Magisterio sobre la evangelización - XVII
Ningún ámbito puede estar restringido a la evangelización y a la participación de los católicos. Nuestro lugar no es la sacristía, nuestra acción no se puede limitar a las acciones pastorales dentro el templo, en el ámbito cristiano. Más bien, el lugar de la Iglesia -por tanto, de los católicos- es el mundo, fuera, a la intemperie pero arropados por todos los demás católicos. Lugar nuevo, muy a la intemperie, y apenas valorado, es la evangelización del mundo de la cultura, de la razón, del diálogo, del arte, del pensamiento. Parece una "evangelización menor" o muy alejada de nosotros, sobre todo si, con estrechez de miras, limitamos la evangelización a cuatro lugares comunes, acciones pastorales de siempre (primeras comuniones, belén viviente...) a las que vemos que, por diversas razones acuden muchísimos, y pensar que con eso solamente "ya están evangelizados", postergando otras acciones como ilusorias, lejanas o pérdida de tiempo (cultura, arte, Internet...). Sin embargo, la evangelización requiere la presencia y la acción en nuevos campos, y entre ellos destaca todo lo que se podría denominar, globalmente, "cultura". Al Magisterio pontificio nos remitimos:
Los católicos debemos estar en el debate cultural, creando cultura y fecundándola, ofreciendo alternativas a una cultura en crisis, retomando su raíces. El logos, la razón, queda iluminado por la fe. La razón necesita la fe para recibir su completa iluminación y la fe, para no convertirse en ideología, debe ser pensada, en armonía con la razón. ¡Van las dos unidas!, pero cada una en su orden propio. Mostrar que la fe no es enemiga de la razón, ni ésta contraria a la fe, lleva a una implicación evangelizadora que muestre las razones y la razón de la fe. Éste es un punto importantísimo, delicado, en el magisterio luminoso de Benedicto XVI. ¿Seremos capaces de asumirlo y dejarnos guiar por él, cambiando en mucho lo "pastoral" reducido, para pasar a algo más grande, más amplio, aunque no lo veamos tan inmediato?