Religión en Libertad

El masón Ferrer i Guàrdia: 23 muertes en su haber y un «símbolo» para los que boicotean al Papa

El historiador Alberto Bárcena recuerda cuando el masón Pont Clemente, presidente de la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, logró que cerraran una capilla en la universidad.

A la izquierda, el anarquista masón Francesc Ferrer i Guàrdia, y a la derecha, quien dirige su Fundación en la actualidad, el también masón Joan Francesc Pont Clemente. 

A la izquierda, el anarquista masón Francesc Ferrer i Guàrdia, y a la derecha, quien dirige su Fundación en la actualidad, el también masón Joan Francesc Pont Clemente. archivo

Redacción REL
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La Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, en colaboración con Ateus de Catalunya y Europa Laica, ha puesto en marcha la campaña "Jo no t’espero", cuyo objetivo es boicotear la próxima visita del Papa León XIV a Barcelona

A través de un manifiesto, las entidades convocantes denuncian los supuestos "privilegios públicos" y el apoyo institucional al viaje pontificio, acusando a la Iglesia de recibir recursos que, a su juicio, vulneran la neutralidad religiosa del Estado.

Mateo Morral, su alumno

Pese a estas críticas, la fundación que encabeza la campaña mantiene buena parte de su actividad gracias a subvenciones procedentes del mismo erario público cuya gestión cuestiona.

Sin embargo, todo cobra sentido cuando se descubre que un masón de grado 33, el catedrático Joan Francesc Pont Clemente que dirige la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, se encuentra entre los responsables de la campaña contra el Papa, y fue quien logró hace años que cerraran una capilla en la universidad.

El historiador Alberto Bárcena, uno de los mayores expertos en masonería de España, habla con Religión en Libertad y desenmascara el verdadero rostro de este violento anarquista, juzgado por asesinato múltiple, y a quién está en la actualidad detrás de su Fundación.

El historiador Alberto Bárcena es uno de los mayores expertos en masonería de España.

El historiador Alberto Bárcena es uno de los mayores expertos en masonería de España.archivo

El profesor comienza explicando que la pertenencia masónica de Ferrer i Guàrdia empezó de joven y se intensificó cuando pasó a Francia, donde actuó "al servicio de Ruiz Zorrilla, ministro y masón, y uno de los que expulsaron a Isabel II en aquella mal llamada Revolución Gloriosa". 

Bárcena señala que Ruiz Zorrilla "desde Francia trama un golpe republicano‑masónico contra Alfonso XIII, que tenía en ese momento solo unos meses de vida", y ya en esa conspiración intervino Ferrer i Guàrdia "como enlace", siendo aún muy joven.

El golpe fracasa y los implicados son detenidos, pero "quedan libres, finalmente". Más adelante, Ferrer i Guàrdia "ya en 1906, está detrás del atentado contra los Reyes, el día de su boda", enviando a Mateo Morral, "empleado suyo de la Escuela Moderna de Barcelona", una escuela que describe como anarquista y dedicada a "demoler la sociedad en la que habían nacido aquellos niños y niñas". 

Ese, precisamente, era uno de los objetivos que respondía a un principio masónico, citando a León XIII: "El objetivo final de la masonería es destruir hasta sus cimientos toda la construcción religiosa y civil levantada por el cristianismo".

El profesor añade que Ferrer i Guàrdia "envía a Madrid a Mateo Morral", quien lanza la bomba contra la comitiva real, causando 23 muertos. Después, Morral busca ayuda en José Nakens, "otro masón, que ya estaba avisado por Ferrer i Guàrdia”. 

Tras huir hacia Torrejón, muere en circunstancias que Bárcena considera incompatibles con la versión oficial del suicidio, asegurando que "detrás del atentado contra los Reyes hay una conspiración masónica muchísimo más amplia".

Un componente luciferino 

Sobre la sentencia, afirma que a Ferrer i Guàrdia "se le halla, lógicamente, culpable, en el grado de cómplice e inductor, de dos delitos contra los Reyes, pero 23 asesinatos", aunque solo recibe 16 años de cárcel, que "no los cumple" por "influencias masónicas"

Tras quedar libre, viaja a Roma y Bruselas, donde crea nuevas Escuelas Modernas, y regresa a Barcelona en 1909, donde participa en la organización de la Semana Trágica de Bárcelona: "la organización fue obra de dos masones. Alejandro Lerrroux y, por otro lado, Ferrer i Guàrdia".

El historiador recuerda que durante la revuelta "arden más de 60 edificios religiosos" y que hubo numerosos muertos, incluidos "sacerdotes asesinados" y "28 policías". Sostiene que Ferrer i Guàrdia estuvo muy activo, viajando incluso a Badalona y Masnou para extender la rebelión, instando a iniciar incendios de conventos: "la fijación está muy clara". 

Finalmente, es detenido y sometido a un consejo de guerra, algo que Bárcena considera proporcionado: "No me parece exagerado, ¿verdad?, después de lo que había ocurrido en Barcelona".

Tras su ejecución en octubre de 1909, "empieza una campaña en Europa entera, masónica, contra el Gobierno y contra España", presentando al país como "oscurantista, retrógrado, fanático". La presión internacional fue tal que "el propio rey, Alfonso XIII, le insta a Maura para que renuncie al cargo", y años después Maura reconocería que lo hizo "para salvarle la vida".

El profesor sostiene que Ferrer i Guardia "era un criminal que tenía, como digo, a sus espaldas 23 muertos" y que su figura ha sido reivindicada por la masonería, que desde 1987 impulsa la Fundación Ferrer Guàrdia. Según explica, esta fundación se presenta como defensora del laicismo, pero en realidad "lo que están con ellos intentando es suprimir la presencia católica del espacio público hasta donde sea posible".

El historiador relata un episodio con el actual presidente de la fundación, Joan Francesc Pont. En un programa televisivo donde Bárcena participó, Pont justificó el cierre de la capilla universitaria porque "no entendía el por qué un espacio público tenía que ser ocupado por una única confesión religiosa". Sin embargo, critica que ahora denuncien el gasto público en la visita del Papa cuando "su propia fundación ha recibido cantidades ingentes de dinero público".

Concluye afirmando que "entre masones anda el juego" y que la defensa de la laicidad es "una pantalla", pues "solamente han tomado medidas laicistas contra la religión católica". "Lo que hubo fue la clausura" de una capilla por "una jugada masónica". Bárcena insiste en que "a quien quieren eliminar del espacio público es a la religión católica".

Finalmente, ante la pregunta de si para ser miembro de la fundación hay que ser masón, responde que varios de sus cargos principales lo son, que está respaldada por Esquerra Republicana de Cataluña, masónica, y que en el centenario de Ferrer i Guàrdia "todo aquel que tuviera una cercanía masónica o perteneciera a la misma participó en el homenaje". 

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