El «ejército de reparadores» del niño Dios: reviven imágenes con más de 60 años de antigüedad
Los mexicanos tienen una gran devoción por la fiesta de la Presentación del Niño.

En el mercado Jáuregui hay reparadores que tienen cerca de 25 años llevando a cabo esta actividad.
Las familias xalapeñas, en México, siguen manteniendo viva la tradición de la presentación del Niño Jesús en el templo cada 2 de febrero. Por este motivo, son muchas las personas que buscan ropa para vestir a sus figuras o incluso llevarlas a reparar.
La señora Amalia Soto tiene un niño que ha llevado a reparar y que tiene al menos 15 años con ella, un regalo que guarda con cariño y al cual le tiene mucha fe.
"Cada año lo acuesto y lo levanto"
"Tiene un significado muy bonito porque me regaló mi suegra. Y yo lo cuido mucho y ahora sí, cada año lo acuesto y cada año lo levanto. Lo traje a reparar y ya mañana lo llevamos a misa. El niño tiene como 14 años, es una tradición familiar que se hace año con año", recuerda.
Su madrina, Sofía Rodríguez, es la encargada de arroparlo, "en este caso, yo soy la madrina del niño, y por mi parte me toca vestirlo durante tres años, como marca la tradición. También va dependiendo el diseño de la ropita. En este año lo vamos a vestir de Cristo Rey. El año anterior nada más se le compró un trajecito tejido, si no mal recuerdo", comenta.
En el mercado Jáuregui, hay reparadores de Niños Dios que tienen cerca de 25 años llevando a cabo esta actividad. Es el caso de doña Chío, quien en poco tiempo repara las figuras ya sea con pintura o pegamento, según sea necesario.
La restauradora explica que hay figuras que tienen hasta 60 años de antigüedad y que repara con mucha dedicación. Aunque hay diferentes vestidos para los Niños Dios, las personas mayores son las que buscan ser más tradicionales.
El 2 de febrero es un día importante para los cristianos. La Iglesia celebra varias fiestas, algunas de ellas de las más antiguas de la liturgia cristiana y que están estrechamente relacionadas entre sí. Este día la Iglesia conmemora la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen, tal y como lo recoge la Escritura, y también la advocación mariana de la Candelaria, muy unida a estas dos fiestas grandes.