Müller pide a la FSSPX que no siga «el camino de los donatistas, jansenistas y veterocatólicos»
Detallada y argumentada entrevista de Müller en Kath.net: la ortodoxia se defiende dentro de la Iglesia, con Pedro; «Atanasio y Agustín no se fueron», dice.

El cardenal Müller explica que la unidad católica implica unidad y obediencia con Pedro; pone ejemplos de cismas del pasado
En una entrevista en alemán, el cardenal Gerhard Ludwig Müller ha pedido a "los miembros de la FSSPX" que "no sigan el camino de los donatistas, jansenistas y veterocatólicos".
Los donatistas en el siglo IV y V (contra San Agustín), los jansenistas en el siglo XVII y los 'viejos católicos' en el siglo XIX (contra el Concilio Vaticano I) se presentaban como rigoristas estrictos y tradicionales, pero acababan rompiendo con Roma, desapareciendo o quedando como grupúsculos muy débiles.
El 26 de mayo la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) divulgó los nombres de cuatro hombres que serán ordenados obispos sin permiso del Papa y a pesar de las claras advertencias en contra recibidas desde Roma.
Son Pascal Schreiber (suizo, de 53 años, rector del seminario lefebvriano de Alemania), Michael Goldade (estadounidense, de 45 años, rector del seminario lefebvriano en Virginia), Michel Poinsinet de Sivry (francés, de 42 años, superior de la organización lefebvrista en el Benelux) y Marc Hanappier (francés nacido en 1990, profesor de metafísica en el seminario de Virginia).
Ese mismo día, el portal Kath.net publicó en alemán una entrevista detallada con el cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dedicada íntegramente a la nueva situación de la FSSPX. Se presenta como una conversación con Lothar C. Rilinger, no como la respuesta a un cuestionario.
El cardenal entra en muchos temas relacionados: la libertad religiosa según el Concilio Vaticano II, el ecumenismo según el Concilio, las penas canónicas para sacerdotes, el sentido de las excomuniones (en general), la relación entre la liturgia pre-conciliar y la actual, el caso de las nuevas consagraciones episcopales y posibles vías de acuerdo, incluyendo la hipótesis de una prelatura personal.
La libertad religiosa
"Los miembros de FSSPX interpretan la libertad religiosa en el sentido del liberalismo relativista del siglo XIX, que rechaza la Revelación y convierte la religión no en una cuestión de verdad, sino de gusto y sentimiento subjetivo. Según ellos, sin embargo, el Estado católico debe promover la religión católica como la única verdadera y negar al error cualquier derecho a existir en la esfera pública", resume el cardenal el conflicto sobre la libertad religiosa.
Vaticano
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Después expone la enseñanza del Concilio Vaticano II. "En la declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis Humanae, el Concilio distingue precisamente entre la libertad religiosa como derecho humano natural y la libertad humana de responder, con razón y libertad, a la Palabra revelada de Dios y de reconocer en Cristo la plenitud de la verdad de Dios y del hombre".
"En la sociedad pluralista actual, y especialmente en los estados socialistas hostiles a la religión o radicalmente islamistas, podemos conformarnos con que la autoridad pública no interfiera en la religión y la moral. Invocando la libertad de religión y de conciencia, los católicos pueden reivindicar su derecho, incluso lamentablemente en la Unión Europea, de tendencia cristianófoba, a rechazar el aborto, la eutanasia y la relativización del matrimonio entre un hombre y una mujer. Hablar hoy de estados católicos que deban imponer socialmente, mediante medidas estatales, el dogma aún vigente de la necesidad salvífica de la Iglesia Católica, resulta bastante anacrónico", añade.
La unidad de todos los cristianos
Müller cree que los miembros de la FSSPX "no logran comprender las afirmaciones del Concilio Vaticano II" sobre la unidad de los cristianos.
"El Concilio no puso en duda la unicidad de la Iglesia de Cristo, como lo reafirmó la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Dominus Iesus, en el año 2000 bajo el cardenal Ratzinger. Se trataba, sin embargo, de reconocer esta situación para los cristianos no católicos, que no se han separado personalmente de la Iglesia Católica, pero que permanecen de buena fe apegados a la veracidad de la confesión en la que fueron criados, y de buscar con ellos caminos para redescubrir la unidad en la fe, en los sacramentos y en la constitución de la Iglesia, como lo quiso Jesús mismo, fundador de la Iglesia, y como expresión visible de su unidad con el Padre".
