascendente a la vida, al dolor y a la muerte. El 10 de junio de 1926, en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, sus últimas palabras fueron: “Amén. ¡Dios mío! ¡Dios mío!”. Descubrió que, desde la venida de Jesucristo, hemos quedado libres no del sufrimiento, sino del sufrimiento inútil.
-Desde mi juventud como arquitecto he tenido muy presente esta definición de Gaudí sobre el trabajo: “El trabajo es fruto de la colaboración, y esta solo puede basarse en el amor. El arquitecto ha de saber aprovechar lo que saben hacer y lo que pueden hacer los operarios. Se ha de aprovechar la cualidad preeminente de cada uno; esto es: integrar, sumar todos los esfuerzos y tenderles la mano cuando se encallen; así trabajan a gusto y con la seguridad que da la plena confianza en el organizador. Además, hay que recordar que no hay nadie inútil, todos sirven (aunque no todos con la misma capacidad); la cuestión es encontrar para qué sirve cada uno”.
Gaudí muestra a Jesús en el taller de Nazaret, como carpintero, en una escultura del pórtico de la Fe de la fachada del Nacimiento, que nos invita a contemplar el valor santificador del trabajo. En los últimos meses tengo muy presente otra frase suya, recogida por el arquitecto Isidre Puig Boada: “Las cosas provechosas no se hacen de cara a la retribución; porque ya sabemos que no hay fruto sin sacrificio, y el sacrificio es la disminución del yo sin compensación”.
-Gaudí es un maestro que puso sus dones al servicio de la creación, obra de Dios: “La creación continúa incesantemente por mediación de los hombres; el hombre no crea, descubre y parte de ese descubrimiento. Los que buscan las leyes de la naturaleza para formar nuevas obras colaboran con el Creador; los copistas no colaboran. Por eso, la originalidad consiste en volver al origen”.
Todo comenzó muy pronto, con su capacidad de observación: “Como consecuencia de mi falta de salud, tuve que abstenerme con frecuencia de tomar parte en los juegos con mis compañeros, lo cual favoreció mi espíritu de observación”. Entre tiestos de flores, viñas, olivos, aves, insectos y las montañas de Prades, Gaudí aprendió a ver en la naturaleza a su maestra: “Cogí las más puras y placientes imágenes de la Naturaleza, esta Naturaleza que siempre es mi Maestra”.
Con su obra nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre y que la auténtica originalidad consiste en volver al origen, que es Dios. Así ha creado, en Barcelona, un espacio de belleza, fe y esperanza que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Por eso podía afirmar: “Un templo es la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre”.

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Tres claves de Gaudí (según José Manuel Almuzara)
- Cruz: Gaudí descubre que, en Cristo, el sufrimiento no desaparece, pero deja de ser inútil: la cruz redime, orienta y bendice cuando se abraza desde la fe.
- Trabajo: El trabajo es colaboración nacida del amor: cada persona aporta sus dones, nadie es inútil y el fruto verdadero llega con sacrificio y servicio, no buscando solo retribución.
- Belleza y creación: La naturaleza es “maestra” porque remite al Creador: la auténtica originalidad consiste en volver al origen, que es Dios, y por eso su arquitectura es camino de belleza, fe y esperanza.
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