Nicolás Oresme: El obispo que inventó las gráficas y soñó con la Tierra en movimiento

Gráfico de un polinomio
En este recorrido de semanas anteriores por grandes figuras medievales que allanaron el camino para la revolución científica, hemos pasado primero por la Universidad de Oxford y luego por la de París. En la capital francesa, Jean Buridan desarrolló la teoría del ímpetu, precursora de la ley de inercia, y tuvo un discípulo aventajado: Nicolás Oresme (1325-1382). Fue matemático, filósofo, economista, físico y traductor. Incluso destacó en teología y llegó a ser obispo de Lisieux.
En el ámbito de la ciencia podemos señalar dos aportes principales de Oresme. El primero es la representación gráfica de variables. Empleó ejes cartesianos rudimentarios para graficar la velocidad en función del tiempo. De esta manera podía analizar el movimiento de manera cuantitativa, superando las descripciones cualitativas de la física aristotélica. Asimismo, con este método demostró gráficamente, por primera vez en la historia, el teorema de la velocidad intermedia, formulado anteriormente en Oxford sin representación gráfica. Además, la representación gráfica de la velocidad frente al tiempo, donde el área bajo la curva de velocidad corresponde al espacio recorrido, anticipaba el concepto de integral, fundamental en las matemáticas.
Todo esto nos parece hoy en día algo trivial, pero en la antigüedad se utilizaban sistemas mucho más básicos como tablas o figuras geométricas. Sacar de la nada este tipo de representación en dos ejes fue algo visionario.
La segunda cuestión importante que introdujo Oresme fue la rotación de la Tierra. Esta idea fue planteada inicialmente por su maestro Jean Buridan, que se apoyó en la teoría del ímpetu, para refutar a quienes pensaban que si la Tierra gira todos deberíamos salir despedidos de ella. Buridan sostenía que, gracias al ímpetu, un principio según el cual los objetos mantienen su movimiento compartido con la Tierra, nos movemos junto a ella y no terminamos volando por los aires. De hecho, ni siquiera percibimos el movimiento de rotación. Oresme, por su parte, perfeccionó y fortaleció esta idea aportando más razonamientos geométricos y matemáticos que ayudaron a sistematizar la posibilidad del movimiento terrestre.
La posibilidad de que la Tierra rote sobre sí no contó con demasiado apoyo en su tiempo. Sin embargo, no cabe duda de que supuso una base importante para el modelo que desarrolló Nicolás Copérnico dos siglos más tarde. La rotación de la Tierra sobre sí misma explica por qué los planetas y las estrellas se mueven en el cielo y, aunque no revela el movimiento de traslación alrededor del Sol, demostraba que es posible romper con el paradigma establecido.
Además, como he dicho anteriormente, nuestro protagonista era una polímata que se dedicó a disciplinas diferentes de las puramente científicas. Introdujo ideas políticas, como que el poder político debe estar limitado por la ley natural y la justicia, y a la vez tradujo obras de Aristóteles al francés. La economía también fue otra de sus pasiones. Se convirtió en uno de los primeros en teorizar sobre la naturaleza del dinero. Planteó que el valor del dinero no está solo en la cantidad de metal precioso (oro o plata) que contiene, sino en la confianza y el consenso social sobre su valor. Reconoció que la cantidad excesiva de moneda en circulación puede causar inflación. Igualmente, defendió la idea de que los gobernantes no deberían manipular arbitrariamente la moneda, sentando bases para la estabilidad económica.
Si a esto le unimos el hecho de que en la Universidad de París Oresme ocupó nada menos que el puesto de gran maestre del Colegio de Navarra, que se fundó para formar especialmente a estudiantes navarros, se puede entender que la Universidad Pública de Navarra haya dedicado una sala con su nombre en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Esta prodigiosa figura del medievo se lo merece.
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Ignacio del Villar