Los sacerdotes que dan mal ejemplo
Si un sacerdote se desvía de la vida y enseñanza cristiana "significativa y manifiestamente y no atiende a las advertencias de su superior, puede estar sujeto, según las circunstancias, a sanciones canónicas, incluso a la exclusión de sus cargos", advierte.
Pero los sacramentos que imparte son válidos, aunque sean ilícitos. "San Agustín, en contra de los donatistas, ya había establecido que la eficacia de los sacramentos no depende de la santidad personal, la moralidad ni la eclesialidad del ministro sacramental, puesto que es Cristo quien propiamente actúa en ellos", recuerda.
Así, "la Iglesia Católica reconoce los sacramentos en la Iglesia Ortodoxa, porque cuenta con obispos y sacerdotes válidamente ordenados, aunque los ortodoxos no reconocen plena e íntegramente la primacía de la Iglesia Romana ni viven en plena comunión eclesial con el sucesor de San Pedro, el Papa".
El gesto de Benedicto XVI
Juan Pablo II excomulgó al arzobispo Marcel Lefebvre en 1988 y a los cuatro obispos que Lefebvre consagró sin permiso. Luego, en 2009, Benedicto XVI levantó la excomunión, dice Müller, "para facilitar la reintegración de la FSSPX a la Iglesia Católica, después de que esta posibilidad se hubiera planteado en las discusiones".
"Sin embargo, la FSSPX no ha logrado una plena integración canónica, pues ha mantenido sus acusaciones contra el Concilio Vaticano II", lamenta el veterano cardenal alemán.
Müller admite que la FSSPX a veces denuncia "desviaciones reales de la fe católica por parte de obispos y teólogos, así como a los abusos en la liturgia".
Pero, añade, "no parecen percatarse de su contradicción con la fe católica, según la cual el Papa de Roma es, en caso de duda, el criterio final y decisivo de la catolicidad".
Müller señala "el inusual camino de mansedumbre de Benedicto XVI, quien esperaba que al levantar la excomunión propiciaría el arrepentimiento y la conversión de los obispos afectados. No previó que algunos interpretarían su generosa disposición como debilidad. El Papa, en su tarea de garantizar o restablecer la unidad de la Iglesia, siempre llegará hasta los límites de lo posible, mientras que aquellos que se han desviado, en su orgullo espiritual, se aprovechan de esto para imponer condiciones".
Luego añade: "El Papa puede hacer algunas concesiones en asuntos secundarios, pero no en lo que respecta a la esencia de la fe, los sacramentos y la constitución sacramental de la Iglesia, fundada en los Apóstoles con Pedro a la cabeza, es decir, en los obispos y el Papa romano. En aras de la unidad, el Papa puede, sin duda, conceder a los miembros de la FSSPX la celebración de la Santa Misa y los demás sacramentos según la forma litúrgica anterior a la reforma litúrgica. Hay que distinguir la sustancia dogmática de los sacramentos de los distintos ritos en que se celebran"
Müller recuerda que hay "muchos otros ritos legítimos, aproximadamente entre 20 y 25, dentro de la Iglesia Católica, especialmente en las Iglesias católicas orientales".
Y sentencia: "La liturgia en sí no es el problema. El problema radica en la acusación infundada de miembros de la FSSPX de que la Iglesia Católica, con los Papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV, se ha desviado dogmáticamente de la fe católica. Entre estas supuestas desviaciones, incluyen erróneamente la Misa en el rito renovado, que, según afirman, contiene errores dogmáticos, por ejemplo, porque su carácter sacrificial, si bien no se niega, se ve oscurecido en favor de un simple memorial".
¿Tiene sentido hablar de cisma?
¿Tiene sentido hablar de cisma al ordenar obispos sin permiso? "Algunos han hablado de cisma, otros no. Oficialmente, el asunto se ha dejado pendiente para no agravar con fórmulas duras la situación", apunta el cardenal.
Müller cree que los lefebvrianos, aunque "no lo hayan afirmado formalmente hasta ahora", "se conciben a sí mismos como una comunidad de emergencia, manteniéndose al margen de los millones de católicos que habrían caído en el modernismo, con miles de obispos y sacerdotes, y el Papa actual, hasta que todos regresen a la Iglesia que la FSSPX cree preservar como remanente sagrado de la única y verdadera Iglesia Católica".
Müller se centra en el tema de la libertad religiosa. "En cuanto a la reiterada exigencia [de los lefevristas] de que no puede existir un Estado religiosamente neutral y de que la Iglesia debe someter el Estado a Cristo y a sí misma, los miembros de la FSSPX deberían indicar de una vez por todas en qué Estados pretenden implementar este programa", plantea, con cierto humor, pidiendo aplicaciones prácticas.
