Religión en Libertad

«Giro católico» y una fe vivida en comunidad: lo que nos enseñan Llamados 2033, Hakuna y El Despertar

No pretendían crear «productos católicos», sino espacios de encuentro para la sociedad

Se respiraba la convicción de que la fe necesita encarnarse en vínculos concretos, muy reales. archivo

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Madrid ha vivido estos días tres macros eventos en los que, sin hacer mucha encuesta a pie de pista, se podría decir que la gran mayoría del público presente era "católico": el concierto de Hakuna, el Llamados 2033 y, el más reciente, El Despertar. Hacía años que no se veía algo así... y tan seguido. ¿"Giro católico" o simple casualidad? Yo no lo sé.

Tres fenómenos singulares, con sus diferencias y parecidos, que reunieron a miles de personas y que nos ofrecen –más allá de los interesantes análisis sociológicos que han hecho en la prensa nuestros colegas– una enseñanza realmente importante: la necesidad de volver a los vínculos y a crear comunidad, especialmente presencial

Lo dijo el gran columnista Juan Soto Ivars desde el escenario de El Despertar, casi "contra parafraseando" a Loquillo en Feo, fuerte y formal: "Hemos venido aquí para hacer amigos... con llevarnos un nuevo conocido nos habrá valido", para, luego, hablar de la necesidad de crear vínculos... y hasta, incluso... subieron al escenario a una pareja de desconocidos a vivir el evento con mesa y camarero de gala, estilo First Dates.

Porque, más allá de los motivos oficiales que convocaron estos tres eventos –alegría, alabanza, análisis certeros de la precariedad, anhelos de la juventud o influir en política y en la sociedad...– lo que, a mi juicio, se esconde detrás de todos ellos es un grito profundo entre los católicos de volver a formar comunidad

Como si alguien, implícitamente, dijera: "Queridos pastores... ya no nos basta con darle la paz, al estilo japonés, en misa, a un desconocido, una vez a la semana... o rezar el Rosario por YouTube o formar parte de una lista católica de WhatsApp... queremos crear comunidad presencial y, hasta que no se den cuenta, nosotros solos nos vamos a organizar". 

Hay que decirlo así, Llamados 2033, el concierto de Hakuna y la experiencia de El Despertar no han sido fenómenos aislados. Son expresiones distintas de una misma sed. Y esa sed, lejos de ser un capricho generacional, creo yo, es un signo de los tiempos que la Iglesia no puede ignorar. 

El Llamados 2033 se presentó como una invitación a prepararnos interiormente para el aniversario de la Redención. Allí se respiraba la convicción de que la fe necesita encarnarse en unos vínculos concretos, reales, para que el mundo, "mirando cómo se aman", un día, pueda llegar a decir: "yo también quiero".

El concierto de Hakuna, por su parte, mostró algo a lo que muchos ya se empiezan a acostumbrar: miles de jóvenes juntos cantando a Cristo sin complejos, sin miedo, sin necesidad de camuflar su fe. No era un simple espectáculo; era un acto profundo y palpable de comunión.

Y El Despertar, con su propuesta de pararse, de analizar la realidad y de escucha profunda del otro, completaba el triángulo. Donde Llamados 2033 ofrecía misión; Hakuna, celebración; y El Despertar, abrir los ojos y volver a la raíz. Una raíz que no se puede vivir en solitario sino, únicamente, en comunidad.

No es casualidad, además, que estos actos surjan en un momento en el que la soledad es la gran epidemia de Occidente. Jóvenes hiperconectados y profundamente aislados; adultos saturados de estímulos pero hambrientos de relaciones verdaderas; familias divididas; parroquias que funcionan más como dispensadores de servicios que como verdaderos hogares. Sacerdotes solitarios que llevan, en cambio, miles de parroquias.

En ese contexto tan complejo, cualquier espacio en donde uno pueda sentirse acompañado, mirado, querido, comprendido, se convierte directamente en un oasis. La Iglesia, que ha sido experta en generar comunidad a lo largo de su historia, debe redescubrir esta vocación tan particular.

Y, lo más interesante, es que estos eventos no responden a una estructura formal, sino a una simple intuición, no pretenden crear "productos católicos", sino espacios de encuentro para la sociedad (aunque en El Despertar quizá faltaran más ateos entre los ponentes... es verdad). Y todos, surgidos casi al mismo tiempo, como si el Espíritu Santo nos estuviera empujando a reconstruir ese tejido comunitario.

Hoy, los católicos vivimos en una intemperie cultural muy evidente. No se trata de victimismo, sino de realismo. La fe ya no es una estadística a tener en cuenta, ni un hábito heredado, ni un consenso cultural. Para muchos es solo una opción. Y como toda opción, en un mundo lleno de opciones, necesita un sostén.

Por eso, estos eventos son una primavera a la que debemos atender, porque nos ofrecen un lugar donde poder vivir la fe acompañada. Donde se puede mirar alrededor y descubrir que no estás solo. Donde la identidad cristiana deja de ser una carga y se convierte en un regalo comunitario.

Si algo ha demostrado la historia de la Iglesia es que los grandes renacimientos no empiezan en los despachos diocesanos, sino en los monasterios benedictinos que reconstruyeron Europa, en las reducciones jesuíticas que crearon sociedades, y en las pequeñas comunidades cristianas que sostuvieron la fe en tiempos de persecución.

El parecido entre Llamados 2033, el concierto de Hakuna y El Despertar no es casualidad. Es un grito, es verdad, pero también una promesa que hoy recibimos: la Iglesia sigue viva, y seguirá buscando caminos nuevos para unirnos a todos.

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