"Ya es un gran logro que los Estados se mantengan al margen de la cuestión de la verdad y respeten los derechos naturales fundamentales de sus ciudadanos, especialmente su libertad de religión y de conciencia, y que no intenten, contra todo sentido común, definir el matrimonio, por ejemplo, como algo distinto de la comunión de vida entre un hombre y una mujer", añade.
Defender la ortodoxia desde dentro
Para defender buenas ideas ortodoxas, dice, "los miembros de la FSSPX deberían alzar esta voz dentro de la Iglesia, no contra ella, evitando así la impresión de que se haya concedido algún derecho a existir dentro de la Iglesia a las desviaciones heréticas hacia la ideología atea del arcoíris. Atanasio y Agustín no se distanciaron de la Iglesia esperando a que se superara definitivamente el arrianismo y el donatismo".
En la historia muchos se han alejado de Roma declarando ser los "verdaderamente fieles". Müller da ejemplos.
"Los monofisitas afirmaron ser fieles al Concilio de Éfeso de 431 y a la doctrina del Padre de la Iglesia Cirilo de Alejandría... y luego rechazaron la doctrina del Concilio de Calcedonia de 451, que enseñaba la unidad de las naturalezas divina y humana de Cristo en la persona divina del Hijo en la Trinidad. Las legítimas diferencias entre las escuelas teológicas —tomistas, escotistas— y la originalidad del pensamiento de teólogos individuales, como Romano Guardini o Hans Urs von Balthasar, no deben confundirse con la necesaria unidad en la doctrina de los Apóstoles y de la Iglesia, formulada principalmente en los Concilios".
Luego propone un reto de sabor "alemán", comparándolos con Lutero.
"Los miembros de la FSSPX deberían explicar la diferencia entre su postura y la declaración de Lutero durante la Disputa de Leipzig de 1519, que quebrantó la unidad de la Iglesia y socavó su autoridad diciendo: «¡Hasta los concilios pueden errar!». Esto también puso en tela de juicio la autoridad final y vinculante del Papa, mientras que herejes condenados, presentados como los mejores intérpretes del Apocalipsis, fueron colocados por encima del Magisterio".
Y plantea lo que le parece un absurdo.
"Incluso desde un punto de vista puramente humano y teológico, no puede ser que, en el Concilio, dos mil obispos y todos los Papas hasta ahora se equivocaran en cuestiones dogmáticas o se hayan alejado de la Tradición apostólica, con la excepción de un solo obispo [Marcel Lefebvre] que, mediante consagraciones episcopales ilegales, es el único que garantiza la continuidad de la Iglesia que Jesús aseguró al apóstol Pedro, a quien consideraba la roca de su Iglesia".
Las restricciones a la misa tradicional
En 2021, el Papa Francisco firmó un documento, la Traditionis custodes, que restringió muchísimo el uso de la liturgia tradicional y dio poderes a cada obispo local para restringirla aún más.
Müller no estuvo de acuerdo con esa medida tan restrictiva y sigue sin estarlo.
"La simple supresión disciplinaria del rito antiguo y la generalizada sospecha de sus partidarios como negacionistas del Concilio Vaticano II no solo es pastoralmente cuestionable, sino también dogmáticamente insostenible. Yo mismo consideré pastoralmente muy imprudente la restricción a la celebración de la Misa según el rito antiguo, no porque sea personalmente partidario de la liturgia antigua, sino porque, como católico y sobre todo como teólogo, debemos reconocer también la riqueza espiritual del rito antiguo, y no hay derecho a elevarse arrogantemente por encima de sus partidarios".
Con todo, Müller considera que "la reforma litúrgica no creó un nuevo rito, sino que simplemente simplificó el rito anterior en cierta medida, resultado de un crecimiento desigual, para que los fieles pudieran participar más fácilmente tanto interna como externamente, incluso en la lengua vernácula".
"Salvar almas" no justifica ordenaciones en desobediencia
Volviendo al tema de las ordenaciones ilícitas, insiste: "Aunque la consagración de un obispo cismático —incluso en abierta oposición al Papa— sea válida, no puede justificarse dogmática ni moralmente apelando a la salvación de las almas de sus clientes. Solo en una situación de persecución extrema, cuando el contacto con la Iglesia universal y Roma sea completamente imposible, podría justificarse moralmente la consagración de un obispo ante Dios y en la unidad con el Papa que la fe presupone".
Propone a la FSSPX que "de acuerdo con el Concilio Vaticano I, al que tanto alude, reconociera que sin plena comunión con el Papa León XIV no se puede ser plena e íntegramente católico. Y la suprema autoridad doctrinal del Papa no deriva de la verdad sociológica de que en toda comunidad alguien debe tener la última palabra, sino de la institución del Papa como sucesor de Pedro y del Espíritu Santo, que lo asiste en el ejercicio de su Magisterio y en su servicio a la unidad de la Iglesia".
Los que se separaron antes: donatistas, jansenistas, veterocatólicos
Un cisma sería muy triste, advierte Müller, pero "a lo largo de la historia de la Iglesia, ha habido muchas separaciones, especialmente en el siglo XVI, cuando la Reforma Protestante no condujo a una reforma de la Iglesia, sino a la división del cristianismo. Es de esperar que los miembros de la FSSPX no continúen replegándose sobre sí mismos, sino que miren a la Iglesia en su conjunto y aprendan de los errores de la Historia eclesial. No deberían seguir el camino de los donatistas, los jansenistas y los veterocatólicos".
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"Un extremo no justifica al otro. Ni el llamado progresismo, que somete la verdad revelada de Cristo a las corrientes cambiantes del espíritu de la época, ni el tradicionalismo, que reduce toda la Tradición de la Iglesia a unas pocas ideas fijas, pueden ser el camino de la Iglesia, que el Señor resucitado eligió como sacramento, es decir, como signo e instrumento", añade.
Posibilidades de acuerdo... pero desde la doctrina
Ve algunas posibilidades de acuerdos y reconocimiento. Por ejemplo, la FSSPX "podría ser reconocida como una especie de prelatura personal si, como todo católico, reconociera la doctrina eclesial en su totalidad, incluidas las decisiones del Concilio Vaticano II".
No le gusta comparar a la FSSPX con las iglesias católicas orientales que tienen ritos propios. "La FSSPX no es una Iglesia local que pueda reclamar un estatus especial. Se trata simplemente de una asociación bastante laxa de sacerdotes y fieles, que se ven a sí mismos como un baluarte contra los supuestos errores que, en su opinión, Roma promueve o tolera. Resulta muy difícil comprender de dónde sacan eso y cómo pretenden ejercer su función de control sobre el Papa, dada la justificación teológica de la fe católica".
Pide un acuerdo doctrinal, porque, si no, "la Iglesia Católica sería simplemente una asociación laxa de diferentes opiniones doctrinales, como la Iglesia Anglicana, cuya unidad se fundamenta únicamente en la voluntad de un monarca secular. La unidad de la Iglesia concierne sobre todo a la fe, junto con la esperanza y la caridad, los siete sacramentos y su constitución sacramental y episcopal".
Matiza que "la doctrina propuesta por la Iglesia tiene distintos grados de fuerza vinculante, dependiendo de su relación con el contenido central de la Revelación o incluso con verdades naturales, como la libertad de conciencia o el derecho incondicional a la vida de toda persona. Las afirmaciones de la doctrina social no están al mismo nivel que la fe en la Trinidad, en la divinidad de Cristo o en los sacramentos como medios de gracia".
De nuevo comenta el tema de la libertad religiosa: "Es necesaria [por parte de los lefebvrianos] una lectura atenta del decreto vaticano, para que las diferencias de expresión con respecto a documentos magisteriales anteriores se reconozcan no en el contenido, sino en la comparación con destinatarios diferentes".
La unidad católica ¡es con Pedro!
"Quien desee permanecer en la unidad de la Iglesia confesará a Cristo, verdadero fundamento de su unidad, pero también a Pedro, quien, junto con los Apóstoles y su doctrina, es el fundamento secundario de su unidad y su cumbre de cohesión, como afirma Tomás de Aquino en su Exposición del Credo de los Apóstoles, artículo 9. Difícilmente se puede acusar al Doctor Común de falta de fidelidad a la fe católica ni sospechar que sea un precursor del modernismo, cuando en el mismo pasaje afirma con San Agustín que la Iglesia no puede ser destruida por enemigos externos, ni su verdad puede ser vaciada de su verdad por errores internos. «Se puede luchar contra la Iglesia, pero no derrocarla»", insiste Müller.
"Y así es: solo la Iglesia de Pedro ha permanecido siempre firme en la fe y libre de error. De hecho, lo que Jesús le dijo a Pedro se aplica, según Tomás de Aquino, directamente también a su sucesor, el Papa León XIV: «He rogado por ti, Pedro, para que tu fe no falte» (Lucas 22:30)".